Un total de 193.391 alumnos arrancan esta semana en Aragón un curso escolar que, en el territorio, llega marcado por el cierre de dos aulas rurales. Teruel es, de hecho, la única provincia de Aragón que se enfrenta a esta situación. Concretamente, dejan de funcionar el aula de Los Olmos, dependiente del CRA-Somontano, y la de Castel de Cabra. Esta última formaba parte del CRA de Martín del Río, no obstante, tras su salida
En el caso de Los Olmos, los dos alumnos que quedaban tendrán que desplazarse ahora hasta La Mata de Los Olmos para poder asistir a clase. No obstante, su reorganización no ha sido fácil en cuanto al transporte escolar. "Hemos conseguido reaprovechar una ruta de autobús existente para que puedan llegar a La Mata, pero para volver tendrán que ser los padres los que se hagan cargo", lamenta Desiré Berdié, directora del CRA-Somontano.
Además de en La Mata, este CRA arrancará las clases con 72 alumnos en el resto de sus aulas en Berge, Cañizar, Ejulve, Estercuel, y Molinos; pero la despedida de Los Olmos es una noticia que ha generado tristeza en la dirección al tratarse de "un pueblo que había mantenido su aula desde los inicios del CRA". "La falta de viviendas y opciones para familias es un problema común que vemos en muchos pueblos. Los colegios debemos trabajar de forma conjunta con los Ayuntamientos para encontrar soluciones", añade Berdié. Por el contrario, el CRA sí celebra el crecimiento de alumnos en Molinos, donde este curso pasarán de una a dos aulas.
En el caso de Castel de Cabra, el cierre del aula llega después de que una familia haya optado por la escolarización de su hija en Montalbán. "Tenía mucha diferencia de edad con las otras dos alumnas y los padres consideraron que el cambio sería lo mejor a nivel de sociabilización", explica Sergio Galindo, directora del CRA Martín del Río. Las otras dos alumnas que quedaban también se van a Montalbán. El CRA mantiene de forma paralela el aula de Barriadas, aunque su cierre tampoco se descarta para el próximo curso. "Quedan 4 alumnos, estaremos en el límite", lamenta Galindo.
En las Cuencas Mineras falta de viviendas también se posiciona como un problema para encontrar a nuevas familias dispuestas a llegar a estos pueblos. Martín del Río, en cambio, sí que continúa en una buena situación, con 21 niños para este curso. "Tenemos que destacar el papel que tenemos como escuela rural para intentar revertir los cierres", concluye Galindo.
Más recursos para inclusión y el alumnado de 0 a 3 años
En lo que corresponde a la primaria, la red educativa aragonesa se amplía este curso con 17 nuevas aulas preferentes TEA, 11 nuevas aulas de Educación Especial y 4 nuevas aulas de escolarización anticipada. En concreto, las aulas TEA se distribuyen entre las tres provincias, con 4 nuevas en Huesca, 12 en Zaragoza y una en Alcañiz, en el colegio Escolapios.
En materia de inclusión, el curso comienza también con una cifra récord de 796 auxiliares de Educación Especial, 26 más que el período anterior. A ellos se suman 125 profesionales sanitarios —63 fisioterapeutas, 38 enfermeros y 24 TCAEs—, frente a los 118 del curso pasado.
En el primer ciclo de Infantil, Aragón contará con 62 aulas de 2 años, que atenderán a 731 alumnos, y se incorporan 4 nuevas aulas en el CPI Julio Verne de Zaragoza, el CP Montecanal, el CRA El Frasno —en Vicort-Isuela— y el CP Villa de Utrillas. Además, las 11 Escuelas Infantiles del Gobierno de Aragón atenderán a 852 alumnos.
Respecto a los usuarios del transporte escolar, se han planificado 661 rutas que desplazarán a 13.292 estudiantes: en las 270 de Huesca se moviliza a 3.400; en las 266 de Zaragoza, a 6.623, y en las 125 de Teruel y provincia, a 3.269 alumnos.
Asimismo, este curso 289 centros sostenidos con fondos públicos contarán con aulas de madrugadores, 175 de ellos en Zaragoza, 67 en Huesca y 47 en Teruel, con la incorporación progresiva de los centros concertados.








ULAS QUE CIERRAN, PUEBLOS QUE SE APAGAN: LA MIGRACIÓN COMO OPORTUNIDAD
El cierre de las aulas rurales de Los Olmos y Castel de Cabra en Teruel no es solo una noticia triste. Es un síntoma. Un aviso. Una señal de alarma que lleva años encendiéndose en la España vaciada mientras las administraciones miran hacia otro lado. Teruel será este curso la única provincia que pierde clases, y no por falta de voluntad de las familias, sino porque las familias se marchan. Y cuando se va la gente, se va la escuela, se va la vida, se va el futuro.
Los pocos alumnos que quedan tendrán que desplazarse a otros pueblos. Más kilómetros. Más gasto. Más tiempo. Más dificultades para conciliar. Y mientras tanto, los ayuntamientos se lamentan: “Es una lástima”.
Pero la lástima no llena aulas.
La lástima no repuebla pueblos.
La lástima no construye futuro.
La alternativa que nadie quiere nombrar
Hay una realidad que muchos alcaldes y gobiernos autonómicos prefieren ignorar: la migración es una oportunidad para salvar pueblos, no una amenaza. Lo dicen los datos, lo dicen los demógrafos, lo dicen los ejemplos de municipios que han recuperado escuelas gracias a familias migrantes.
Mientras en Teruel cierran aulas por falta de niños, en Ceuta hay más de quinientos menores que no quiere nadie. Niños de ocho, nueve, diez años. Niños que han cruzado fronteras huyendo de la pobreza, del abandono, de la violencia. Niños que podrían estar en un aula rural, aprendiendo, creciendo, integrándose, dando vida a pueblos que hoy agonizan.
Pero para eso hace falta voluntad política.
Hace falta que los ayuntamientos “se pongan las pilas”, como dices tú.
Hace falta dejar de ver la migración como un problema y empezar a verla como una solución responsable y humana.
¿Por qué no se hace?
Porque es más fácil repetir discursos vacíos sobre “la España vaciada” que tomar decisiones valientes.
Porque algunos prefieren que un pueblo muera antes que abrirlo a familias migrantes.
Porque se habla de “integración” como si fuera una exigencia unilateral, cuando lo que hace falta es convivencia, respeto mutuo y políticas públicas serias.
Acondicionar espacios para familias migrantes con hijos no es caridad.
Es política inteligente.
Es supervivencia rural.
Es justicia social.
La pregunta que queda en el aire
¿Cuántas aulas más deben cerrar para que alguien entienda que la solución está delante?
¿Cuántos pueblos deben perder su escuela, su médico, su bar, su vida?
¿Cuántos niños deben seguir abandonados en Ceuta mientras en Teruel faltan alumnos?
La despoblación no es un fenómeno natural.
Es una decisión política.
Y también lo es la solución.