Las 20.30 de la tarde y en la plaza de la iglesia de Albalate prácticamente no cabía ni un alfiler. Cientos de albalatinos tocaban al unísono su tambor y bombo y, de vez en cuando, miraban hacía el balcón del ayuntamiento esperando la aparición de Celia Trullén, alcaldesa del municipio que se estrenaba por primera vez en el Cese de los Toques. Dentro del consistorio, ella iba pensando en voz alta y repitiendo una y otra vez: "Va a salir muy bien, va a salir muy bien, va a salir muy bien", de forma constante.
20.47 es justo en el momento en el que Trullén sale al balcón y visiblemente emocionada y orgullosa sonríe desde lo alto a todos sus vecinos. Con sus brazos va a guiarlos desde arriba y ellos desde abajo le responden con un toque cada vez más intenso, rápido y estremecedor que pone la piel de gallina a cualquiera que no haya visto nunca algo parecido.
El ritmo no cesa y a las 20.55 entra dentro de la sala para hacer un último suspiro y coger el pañuelo blanco que marcara el fin de los redobles. En estos cinco minutos antes de la llegada de las nueve en punto mira el reloj de forma constante, como si los segundos fueran a pasar más rápido o más lento. Abajo caras de emoción y lágrimas que solo representaban una cosa: el gran orgullo y sentimiento arraigado a esta tradición. Con la mano indicaba desde arriba los minutos que faltaban y el ruido no paraba de crecer cada vez más.
20.59 y 30 segundos ha sido el momento en el que la alcaldesa ha levantado el pañuelo y las miradas de los cientos de albalatinos se concentraban hacia arriba sin parar de tocar y esperando esa bajada de pañuelo. En esos segundos, ella movía su cuerpo al ritmo de los tambores y las 21.00 ha bajado el pañuelo y de forma limpia y seca ha cesado el ruido de manera contundente. Tras ello, aplausos, emoción y abrazos han sido los protagonistas de la plaza de la iglesia.
De los palillos a abrazos en Alcañiz
Aplausos y muchos abrazos han seguido al silencio que dejaron los tambores en Alcañiz cuando el reloj marcó las ocho de la tarde. Aunque no con la misma ilusión, al igual que vino el más característico sonido, se fue. Lo hizo al unísono, en un momento emotivo, de estar con la familia y amigos para despedir por lo alto los palillos.
Era el segundo año que la capital bajoaragonesa hacía oficial el cese de los tambores, pero no será el último. Al terminar el Santo Entierro, los alcañizanos se quedaron fijos en la plaza de España, esperando la señal del prior, encargado de bajar el cetrillo indicando el parón. Muy expectantes y con el móvil a mano, también los visitantes quisieron sentir de cerca la tradición.

Fin de redoble con mucho orgullo andorrano
La expresión «no caber un alfiler» se ha cumplido en Andorra en el fin de redobles. Desde los balcones, no alcanzaba la vista para ver las túnicas repartidas a las puertas de La iglesia de la Natividad y en las calles próximas. Seguramente sea una sensación que haya que vivir, y poco pueda hacerle justicia las imágenes y palabras. Precisamente por eso, ningún andorrano se quedó en casa esperando que se lo contaran. Con orgullo por las raíces, con orgullo por el trabajo bien hecho, y con un inmejorable sabor de boca se guarda así en los cajones la mayor joya de cada casa.

Con el recuerdo de mosén Vicente Allanegui se despide Calanda
A las dos de la tarde se produjo el Cese de los Toques en Calanda, en la misma plaza que 26 horas antes todo se rompió en mil pedazos con la multitudinaria Rompida de la Hora. Esta vez, el momento de la Parada es más familiar y más de amigos, por eso, entre las cuadrillas se retaron durante largo rato sin abandonar la plaza a ver quien podía más con sus marchas. Por momentos al unísono y por momentos, cada grupo a su aire, pero al final el mismo objetivo: parar al toque de las cornetas.
No es fácil escuchar desde el suelo las notas de las cornetas desde los balcones, así que, hay que fiarse más de la vista: cuando salen al balcón y cogen el instrumento, es que hay que parar porque está sonando. La primera parada fue en recuerdo de mosén Vicente Allanegui y los difuntos de Calanda, tras rezar un 'padre nuestro' se reanudaron los toques con la marcha palillera. El segundo parón fue el último, y se emplazó a los vecinos y visitantes a volverse a ver allí en abril de 2025, la próxima Semana Santa. Abajo respondieron con redobles y mazazos suaves a modo de ovación.

