La campaña de la fruta ya se encuentra en pleno auge en el Bajo Aragón-Caspe. Se prevé una cosecha «normal» aunque ligeramente mejor que la del año pasado en producción aunque no en calidad. Para ello es necesario que la climatología acompañe, porque el tiempo irregular de las pasadas semanas no ha beneficiado a la cereza temprana, la primera que se recolecta. La lluvia y el viento han afectado al fruto y han reducido la producción hasta en un 90%.
Según datos del sindicato UAGA, en todo Aragón se prevé recoger 600 millones de fruta de hueso y 300.000 kilos de fruta de pepita, una producción localizada en las zonas de Calatayud y La Almunia. «Será una campaña normal en kilos, una producción aceptable; y tenemos en todas las zonas suficiente agua para regar, que fue uno de los problemas en 2023», precisa Óscar Moret, miembro de la ejecutiva de UAGA.
Al reducirse los kilos de las primeras cerezas que salen al mercado se ha revalorizado su precio. No obstante, no se sabe lo que pasará con las siguientes producciones. El sector lleva años viendo como la contraprestación que reciben por su producción no aumenta y sin embargo sí que lo hace el ticket de la compra de los consumidores en tienda y también los costes de producción, cada vez más elevados por el alza de precios y las exigencias legislativas.
Los agricultores costean las labores previas durante el invierno y realizan las contrataciones de personal con la incertidumbre del precio final que recibirán. Por ello, en el Bajo Aragón-Caspe ya se comienza a percibir que los campos de frutales se están transformando en fincas de almendra u olivas, una producción que demanda una mano de obra muy inferior según destaca la secretaria comarcal de UAGA en el Bajo Aragón-Caspe, Concha Molina.
Por su privilegiada situación estratégica, Aragón es una comunidad exportadora de fruta y más de la mitad de la producción se marcha al resto de Europa. Una cifra que en algunas zonas, como en el Bajo Cinca, puede alcanzar el 80%. La guerra de Ucrania y la incertidumbre económica y política europea perjudica a los mercados por lo que el aumento de costes solo se puede repercutir si el precio en origen es aceptable.
12.000 trabajadores temporales
El inicio de la campaña de la fruta cambia el paisaje y las costumbres de los pueblos y también supone la llegada de muchos trabajadores temporales del campo que se convierten en vecinos durante unos meses. Se calcula que en toda la comunidad se emplean entre 11.000-12.000 personas en el campo y la mitad en las centrales de fruta.
La falta de mano de obra que se sufrió en años anteriores no se está padeciendo ahora para las primeras tareas, las del aclareo y recolección en el campo. No obstante, en el Bajo Aragón-Caspe sí se teme por lo que ocurrirá cuando el grueso de las tareas esté en la central. Las dos tareas son muy distintas y también el perfil de quienes las ejecutan. Los agricultores esperan no tener que depender de las ETT porque el coste se dispara y no saben qué trabajadores son los que les llegarán.
Este año se ha producido un cambio de tendencia y son los empleados temporales los que han llamado a los agricultores y no al revés en las fincas en las que no se contrata en origen o lleva muchos años con las mismas cuadrillas. Los trabajadores saben que hay producción y se produce un efecto boca a boca. Además en Lleida y Huesca, donde muchos agricultores tienen fincas en las dos provincias colindantes, se han realizado contrataciones en origen, lo que ha liberado a un flujo de entre 3.000 y 4.000 empleados temporales que han tenido que buscar otras explotaciones.
En palabras de la directora del INAEM de Caspe, María Begoña Escobedo, la campaña está siendo «tranquila» sin una afluencia desorbitada en la oficina por los nuevos sistemas que evitan la presencialidad y porque «año a año se percibe una bajada de las solicitudes». «Ha ayudado que la demanda de empleo se puede realizar tanto presencialmente como digital o por teléfono. Ha tenido una buena aceptación aunque nos hacen peticiones muy básicas y luego toca ir detrás para corregirlas», explica la directora.
