Julia Flores y Manuela Gasulla -Manolita, como se presenta ella- son vecinas de bloque y todas las mañanas llevan a cabo una costumbre para saber que todo está bien. La primera, que se levanta, sale y deja abierta la puerta que divide en dos el rellano que comparten. "Así sabemos que estamos las dos bien y ya cada una va a hacer sus cosas", dice Julia. Desde que enviudó hace ocho años, vive sola y sin más familia de sangre, porque en el bloque hay más familias que están "un poco pendientes" de cuidarse.
Pero en el día a día, ella se desenvuelve sola y dice con la mano en el pecho que este programa es el que la ha sacado de casa. "Si no fuera por estas chicas de la Cruz Roja, yo hubiese estado días sin salir. ¿A dónde voy?", se pregunta. "Estoy con pena de pensar que se van, me dan ganas de llorar, estos dos años han sido fabulosos", añade.
Ambas eran ya usuarias de Cruz Roja y ahí conocieron este proyecto. Uno de los objetivos del programa es que los usuarios sigan fortaleciendo la red de personas que han conocido en este tiempo y que continúen con actividades. "Seguimos haciendo cosas como yoga, por ejemplo, o danzaterapia, pero esto ha sido diferente y que se termine es una pena", añade Manolita. "Nos han llevado a Bordón, a La Estanca, otro día fuimos a la Glorieta, al teatro… A sitios cerca, pero a los que no vas si no vas con alguien", apunta. Aunque vive sola, Manolita tiene hijos y también amigas con las que suele quedar. Otras veces se va con Julia a comer por ahí. "Si ese día no hay excursión con Cruz Roja, a veces quedamos", sonríen.
Aunque saben que ni María ni Isabel continuarán, confían en que otras instituciones tomen el testigo de Vincúlate. "Ojalá no nos dejen así, la labor que han hecho no se paga con nada", coinciden.








Ayuntamiento de Alcañiz, Comarca del Bajo Aragón, Diputación de Teruel, Gobierno de Aragón, ¿no se podría destinar a actividades sociales como estas parte del dinero y recursos que se dedican a «pan y circo»?