La visita del Papa León XIV a Madrid está siendo una cita única que muchos fieles del Bajo Aragón Histórico no han querido perderse. Entre ellos, varias peregrinas de Alcañiz, un diácono de Muniesa y el vicario parroquial y párroco de Caspe y Chiprana, quienes en conjunto han definido la experiencia como “un regalazo” a “un hecho espectacular”.
Miles de personas se han desplazado hasta la capital madrileña para vivir en primera persona esta visita. Para ellos, decir “yo estuve ahí” es ya de por sí algo de lo que enorgullecerse, ya que no es habitual que un Papa visite España. La última vez, de hecho, se produjo hace 15 años, cuando Benedicto XVI presidió en Madrid la Jornada Mundial de la Juventud.
Por ello, que León XIV haya decidido que este sea su cuarto viaje apostólico es “muy significativo”, como explica José Manuel Martínez, vicario parroquial de Caspe y párroco de Chiprana: “Es evidente que hay una nueva forma de vivir la fe en España, y los jóvenes tienen mucho que ver en ese sentido. En un mundo donde hay cierta polarización política o cierto intento de uso político de la fe, son ellos los que intentan separarse de esa manipulación y tener su propia identidad religiosa. Se está volviendo a lo fundamental del Evangelio, a la convivencia”.
El ambiente que ha acompañado esta visita ha resultado ser lo más especial para él. En su caso, viajó hasta Madrid el pasado fin de semana junto a un grupo de jóvenes, todos juntos en un autobús. La vigilia en la que estuvieron participaron 600.000 personas. Todo ello después de haber esperado casi tres horas. “Es tiempo, pero mientras tanto vas compartiendo la experiencia del camino con quienes están allí, y eso, al final, es lo importante del viaje. Compartir como comunidad, especialmente para los que venimos de las zonas rurales”, cuenta Martínez.
Grupo de jóvenes que viajó desde Caspe hasta Madrid / L.C.
Hasta allí también se desplazó un grupo de peregrinas de la Parroquia de Santa María La Mayor de Alcañiz, quienes se tomaron una fotografía para el recuerdo; o Álvaro Simón, recién ordenado diácono en Madrid. Con orígenes en Muniesa, fue el encargado de proclamar el Evangelio en la misa celebrada en la plaza de Cibeles, ante más de un millón de personas. Tal y como ha adelantado SER Teruel, para Simón ha sido "un evento tan potente que el corazón no termina de asimilar todo lo que vive”. Recién ordenado, ha reconocido que lo vivido supera cualquier expectativa: “Ha sido el mejor regalo de la ordenación que podían hacerme”.

Ese asombro también marcó la experiencia del resto de bajoaragoneses que viajaron hasta Madrid, especialmente la de los más jóvenes, quienes no esperaban la masividad del evento. Algunos ya habían realizado otros viajes como el Jubileo de Roma, pero no como este. “Cuando comienza la oración, a pesar de haber tal cantidad de gente, se hace un silencio y nadie dice nada. Eso te transmite una energía de comunidad muy grande”, explica Martínez.
Para él, es precisamente la juventud la que más oportunidades tiene que aportar a la Iglesia. “Nuestras comunidades tienen sus debilidades, y son ellos los que pueden contribuir a que crezcan. Se han quitado el complejo que podíamos tener una generación atrás, para ser cristianos en la vida pública”, concluye.









