La Cuba es, con sus 700 hectáreas, el término municipal más pequeño de todo Aragón. La escasez de tierras que cultivar se suplía en este pequeño pueblo del Maestrazgo con la artesanía del esparto, con el que llegaron a adquirir gran renombre. El trabajo se realizaba de forma colectiva, en la calle, formando varios corros, que constituían una oportunidad de relación social para los vecinos. Tras estas labores venía la comercialización del producto por Aragón y Valencia, y los cubenses partían en busca de potenciales clientes, la fama y el buen hacer de estos artesanos les precedían. Sus vecinos elaboraban esteras, serones y capazos destinados en gran medida al transporte en caballerías hasta que su declive conllevó también el del esparto.
Esta manufactura que se mantuvo desde finales del siglo XVII hasta mediados del XX sigue viva gracias al Centro de Interpretación y la memoria colectiva. Para que perviva en el tiempo, La Cuba acogió recientemente una jornada que se inició con la exposición de piezas elaboradas con esparto de familias de la localidad y continuó con un taller para aprender a trenzarlo y coserlo. Diez mujeres trajeron decenas de piezas que tenían por las casas o las tiñadas de un inmenso valor, ya que fueron hechas por los últimos fabricantes en La Cuba. En la exposición se mostraron sariones para transportar productos en caballerías, bozales para los caballos, capazos, esteras, protectores para las dallas y las hachas, sillas encordadas, etc…
Las piezas se inventariaron y documentaron para averiguar, en la medida de lo posible, quiénes las fabricaron y las han conservado. El proceso no está acabado, ya que se intentará, durante los meses en que continúe la muestra, seguir haciendo acopio de más piezas a través del trabajo de la coordinadora de la exposición, Mónica Segura, de Viu ElsPorts, especializada en investigación e interpretación del patrimonio cultural.
El taller de elaboración de esparto que finalizó por la tarde, fue dirigido por Amparo Calero Benítez. No es la primera vez que se celebra y suele ser un éxito. En esta ocasión se aprendió a elaborar una base cosida con el manojo de esparto sin trenzar, una técnica diferente que no fue común en La Cuba, pero sí es de las más conocidas y ancestrales. La actividad se realizó gracias a la colaboración del Ayuntamiento, cuyo alcalde Félix Marín, insistió en la necesidad de continuar con la jornada para que «la artesanía no se olvide».







