Los bailes y buenos ratos que han proporcionado artistas como Los músicos de Bogdan son muchos y quedan muchos más todavía. Básicamente, porque si el público lo pasa bien, ellos no son menos. «La actitud es la base, si tienes que hacer animación de calle tienes que ser el primero en serlo», dice. Juan Cazcarra es un oscense criado en Alcañiz, donde recibió su formación musical en el conservatorio. Detrás del grupo que anima todas las fiestas hay músicos. Han hecho bailar a Alcañiz y van a volver al lugar de los hechos porque el último fin de semana formarán parte de la ambientación del mercado medieval. Cazcarra es el que lleva el acordeón, un instrumento por el que se decantó para honrar las raíces familiares. «Esto es curioso», avanza. «Mi hermano ya estaba en el conservatorio y yo, con 6 ó 7 años hice la prueba de acceso y tenía plaza en piano, trompeta y guitarra, creo recordar. Mi padre me sugirió que si no me gustaba ningún instrumento en especial que cogiera el acordeón porque siendo del Pirineo a mi abuela le haría feliz», ríe. «Nada tiene que ver la música tradicional con lo que aprendes en el conservatorio, pero así empecé con 7 añicos», dice. Así lo hizo y el feliz desde entonces es él.
Ahora es profesor en el conservatorio de Pamplona, donde da clases de Improvisación y Acompañamiento. Disfruta dando clase y tuvo buenos maestros en su camino, como por ejemplo, Eduardo García en Alcañiz. «Ahora dirige el conservatorio y es una maravilla de profesor y de persona», apunta. Destaca de él su labor divulgadora del acordeón y que forme parte de un grupo de música tradicional como es Biella Nuei, que hace unos años fue muy importante en Aragón y a nivel nacional. «Es una persona que te sabe llevar muy bien y yo le agradezco mucho lo que me aportó en aquella época para estar donde estoy ahora», asegura. En la capital bajoaragonesa hizo el grado elemental y profesional. De la mano de García fue a varios concursos y ganó algunos de ellos. Esto le permitió acudir a escuelas internacionales hasta que una mala experiencia le hizo dejar la competición. «Fui muy lanzado con eso y con 15 ó 16 años me salió muy mal uno de ellos y le cogí una especie de pánico y ya no fui a más», recuerda.
Con 18 años terminó el grado profesional y salió a estudiar a Pamplona donde cursó las carreras de Acordeón y de Pedagogía y Composición y estudios de máster. Al terminar comenzó a trabajar de todo lo que se le puso por delante. Desde profesor de escuela de música, de secundaria, a concertista, acompañamiento o lo que iba saliendo. «Y todo te da una base», apunta. Regresó un tiempo a Alcañiz y trabajó para la Fundación Quílez Llisterri transcribiendo partituras y digitalizando. «Es algo que me gusta y es de agradecer que siempre tengan en cuenta a la gente de la zona», señala.
Vivir de la música
Cazcarra quería vivir de la música «todos los días» y pronto vio que el circuito de oportunidades que le daba Navarra y el norte no lo tenía en el Bajo Aragón. «Hay un acordeón en cada fiesta, cada acto o evento», dice. Ahí siguió como al principio: trabajando en todo lo que salía. Una de las formaciones que salieron fue Lemon y Tal, un grupo de música pop «más convencional», además de Los músicos de Bogdan con compuesto por violín, acordeón, gaita, percusiones y un malabarista. Hace unos años detectaron que casi en cada pueblo hay un mercado medieval y acertaron. Una de esas localidades es Alcañiz, un lugar al que regresarán para cerrar el mes de San Jorge.