También la subida del salario mínimo y la figura del fijo discontinuo han fidelizado el trabajo y han convertido a España en un país más atractivo. No obstante, para los productores la figura del fijo discontinuo no es «práctica». «Tienes que poner una fecha de inicio y final cuando nosotros no sabemos cuándo terminaremos de recoger la fruta. Tampoco tienen indemnización porque como son tus trabajadores, están en stand by hasta que les vuelves a llamar salvo que no te contesten o te digan que ya están en otra faena que les interesa más», explica la secretaria comarcal de UAGA en el Bajo Aragón Caspe.
También las campañas de la fruta en Aragón son largas, lo que posicionan mejor a la comunidad respecto a otras zonas. Comienzan el 1 de mayo con la cereza y terminan en octubre-noviembre con el Melocotón D.O. de Calanda.
Otro cambio de tendencia es la procedencia. El grueso principal ya son temporeros de los países del norte de África hasta Senegal y cada vez menos de los países de Europa del este desde su entrada en la Unión Europea.
Muhammad Aslam es de origen paquistaní, pero llegó a España hace 25 años y ya son más de 15 temporadas las que se traslada a Nonaspe con el fin de trabajar en el sector primario. Vino a mitad abril para empezar con el aclareo y calcula irse sobre finales de agosto. Su siguiente destino será Valencia donde estará el resto del año centrado en la campaña de la naranja. «Estoy muy contento de estar en este pueblo, llevó mucho tiempo y no quiero buscarme la vida en otro sitio. Me gustaría jubilarme en aquí», reflexiona.
Aslam durante la semana vive en Caspe y los días que libra se va a Valencia, donde está el resto de su familia. «Tengo casa ahí y el domingo regreso para continuar con el trabajo», concluye.
Se reducen las malas condiciones
Con la llegada de los temporeros también se despliega un importante dispositivo público para que sus condiciones de vida sean dignas. No obstante, gran parte de los trabajadores ya están asentados en la comarca. Se calcula que en Caspe se necesitan entre 2.000 y 3.000 personas y 1.000 ya viven en la localidad y son los que se encargan de buscar al personal que falta según UAGA.
Se ha avanzado en los últimos años pero aún quedan empleados temporales del campo que viven durante estos meses con malas condiciones de habitabilidad. En las últimas tres campañas no se han detectado los llamados «pisos patera» y además con la pandemia muchos agricultores de tamaño medio apostaron por habilitar viviendas para sus trabajadores.
La Comarca habilita dispositivos de acogida con servicio de duchas dos veces a la semana, reparto de alimentación para 15 días -pueden acudir dos veces al mes- y carga de móviles en dos espacios cedidos por Cruz Roja enfocados a los que acuden por primera vez y no tienen una red de contactos. «Observamos que está llegando gente muy joven y con un desconocimiento total del idioma, más españoles y personas sin la documentación necesaria para trabajar», precisan Elena Bondía, consejera delegada de Servicios Sociales y alcaldesa de Maella; y Ana Mosteo, trabajadora social y responsable de la campaña agrícola.
La institución también habilita la figura de los agentes de convivencia, personas que sirven de enlace; unos buzones para dar sugerencias; y pone en marcha una campaña de sensibilización en diferentes idiomas en colaboración con los ayuntamientos.
En materia de seguridad la Policía Local de Caspe pone en marcha controles para verificar el correcto estado y la documentación de los vehículos; y la revisión de viviendas para evitar el hacinamiento de personas. Por el momento, se encargan solo los agentes locales pero si fuera necesario se pediría colaboración a la Guardia Civil según apunta la concejal de Servicios Sociales, Encarna Romero. El personal que gestiona las duchas y el reparto de comida también pertenece al Ayuntamiento de Caspe.
Meharban Hussain viene desde hace 10 años a Nonaspe para trabajar en el campo y confiesa «estar encantado con todo». Recalca el buen ambiente que hay entre los compañeros y el respeto en la finca. Como la mayoría de los temporeros Hussain estará hasta finales de agosto y después se desplazará a Valencia para trabajar en la campaña de la naranja.
Viene junto a un amigo suyo y todos los años va a la misma finca. No valora otra profesión ni tampoco ir a otro municipio. «Mi familia reside en Castilla y León y vivimos en España desde 20 años, es un buen lugar y estamos contentos», explica Meharban Hussain.









