Como un viaje a otro planeta. Un viaje al otoño-aunque en pleno agosto-marcado por una luz cálida, casi metálica, y un curioso cambio de temperaturas. Como mirar una bola de puro fuego…O más bien un fenómeno cósmico entre gritos de asombro. El eclipse solar de este 12 de agosto ha sido como las mejores cosas de esta vida, difícil de explicar en palabras.
Todo lo que se ha hablado sobre la gran cita durante estos días previos ha tenido su razón de ser. El fenómeno astronómico, que no se vivía desde 1905, ha sorprendido a las 3.000 personas que se han congregado en Motorland llegadas desde diferentes puntos de España pero también desde bien lejos. Un total de 48, por ejemplo, lo han hecho desde Hong Kong; mientras que la gran mayoría eran de Francia, también Estados Unidos, Alemania, Polonia o Italia.
Todos se han reunido para vivir una experiencia difícil de olvidar. Un momento compartido de pura expectación similar a cuando comemos las uvas cada Nochevieja, y que incluso ha emocionado hasta las lágrimas a algunos de los presentes. Porque el instante «ha durado poco» para muchos. «Ha sido un sentimiento inexplicable», han resumido.
La Luna se ha posado frente al Sol pasadas las 20.30 después de horas de descuento. Aunque lo cierto es que la espera no se ha hecho larga. La explanada que habitualmente se llena de aficionados moteros esta vez lo ha hecho de familias y grupos de amigos que han pasado una tarde casi festiva, con sillas plegables, sombrillas, gorras y hasta juegos de mesa o libros para puro entretenimiento. Entre ellos, muchos que ya habían vivido un eclipse años atrás y que sentían que no podían perderse el de este año. "Somos muy aficionados de la astronomía y no podíamos perdernos este momento", han contado Charlotte y James, una pareja llegada desde Colorado (EEUU).
Eso sí, su llegada no se ha producido en masa, sino más bien paulatina. Y es que el calor no lo ha puesto fácil. Las altas temperaturas y fuertes rayos del Sol de media tarde han provocado que la subida hasta la zona habilitada haya sido costosa. Pero aún así, una vez instalados y tras un buen trago de agua, los grupos no han tardado en contagiarse de la expectación previa que se estaba viviendo en gran parte del país.
El primer momento culmen se ha producido cuando ha comenzado «la mordida de la Luna al Sol». «¡Ahí está!» o «¡The Moon!» han sido las frases más repetidas mientras la explanada se llenaba de las gafas solares requeridas para ver el eclipse. Y desde entonces, ha sido difícil despegar la vista del cielo. Muchos incluso han terminado tumbándose por completo en mitad de las hierbas. Y casi como si de una película se tratase, el instante incluso ha contado con su propia banda sonora, ya que una pequeña bebé afinaba una armónica mientras el Sol continuaba ocultándose poco a poco.
Cerca de las 20.30 ha sido cuando el ambiente generado parecía casi de otro planeta. El extremo calor que está marcando este verano se ha reducido notablemente, acompañado de una ligera brisa. Y en el momento de la ocultación total y la llegada de la noche en pleno día, la emoción se ha apoderado de la curva del Sacacorchos entre vítores y gritos de alegría. «Ha sido un momento único, no hay palabras para describir lo que hemos vivido», ha señalado Lucía, una de las presentes en Motorland. Esther que también ha viajado desde Madrid con su familia ha explicado que «ha sido genial. La espera y los kilómetros han merecido la pena».
Tras el fenómeno, prácticamente todo el público ha aprovechado para quedarse y acabar de disfrutar de una puesta de Sol para el recuerdo. Con un color anaranjado, el instante ha servido como broche de oro para un día en el que se ha hecho historia. Mientras, de fondo, entre los aplausos se podía a escuchar a muchos niños repetir la misma frase: «¡Adiós, eclipse!», casi como si despidiéramos a un amigo que llevábamos mucho tiempo, años, esperando volver a ver.
Público disfrutando del eclipse en Motorland / C.O. - G. R. - A. G.

























Un pequeño reportaje muy descriptivo,muy logrado; muchas gracias.