Lo que ahora es el pantano de Calanda, en su día fue la base de trabajo de Manuel Sanz Martínez, cuando aún no había agua. Absolutamente convencido de la existencia de asentamientos íberos en Calanda, Sanz comenzó a localizar puntos clave donde poder investigar. De esta manera, uno de los trabajos se focalizó en un cabezo situado junto al río, muy cerca de la Torre Mazas y de la ermita de Nuestra Señora de las Nieves. Allí fue donde encontró multitud de trozos de cerámica que dan forma a diferentes objetos que empleaban en las casas los primeros calandinos. Dichos objetos, tras muchos años de trabajo, han visto la luz en un espacio museístico que se ha habilitado en la Casa de Cultura de Calanda y que se ha inaugurado este sábado.
Nacido en Madrid, pero con Calanda siempre en el corazón, Manuel Sanz dedicó gran parte de su vida a su pueblo. Su sueño era poder mostrar a la gente lo hallado, pero no ha sido hasta ahora que se ha hecho realidad. Hasta el momento de su fallecimiento, en 2003, luchó y habló con muchas personas para ofrecer su proyecto. Tras su muerte, sus hijos, Pilar y Óscar, fueron quienes cogieron el testigo y, tras más de 20 años, "su sueño se ha cumplido, aunque solo sea un 10% de todo lo que se hizo".
La exposición cuenta con ocho expositores llenos de objetos, los cuales se han reconstruido uno a uno en función de las piezas obtenidas. Este trabajo le corresponde a los integrantes del Grupo de Estudios Calandinos, el cual fundó Manuel Sanz y que ahora continúa con su legado. Las piezas se encontraban almacenadas en la casa familiar de Calanda y fueron los hijos de Manuel quienes alzaron la voz y pidieron al Ayuntamiento exponer los objetos. Tras una visita por parte de las autoridades, se determinó que lo almacenado tenía un gran valor patrimonial y que, según asegura el alcalde Alberto Herrero, a Calanda solo le faltaba contar su historia arqueológica.
Desde entonces han sido muchos años de trabajo para lograr la exposición que a día de hoy está abierta al público en Calanda. Todavía quedan muchos objetos por catalogar y reconstruir, pero, desde el Grupo de Estudios Calandinos, afirman que "en 2026, si todo va bien, se contará con la segunda fase del espacio museístico".
Una tarde de reencuentros
La jornada ha estado marcada por los reencuentros de Pilar y Óscar Sanz con todos los vecinos de Calanda. Muchos de ellos hacía años que no sabían de sus vidas y no era raro escuchar "me alegro de verte después de tantos años" o "me acuerdo de cuando eras 'pequeñico'". Cada uno de los hijos tiene su vida establecida en distintos puntos del mapa, pero la tarde de este sábado les ha hecho reencontrarse con su etapa más feliz y juvenil. "Todo el mundo ha hecho un esfuerzo por estar hoy aquí", destacaban los hermanos con mucha emoción y alegría.
Aseguran que les ha dejado impresionados, la cantidad de gente que ha asistido tanto a la presentación como a la exposición. "Esta mañana le decía que estaríamos los cuatro de la familia, que sería una cosa familiar, ya verás", recordaba Óscar, riéndose ante tal errónea intuición. Este legado no ha dejado indiferente a nadie y, como afirma Óscar, "quizás lo que más echas de menos cuando pierdes a tu padre es no haber compartido todo lo que podías haber compartido con él. Entonces, cuando tu padre ya no está, de alguna forma, lo que sí que intentas es mantener su legado y conseguir aquello que él no pudo". Y así ha sido, independientemente del pequeño porcentaje de objetos expuestos.
















Muchas gracias al Sr. Alcalde por poner en valor la arqueología calandina. Estamos muy agradecidos porque se preocupe también por nuestro patrimonio. Orgulloso estaría Manuel Sanz por lo que habéis hecho….
Gran Alcalde