¿Siempre te ha interesado el deporte?
Desde pequeñita lo que más me gustaba en el mundo era jugar a fútbol, aunque fuera la única chica en hacerlo. También montar en bici, y en general cualquier deporte. Siempre lo he tenido clarísimo, y eso que nadie de mi familia ha salido muy deportista (ríe)
¿Cómo ha cambiado este mundo en los últimos años?
Cuando empecé a trabajar de ello a finales de los 90 coincidió con el auge del culturismo. Y para las mujeres, todo se enfocaba mucho hacia el aerobic, el Step… Y ahora eso ha cambiado muchísimo. Se hace, por ejemplo, mucho hincapié en el entrenamiento de fuerza, sobre todo para las chicas. Antes existía esa creencia de que, por hacer pesas, te ibas a poner como un culturista, y, aunque eso no es verdad, se evitaba mucho este tipo de entrenamiento.
¿Existen beneficios del deporte que, sin embargo, sean desconocidos por la sociedad?
Hacer ejercicios de fuerza tiene una importancia vital, mucho más que el cardio. Para la mujer, por ejemplo, es fundamental para temas como la menopausia. Hay quien dice que sale a andar todos los días, pero eso no es suficiente. Hay que hacer fuerza. Es algo que los médicos recomiendan incluso a pacientes oncológicos, porque incluso puede ayudar a revertir parcialmente la enfermedad. Trabajo con pacientes en este sentido, y el cambio es brutal.
El deporte siempre ha estado presente en tu vida. Fuiste la encargada de abrir el primer gimnasio de Calanda, tu hogar. ¿Qué importancia tiene la actividad física en los pueblos?
Cuando empezamos era muy diferente a la actualidad, no había nada, ni siquiera teníamos ni pabellón, o polideportivo. Pero la gente se animó desde el primer momento. Hacíamos actividades como aeróbic, clases de mantenimiento, y cuando monté el gimnasio ya incluimos ejercicios con aparatos. Más allá de todo, también sirvió como un punto social para los vecinos. Personas que a lo mejor se conocían pero nunca antes se habían hablado se relacionaban allí.
También has dedicado esfuerzos a impulsar el futbol femenino en la zona. ¿En qué se ha avanzado desde entonces y qué queda por hacer?
Antes era un mundo puramente masculinizado. Ahora se ha ganado en visibilidad, y también hay más referentes.
Todo empieza por la educación. ¿Se dedica suficiente tiempo al deporte en los centros?
Dedicar dos horas a la semana es muy poco tiempo. No permite que haya motivación, ni continuidad. Y todo ello teniendo en cuenta que España está a la cabeza de Europa en obesidad infantil. La mayoría de chavales, a esa edad, lo ven como una obligación. Habría que plantearse desde las instituciones, plantearlo de una forma divertida y que les motivara, y no casi como un castigo.
Las redes sociales actúan para muchos de ellos como una presión en cuanto a estética física. Cada vez se puede ver a más jóvenes en gimnasios, aunque muchos de ellos sin formación previa. ¿Cómo se puede conseguir un equilibrio?
Muchos copian directamente lo que ven de internet, sin que realmente sea lo mejor para su cuerpo. Por eso también vemos cada vez más lesiones. Muchos que salen en Instagram dicen ser profesionales, pero no es así. Hay mucho intrusismo. Deben asesorarse con profesionales.
Como entrenadora física, ¿con qué tipo de público trabajas? ¿Qué mensaje intentas trasladarles?
Tengo a gente de alto rendimiento, pero también de a pie de calle, incluso mucha gente mayor. Algunos han empezado a hacer ejercicio con 80 años, y lo que intentamos es retrasar el envejecimiento y que se encuentren mejor. Pero por lo general, todos se dan cuenta de que haciendo deporte se encuentran muchísimo mejor. Por eso intento enfocar mis entrenamientos en esa ganancia de calidad de vida.
Has preparado a futbolistas, e incluso ahora estás trabajando con una torera.
Es un entrenamiento para ayudarles para tener una base aeróbica, de fuerza, y que puedan rendir más. El desgaste físico y mental que tienen, a pesar de que apenas se mueven, les lleva a tener entre 180 y 190 pulsaciones por minutos. Es el mismo rendimiento que un atleta. Ahora también estoy trabajando en la puesta en marcha de una aplicación móvil de entrenamiento.
También coordinaste el gimnasio más grande de España, en Madrid. ¿Cómo fue ese proceso?
Muy gratificante. Es un gimnasio con capacidad para 8.000 socios. Fue un reto estresante, pero muy interesante, y motivador.
De ello se habló este año al ser homenajeada en Calanda durante la gala de Mujeres del Bajo Aragón.
Fue muy emocionante. Estoy muy vinculada a mi tierra a pesar de no vivir diariamente allí.
¿Con qué aprendizaje de todos estos años de trayectoria te quedas?
Que el deporte es el valor del esfuerzo, de la constancia y perseverancia para conseguir todo lo que te propongas en la vida . Que nadie regala nada, y sobre todo, que hay que tener pasión por lo que haces.







