Las campanas no han sido necesarias este fin de semana en Torrecilla de Alcañiz. Los despertadores rosarieros han cumplido con su misión secular de dar vida a la madrugada, llenando de cánticos las calles y los corazones de quienes han participado en un evento que no solo ha mirado al pasado, sino que ha sembrado esperanzas para el futuro.

Desde primera hora del sábado, el salón de actos 'Los Halcones' de la localidad se convirtió en un hervidero de voces y emociones. Grupos llegados desde Híjar, Calanda, Castelserás, Murcia y otros puntos de España compartieron algo más que canciones: intercambiaron experiencias, reflexiones y un profundo respeto por esta tradición que hunde sus raíces en los siglos XVI y XVII. Joaquín Lorenzo, miembro de los Despertadores de Torrecilla, explicó con pasión que cantar juntos «es como una terapia que conecta con lo más profundo de uno mismo». A su juicio, la clave de esta costumbre radica en el carácter colectivo de los cánticos, donde cada voz se entrelaza con las demás para formar algo único.
Un canto que despierta más que el alba
El evento, organizado por el Área de Patrimonio Cultural de la Comarca del Bajo Aragón, arrancó con una mesa redonda en la que expertos y practicantes han debatido sobre el pasado y el futuro de los despertadores rosarieros. Joaquín Martínez, de la Aurora de Murcia, señaló que el principal desafío es el relevo generacional. «Es difícil conectar con los jóvenes, pero el compromiso de quienes seguimos aquí es que esta tradición no se apague», indicó. En el encuentro también se subrayó la importancia de estos cánticos como un acto de identidad colectiva, más allá de la religiosidad individual. Como apuntó Miguel Barrera, presidente de los Rosarieros de Híjar, «los despertadores no solo llaman al rosario, también llaman a la memoria y a la comunidad».

El momento más esperado: la madrugada del domingo
El punto álgido llegó al amanecer de este domingo, cuando las voces reemplazaron al silencio de la noche. En fila, portando faroles que iluminaban sus pasos, los grupos recorrieron las calles de Torrecilla, entonando coplas dedicadas a la Virgen y a los santos. Lorenzo Sauras, miembro de los Despertadores de Calanda, ha explicado que, en su pueblo, esta práctica se celebra cinco veces al año, pero este encuentro ha sido «especialmente emotivo por la diversidad de grupos y estilos». Según él, caminar por las calles al alba con estas melodías «es un momento que toca el alma».

Rosarieros de Híjar llenando de cánticos las calles durante la madrugada del domingo./ A.G.
La caminata culminó en la iglesia del pueblo, donde se celebró un rosario cantado. Los asistentes destacaron la mezcla de solemnidad y cercanía del acto, que fue, según varios participantes, un reflejo de la esencia de los despertadores: tradición, espiritualidad y convivencia.

Una candidatura con fuerza
El encuentro tuvo un propósito adicional: reforzar la candidatura de los despertadores rosarieros como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. José Miguel Celma, alcalde de Torrecilla de Alcañiz y presidente de la Comarca del Bajo Aragón, aseguró que esta distinción sería «un reconocimiento no solo a una tradición, sino al esfuerzo colectivo de generaciones». Celma también señaló la importancia de fomentar estos encuentros para recuperar la práctica en municipios donde se ha perdido y para garantizar su continuidad en aquellos donde todavía resiste.
Aunque la jornada dejó un sentimiento de unidad y orgullo, los desafíos no pasaron desapercibidos. Santiago Anglés, uno de los integrantes más jóvenes del grupo de Castelserás, ha advertido que «sin un relevo generacional, muchas de estas tradiciones podrían desaparecer». Sin embargo, su participación, junto a la de otros jóvenes, demuestra que la llama sigue viva. «Quien siente su pueblo, siente también sus tradiciones», afirmó.
El encuentro cerró con un vino español, donde los participantes compartieron anécdotas y risas, poniendo el broche a un fin de semana inolvidable. Como resumió Joaquín Lorenzo, «cantar juntos no solo despierta el día, también despierta el alma».






