Fayón apuesta por promocionar el que es el motor socioeconómico del municipio, el comercio local. Para ello se ha elaborado el 'Plan de Promoción del Comercio Local de Fayón 2024' que incluye distintas acciones como "el diseño de campañas dinamización comercial y visibilidad del comercio rural en redes sociales y medios de comunicación, asesoramiento y mentoring especializado para este tipo de establecimientos, bolsas ecológicas para usuarios, pasaporte comercial y asistencia a ferias, entre otras"
«Si compras en Fayón, todos ganamos» es el lema por el cual se enmarca todas las acciones que se han desarrollado y se llevaran a cabo en un futuro para promocionar e impulsar el comercio local de Fayón. "Este mes de junio empezamos con la ejecución de la campaña de promoción de las bolsas ecológicas, la cual se podrán adquirir con una compra superior de 50 euros", explica el técnico de Promoción Económica de Fayón, Roberto Cabistany. Así, los usuarios mediante una compra o el acumulo de varios tickets hasta llegar al importe mínimo, podrán conseguir una bolsa. En este caso, los comercios participantes son El Rebost de Noelia, Carnicería Susana, Peluquería X los Pelos y Entre Algodones.
Esta acción está enmarcada dentro del plan de promoción y financiado por la Unión Europea – Next Generation EU y el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo. Además, dentro de estas mismas líneas de financiación también se ha llevado a cabo la realización y publicación de diez videos en redes sociales donde aparecen todos los comercios y alojamientos que se pueden encontrar en Fayón. En este sentido el consistorio quiere reseñar el papel de las cuatro mujeres que mantienen vivo el comercio local de la localidad.

Irene Aguilar. Entre Algodones
Irene Aguilar está al frente de Entre Algodones desde noviembre de 2014, cuando tomó el relevo del anterior propietario que había heredado el negocio de su padre. Es la única tienda que vende producto textil -tanto de vestir para mujer, niño y caballero como del hogar-, por lo que si hubiera cerrado tras la jubilación, Fayón, habría perdido un servicio básico. La mayoría de sus clientes van desde la mediana edad hacia delante y los más mayores, en muchos casos, no tienen opción de desplazarse fuera.
Afortunadamente, Aguilar, que había estudiado Administración y Dirección de Empresas (ADE) en Zaragoza estaba buscando un empleo que le permitiera quedarse en su pueblo y se encontró con este traspaso. «Cuando surgió la oportunidad, la vi muy adecuada porque yo quería quedarme cerca de casa y, además, no se perdía el negocio», recuerda la gerente.
La carrera le ha dado conocimientos a Aguilar para llevar la gestión de la tienda, esa parte «que nadie ve y que más horas de sueño quita». Al otro lado del mostrador atiende, sobre todo, a vecinos del municipio, aunque cada vez hay más gente de fuera gracias al impulso turístico de Fayón. También hay segundos residentes que aprovechan su estancia porque les gusta el trato cercano y la calidad del producto. «No podemos competir en precio con la venta online, cada vez más en auge entre los jóvenes, pero sí en servicio y calidad», subraya Aguilar.
De hecho, una de las ventajas del comercio local es la clientela, ya que «es casi como una familia porque todos los días se ven y hablan». Otro punto a favor para la gerente es la flexibilidad horaria, que le permite atender otras obligaciones al margen del negocio, así como poder organizarse cuando tiene que ir a la ciudad a comprar las colecciones con un año vista. La tienda abre los martes y sábados de 9.30 a 13.30, y los viernes de 9.30 a 13.30 y de 18.00 a 20.00.

Noelia Castarlenas. El Rebost de Noelia
Noelia Castarlenas nunca se imaginó que sería la dueña de la única tienda de alimentación y de productos de limpieza e higiene que existe en la actualidad en Fayón. Sin embargo, en marzo de 2015, tras una larga reflexión, decidió coger el traspaso por jubilación. La anterior propietaria es muy amiga de su familia y se lo ofreció a ella, que entonces estaba desempleada. La decisión le ha permitido quedarse en el pueblo y profundizar todavía más en sus relaciones sociales, ya que por la puerta entran de lunes a sábados vecinos, segundos residentes y turistas, muchos de ellos extranjeros que viajan por la pesca. «Me costó dar el paso, pero estoy contenta de haberlo hecho», señala Castarlenas.
Antes de que la tienda fuera El Rebost de Noelia, llevaba abierta al menos 40 años. No era el único negocio de este tipo, pero con el paso del tiempo fueron cerrando el resto. Gracias a que Castarlenas tomó el relevo, se sigue prestando servicio a muchos vecinos que no pueden desplazarse fuera de la localidad, en especial, los más mayores. Aunque no son los únicos, porque la clientela es de todas las edades. «Todos compramos fuera en ocasiones, pero en mayor o menor medida la gente también lo hace en el comercio local. Yo estoy contenta. Quizás también tiene que ver con mi edad, que al tener 38 años se acerca gente joven», señala entre risas.
Castarlenas es consciente de que las tiendas pequeñas «no pueden competir con los grandes supermercados», sin embargo, reivindica que muchas veces existe una idea errónea de que en los pueblos todo es mucho más caro. «No siempre siempre es así y, además, al tener que desplazarte para comprar al final acabas gastando lo mismo», añade. Por otro lado, recuerda que «ahora mismo quedan pocos negocios y si no se apoyan al final tendrán que acabar cerrando y luego ya no quedará nada». En su caso, que la tienda siga abierta le permite tener un puesto de trabajo y seguir viviendo en Fayón.
Su trabajo va más allá de la venta, ya que también depende de ella la parte de la gestión. Sin embargo, pese a ser complicado, «le ha permitido aprender muchas cosas». Respecto a los horarios, aunque invierta muchas horas al día, cuenta con la ventaja de la flexibilidad. «Si necesito cerrar un día, no tengo que pedir permiso a un superior, con tal de avisar a mis clientes es suficiente», reflexiona. El Rebost de Noelia abre de lunes a viernes de 9.15 a 14.00 y de 18.00 a 20.30, y los sábados solo por las mañanas.

