En una de las naves del Centro Integral para el Desarrollo del Alabastro (CIDA) hay desplegada una lona con la reproducción del retablo obra de Francisco Rallo Lahoz para la iglesia de La Puebla de Híjar. A comienzos de los 2000 se desmontó para tratar unas humedades en el muro de la capilla del lado de la Epístola y desde entonces ha permanecido empaquetado. Aunque se ha intentado desde hace años por parte del ayuntamiento poblano, no ha sido hasta la actualidad cuando el proyecto de restaurarlo ha visto la luz, al menos en su primera fase. Ha coincidido en el año del centenario del nacimiento del escultor, que llegó al mundo el 16 de octubre de 1924 en Alcañiz. Murió en 2007 en Zaragoza, donde su obra forma parte de la vida de la ciudad, como es el caso entre otros muchos de los leones del puente de Piedra. El retablo que construyó para La Puebla de Híjar es el último de una trilogía en alabastro junto a los de Gargallo y Fortanete. Los relieves descansan en palets desde enero en las instalaciones de Albalate del Arzobispo, donde ya ha comenzado su recuperación. La obra está dedicada a la Virgen de la Purísima y data de los años 1959 y 1960. En esta primera fase se hará el inventariado, limpieza y restauración de piezas y cuenta con 22.349 euros aportados entre el Ayuntamiento de La Puebla (4.470) y una subvención del Plan del Reto Demográfico del MITECO con 17.879 euros.
De estos trabajos se están encargando Andrea Cantos, natural de Estercuel; y Pilar Martínez, de Villamayor de Gállego; conservadoras en Metodologías para el Patrimonio (METOPA) bajo la dirección de la petróloga Cristina Marín. Ambas conocen la zona porque el pasado mes ya intervinieron en los grafitis de la cárcel de Urrea de Gaén. En Albalate están realizando una limpieza superficial de los cinco relieves de las escenas de la vida de la virgen y las principales alteraciones que presentan están relacionadas con el almacenamiento prolongado. «Tienen un depósito de suciedad superficial y todos los puntitos que se ven se debe a que alguien hizo algo con una radial y las chispas cayeron encima perforando y oxidando», explica Martínez. Otras son producto de la manipulación en el desmontaje, y también hay evidentes pérdidas de arcillas. Tras aplicar una limpieza en seco con aspirador y brocha, están profundizando porque no está tan limpio como parece. En esta semana han realizado limpiezas mecánicas y fisicoquímicas (de momento, sólo físicas) para retirar los depósitos de la suciedad que está aglutinada.
Acabar de limpiar es cuestión de días antes de afrontar el verdadero reto: el siglaje y colocado de cada pieza formando el gran puzle. Lo harán sobre la lona en horizontal y podrán confirmar o descartar sus sospechas sobre la falta de piezas. Además de que existe testimonio fotográfico, algunas piezas estaban marcadas. «En el desmontaje se tuvo en cuenta de alguna manera, y algunas tienen anotaciones en texto», apoya Santiago Martínez, coordinador del CIDA. «Una de las líneas estratégicas asociadas al centro es la restauración especializada en alabastro y queremos que esta experiencia abra camino», desea. El centro tiene el apoyo de los ayuntamientos de Albalate y La Puebla, y de la Comarca del Bajo Martín. Estas colaboraciones permiten actuaciones como las que están ejecutando con las conservadoras de METOPA, que ya habían trabajado el alabastro, pero en restauración dicen que queda camino. «De bibliografía no hay mucha, se ha restaurado pero no se ha publicado y eso no ayuda demasiado», apunta Cantos. Tras esta fase, los pasos deberán ir hacia a la reposición de piezas y la realización de la estructura portante que permita reubicarlo.
Desde México por el alabastro
Martínez y Cantos han sumado una integrante temporal con Andrea Dalí, una arquitecta mexicana con experiencia en restauración de bienes inmuebles que eligió el CIDA para sus prácticas de máster. Es sobre Conservación de Patrimonio Edificado, lo cursa en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) y el tema implica trabajar con tumbas en un panteón histórico de su ciudad hechos en un material similar al alabastro. «Es obligatorio realizar prácticas fuera de la universidad y buscando encontré el centro. Me convenció por su especialización en alabastro», dice. Llegó hace unos días para un mes y está viviendo la experiencia completa de ser una residente más de Albalate, donde se aloja. «En mi ciudad hay canteras del material que es muy similar al de aquí, pero solo se dedican a producir. En Albalate me encontré con un centro que tiene la palabra integral en el nombre porque lo es, hay investigación, restauración, formación…», reflexiona. Nada más llegar participó en el curso de bajorrelieve de Adrián Arnau en su primera toma de contacto con la talla, y ahora aporta en el retablo. Entre otras cosas, se ha ocupado de algo delicado como el tratamiento de una rotura que habrá que coser, y de la que ha limpiado morteros de asiento y otros que sirvieron de prueba de pegamento. «Contacté con la alcaldesa y con el centro por correo electrónico para ver si era posible y me dieron todas las facilidades. Voy conociendo el pueblo, a los vecinos y en estas instalaciones siempre hay gente muy interesante de la que aprender con proyectos que para mí son una gran oportunidad», apunta.
Cabe destacar que el Centro Integral para el Desarrollo del Alabastro (CIDA) es, cada vez más, un motor de dinamización del territorio. Todos los meses hay actividad ya sea en cursos, estancias o a nivel de artistas particulares que acuden a realizar sus proyectos. El principal atractivo es el material, autóctono de las canteras del Bajo Martín, que se complementa con una equipación completa para esculpir piedra. En el último año, más de 140 artistas han tomado parte de sus formaciones y han llegado procedentes de diferentes lugares eligiendo Albalate y pueblos vecinos para hospedarse.