La Puebla de Híjar rasga el cielo a las diez de la noche
La batalla de redobles de los poblanos se escuchaba desde bien lejos de la plaza. A una hora del Cese aquello era un hervidero cada vez más y más nervioso. A las 22.00 está marcado el final de los redobles y a las 22.00 se terminaron. La lluvia quiso aparecer. Se está empeñando en estar en los momentos clave pero esta vez no pudo con nadie. De hecho, fue al revés: que empezara a llover solo motivo todavía más a las cuadrillas que llevaban desde las 11.00 dando vueltas sin parar de tocar ante la mirada además de los más de 170 visitantes que llegaron en el Tren del Tambor. Se fueron creciendo las cuadrillas y cuando apareció el alcalde la plaza se vino abajo. Se giraron todos hacia el podio esperando a que Pedro Bello subiera. Él se quitó el tambor, subió y desde arriba azuzó bien a la masa con toques acelerados cada vez más hasta que levantó el brazo con los palillos y con un gesto seco se llevó por delante todo el sonido al unísono, sin dudas ni golpes sueltos. Hasta dejó de lloviznar.

Todos pendientes de un movimiento de pañuelo en Urrea de Gaén
Bastante antes de las ocho de la tarde en la plaza de la Iglesia ya sonaban los tambores y volvía a vibrar el suelo. Urreanos y visitantes de estos días se habían congregado allí para compartir los últimos toques antes de iniciar un nuevo año hasta el próximo cese. Los ojos de la plaza buscaban a la alcaldesa, Silvia Blasco, que también se estrenaba en esto de dar la orden de frenar. Ella, sabedora del interés que estaba despertando en sus paisanos todo movimiento que hiciera, iba buscando con los ojos el reloj de la torre de la Iglesia. Ahí comienza todo con el toque del campanico en Jueves Santo y ahí termina todo en Sábado Santo.
Cuando marcó las ocho, ella que estaba bien visible desde la doble altura de la plaza, agitó el pañuelo blanco que llevaba anudado como parte de la túnica urreana. Todo lo hizo con una sonrisa a pesar de que es la despedida. Abajo todos hacían lo mismo mientras arañaban los últimos redobles y al terminar mientras se abrazaban. Y es que esta Semana Santa y la previa con la Ruta ha sido de tal intensidad en Urrea, que no se merece menos que sonreír.

Alcorisa y su Cese tras la Soledad
Los alcorisanos volvieron a la calle este Sábado Santo con todas las ganas y en procesión, además de con sus toques en grupos por libre en las horas apropiadas. Pero, como en el resto de localidades, también hubo que poner el broche y lo hicieron todos juntos en la plaza a las nueve de la noche, después de haber realizado la procesión de La Soledad por la tarde. Los alcorisanos se volvieron a concentrar para despedirse de hacer lo que les ha mantenido unidos los últimos tres días.

Samper de Calanda: principio y fin con toque alabardero
Mismo escenario con apenas tres días de diferencia, y casi con los mismos actores, es lo que tiene Samper de Calanda cada año. Los alabarderos son los encargados de marcar el cese de los toques y así lo hicieron este Sábado Santo. Lo hicieron desde el balcón de la misma manera que dan la señal de inicio en el Romper la Hora, con la única diferencia de ir vestidos de calle ya sin las armaduras. Abajo tuvieron al público igual de entregado, incluso a los pequeños de la Escuela del Tambor que también tuvieron su rato para "ir de ronda" juntos por las calles como hacen los mayores antes de que el silencio se adueñara de todo. La Escuela sigue.




















la cosa es no dejar descansar a los que trabajan
Que pena, supongo que trabajas en hostelería o algo así, pero es lo que tiene tener en éstas fechas una tradición centenaria. Nos ha jodido…