Susana Ureña. Carnicería Susana
Susana Ureña mantiene abierta la única carnicería de Fayón, ya que años atrás había otra, pero cerró. Comenzó con el negocio en 1998, tras la jubilación de la anterior propietaria. A esta vecina «no se le había pasado por la cabeza» dedicarse a este oficio, pero quería probar algo nuevo y le pareció «una buena idea» aventurarse. Los primeros años, mientras aprendía desde cero la profesión, estuvo de alquiler y más tarde, cuando ya tenía experiencia y estaba decidida a seguir con la tienda, adquirió el local. Quedarse con este negocio le ha permitido construir su vida en su pueblo natal.
El punto fuerte de Carnicería Susana son los productos cárnicos, sin embargo, que nadie se deje engañar por el nombre, porque desde los inicios ha ofrecido fruta y desde el 2000 también se pueden encontrar otros alimentos como congelados o latas. «Hay un poquito de todo. De esta forma amplías la oferta para los clientes, ya que en Fayón solo hay una tienda de alimentación. También es una forma de que el negocio pueda subsistir. Solo con la carne me costaría seguir abierta, así que forzosamente he ido introduciendo más variedad de productos con el paso del tiempo», explica Ureña.
A pesar de que «no puede competir en precios con los grandes supermercados», tiene una clientela fiel que valora la calidad de sus productos. Además de los vecinos, es habitual que entren por la puerta segundos residentes, que incluso aprecian más el servicio de cercanía, así como turistas extranjeros. «El trato es diferente a los grandes supermercados, donde la gente no se conoce y las relaciones son más frías. Además, cuando vienen de fuera a pasar el fin de semana o las vacaciones es una ventaja que puedan comprar aquí, así no tienen que coger el coche para ir a otro sitio y aprovechan más su estancia», detalla Ureña. Su intención es seguir con la carnicería hasta que se jubile, algo que podrá hacer mientras la sigan respaldando los clientes.

Jéssica Pinilla. Peluquería x los pelos
Jessica Pinilla ha podido cumplir el sueño de dedicarse a su profesión, la peluquería, en el pueblo que quería, Fayón. El próximo 29 de julio hará 13 años que abrió su propio establecimiento en el municipio de su pareja y al que tenía claro que quería mudarse para «tener más calidad de vida y crear una familia». Ella es de Zaragoza, donde estudió peluquería y estuvo cinco años trabajando en el sector. Sin embargo, a los 13 años comenzó a ir Fayón, donde conoció con 17 al que años más tarde se convirtió en su marido. Ambos residían en la capital mientras solo eran amigos y cuando comenzaron a salir decidieron irse al pueblo.
«Llevo 22 años vinculada el municipio. No cambio por nada mi vida aquí», asegura Pinilla. Pese a empezar de cero el negocio, «todo le fue de cara». Por un lado, contaba con un local, ubicado en la parte baja de una casa, donde montar la peluquería. Por otro, tenía la ventaja de que nadie más en el pueblo ofrecía este servicio, por lo que no tenía competencia. «Tenía claro que quería trabajar de lo mío y se dio el sitio y el momento perfecto», recuerda.
La peluquería es mixta y tiene clientes de todas las edades. Las personas mayores son las que acuden cada semana y las que «más ayudan a mantener el negocio». Aunque, lamentablemente, con el paso de los años van faltando, también hay otras personas que cuando tienen más edad comienzan a ir con más asiduidad. Además, muchos de los clientes son segundos residentes, vecinos que se marcharon a vivir a Barcelona o Zaragoza, pero que cuando regresan los fines de semana o en verano aprovechan para cuidarse el pelo.
La cercanía es clave en todas las peluquerías, ya estén en la ciudad o en los pueblos. Sin embargo, es cierto que en los lugares pequeños «el boca a boca es imprescindible» para atraer a otros clientes. Y en el caso de Pinilla está claro que quienes salen de su negocio lo hacen muy contentos porque durante 13 años ha logrado mantenerse estable.








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