La Fiesta itinerante del Chopo Cabecero se celebró el sábado en Estercuel y permitió a sus cerca de 250 participantes conocer las arboledas de álamos negros trasmochos mejor conservadas de Aragón. Fue una ocasión para celebrar la entrada del otoño en uno de los ambientes más hermosos y también un foro para celebrar y difundir las iniciativas que se están realizando en pro de su conservación además de un reconocimiento a la cultura popular, al paisaje y a la vida silvestre que se asocia a estos árboles centenarios.
El objetivo principal desde la primera fiesta, que ya suma 15 ediciones con la organización del Centro de Estudios del Jiloca, es que la sociedad descubra el patrimonio natural, cultural e histórico que son las arboledas de chopos cabeceros de las riberas está siendo una realidad, pero todavía queda mucho por hacer.
El público llegó de la propia comarca y también del Bajo Aragón, Maestrazgo, Teruel, Jiloca, Zaragoza, Comunidad Valenciana y Cataluña con un perfil muy diverso, según explicó Chabier de Jaime, miembro del Centro de Estudios del Jiloca. Por un lado, personas interesadas en el patrimonio inmaterial que ven como el chopo cabecero es un elemento que forma parte de la cultura popular aragonesa y, por tanto, consideran que se deben aprovechar los recursos que ofrecen y, por otro, naturalistas que saben que estos árboles centenarios son el hábitat de una comunidad compleja de organismos que forman parte de un agroecosistema en el que multitud de seres, especialmente invertebrados, encuentran su lugar de cría, de alimentación y reproducción en los entornos muy humanizados. Otro perfil es el de los amantes de los paisajes tradicionales que asiduamente acuden a la convocatoria anual, además de público de la zona.
El lema de la fiesta de 2025 fue ‘Hacia una gestión forestal’. El chopo cabecero requiere de una poda completa de sus ramas (escamonda) cada 15 años para producir madera y para mantener su vitalidad. Tras ella, el árbol rebrota con fuerza y con los años las ramas se desarrollan con vigor. Es el manejo tradicional que ha hecho centenarios a muchos de ellos y si se abandona los árboles se vuelven decrépitos y las grandes ramas colapsan. En esta situación se encuentran la mayoría de chopos, salvo algunos que siguen siendo cuidados por sus propietarios. Algunas entidades están invirtiendo en conservar este arbolado único. Un caso ha sido el del Ayuntamiento de Estercuel, que en 2017 financió la escamonda de casi mil chopos.
La jornada comenzó con una excursión que partió del Monasterio del Olivar, donde el investigador local Ángel Ramón Sancho explicó la relación del templo con la literatura. Después los asistentes fueron remontando el río Estercuel por el sendero marcado como PR-TE 93 hasta alcanzar el caseto del Plano, donde conocieron las catarras, un singular patrimonio hidráulico. Pilar Sarto, miembro del Centro de Estudios del Jiloca y del de Andorra, dio su visión personal que se complementó con las aportaciones de Sancho sobre los usos que tenían estos árboles en la economía local.
Después volvieron al pueblo para asistir a la escamonda de un par de robustos chopos por el motosierrista Herminio Santafé. Después se desplazaron al Centro de Interpretación del Fuego y de la Fiesta y al Museo del Aceite, donde se presentó la exposición ‘El chopo cabecero, un patrimonio para el desarrollo rural’. En el pabellón se inauguró la exposición del X Concurso de Fotografía sobre el Chopo Cabecero y después hubo una comida popular.
Al final se entregó el premio ‘Amigo del Chopo Cabecero 2025’ a Miguel Ángel Lázaro Palacios por su trayectoria como ingeniero de montes y como motosierrista que ha resultado importante en la conservación de estos árboles en varias comarcas. El cierre fue un concierto de Deluxe Rock Band.








