Los embalses del Bajo Aragón Histórico afrontarán la próxima campaña de riegos con unas reservas hídricas prácticamente llenas en la mayoría de las presas, una situación que supone «un alivio» para las cuencas del Guadalope y del Matarraña, de las que dependen miles de agricultores del territorio. La campaña hídrica está, a día de hoy, garantizada.
Tras varios años marcados por la sequía, el verano de 2025 dio un respiro gracias a las lluvias registradas en octubre de 2024, que permitieron recuperar unos embalses que habían llegado a mínimos históricos. De hecho, fue necesario aplicar restricciones para repartir de forma equitativa los recursos disponibles. Ahora, el panorama es bien distinto, aunque desde las comunidades de regantes insisten en la importancia de una gestión prudente y regulada, ya que estos episodios extremos son cada vez más frecuentes. Como precedente, recuerdan que en 1953 el embalse de Pena llegó a situarse al 8 % de su capacidad, lo que obligó entonces a imponer severas restricciones bajo la consigna de «regar solo lo verde».
A dos meses del inicio de la campaña de riegos —que se prevé que se prolongue hasta octubre—, los embalses se sitúan en torno al 80 % de su capacidad total, con la buena noticia de que el nuevo cañón de Santolea, con 90 hectómetros cúbicos, podrá utilizarse al 100 % a partir de 2027.
En la cuenca del Guadalope, La Escanca se encuentra al 84 %; Calanda, al 70 %; Gallipuén, al 88 %; Caspe, al 66 %, y Cueva Foradada, al 80 %. En el Matarraña, Pena alcanza el 88 %; José María Puyol, el 90 %, y La Trapa, el 70 % de su capacidad. «Las reservas hídricas son buenas y no va a haber problemas durante esta campaña. Si la primavera es normal y llueve, podríamos alcanzar el 100 %», afirma Miguel Zurita, presidente de la Junta Central de Riegos de la cuenca del Matarraña, de la que dependen tres provincias y 27 municipios. Zurita subraya, además, la importancia de las tres balsas proyectadas para garantizar la regulación de la cuenca.
En este sentido, avanza el estudio de viabilidad de la balsa de Val de la Figuera, encargado en noviembre de 2024 por la Confederación Hidrográfica del Ebro, que se encuentra prácticamente finalizado. Paralelamente, se han retomado los proyectos de las otras dos balsas tras destinar el Gobierno de Aragón una partida de 300.000 euros del FITE para encargar los estudios de viabilidad de Comellars, en el río Tastavins, y Pla de Serrat, en el Algars. Las tres infraestructuras están recogidas en el Pacto del Agua de Aragón para resolver los problemas de regulación de la cuenca del Matarraña, aunque no fueron incluidas en el Plan Hidrológico del Ebro 2022-2027. Con este nuevo impulso, el Ejecutivo autonómico aspira a incorporarlas al próximo plan, que entrará en vigor a partir de 2027.
14 pozos para 2026
En paralelo, y para solventar los problemas de abastecimiento de agua de boca en la provincia de Teruel, está prevista la apertura de 14 nuevos pozos en distintas comarcas durante 2026. La inversión global ronda el millón de euros y algunos ya se han ejecutado, como el de Mazaleón, con una inversión de 32.000 euros. En esta localidad del Matarraña fue necesario cortar el suministro en dos ocasiones por problemas de turbidez y bacterias.
La semana pasada se abrieron las picas y a partir de ahí se decidirá qué empresas se encargan de construir las infraestructuras. La actuación de emergencia se enmarca dentro del Plan de Sondeos Investigación 2025- 2026 y fue aprobada en abril de 2025 en el pleno de la DPT.
Durante los episodios más críticos, la Diputación Provincial de Teruel suministró agua mediante camiones de bomberos a distintos municipios afectados, con un volumen estimado de unos cinco millones de litros. Esta actuación de emergencia se enmarca en el Plan de Sondeos de Investigación 2025-2026, aprobado en abril de 2025 en el pleno de la DPT.








