«Nos tenemos que olvidar de que en la vida de nuestros antepasados todo era gris y oscuridad… Nada que ver, mira a tu alrededor: es todo color. ¡Tenían hambre de color!». Elena Guarc se «volvió loca» con la indumentaria tradicional cuando en su camino se cruzó Dabí Latas hace ya más de quince años. Ambos son profesores y se fueron a reunir en las aulas del IES Matarraña en Valderrobres. Allí se dieron cuenta de que compartían la misma querencia y comenzaron a tirar de los hilos. Dinamizan el museo de Valdealgorfa como Asociación Sempiterna y cada dos años aproximadamente inauguran una exposición diferente con sus propios materiales y el aporte de sus conocimientos. La recién abierta está dedicada a la seda y la lana en pañuelos y mantones y ya se puede visitar. «Fíjate en qué cantidad de colores vestían y qué preciosidad de piezas. Si ves las fotos todo es blanco y negro y es cierto que pronto se imponía el luto porque había penurias y la gente moría pronto, pero si no, todo color», insiste.
La ropa cuenta el contexto social de un pueblo, de una familia, de una sociedad… «Si está dañada, para nosotros es un tesoro porque esa prenda ha vivido y ha sufrido y si se ha guardado es por algo, ya sea por valor económico o por valor sentimental», dice. En sayas, faldas o pañuelos hay horas y horas de puntadas de manos no profesionales pero que dejaron piezas únicas porque no hay dos iguales. «Las mujeres se dejaron los ojos… ¿Cómo voy a tirar yo una saya porque tenga un roto si lleva miles de horas de trabajo?», añade y lamenta que con la industrialización se terminaran estas genialidades. Latas y Guarc pronto comenzaron a recorrer las comarcas del Matarraña y del Bajo Aragón, entraron en casas y abrieron las arcas que les permitieron y en ese recorrido «nos enamoramos» de lo hallado. Entre su trabajo como profesora con las familias en Valderrobres, así como seguir yendo a ayudar a sus padres en la panadería Guarc de Valdealgorfa, se ha abierto puertas. «Eso te da contacto, conozco a la gente y la gente me conoce a mí. Soy muy social, me gusta mucho estar con la gente», sonríe.
Además de prendas, atesoraron una buena cantidad de fotografías y se adentraron en el Archivo Histórico de Alcañiz. Allí encontraron valiosa información porque entre los siglos XVIII y XIX en los ayuntamientos se anotaba todo. «Cuando digo todo es todo, desde dotes matrimoniales donde explicaban las prendas que aportaban las familias hasta la aparición de un cadáver, cuya descripción acompañaban con la enumeración de la ropa», apunta. También se adentraron en los libros de los viajeros hasta que pensaron en hacer algo con todo eso. Llamaron a las editoriales que publican temas aragoneses en Zaragoza y con la primera ya hubo suerte. Fue Prames y publicaron el primer libro y, más tarde, el segundo. Este encargo fue más amplio ya no sólo de indumentaria del Matarraña y Bajo Aragón sino aragonesa, y para eso contactaron con expertos de toda España. Dabí publicó un diccionario y pensaron en hablar con Valdealgorfa para ocupar una planta diáfana del convento. Aquello no salió pero unos años después recibieron la llamada del Ayuntamiento para ver si seguía el interés y entonces se montó el museo en el número 9 de la calle Santa Ana. Lo gestionan como Sempiterna, ya que toda la inversión es propia y ser asociación ayuda para conseguir alguna ayuda. «Estamos muy contentos con el Ayuntamiento porque al final todo cuesta dinero y el espacio está muy bien», apunta.
Sempiterna ha crecido y lleva el nombre de Valdealgorfa fuera. Colaboran con el Museo de Artes del Serrablo, donde ya han hecho dos ponencias teatralizadas; colaboran con el Museo de Ansó con una vitrina con varias prendas y objetos; están presentes en el Museo de Soria; y tienen contactos con zonas de Italia y, sobre todo, Francia, para intercambiar y contar con «prendas invitadas». Con el Museo del Traje también mantienen estrecha comunicación y acuden al lugar donde les requiere. «Ya sea para ser jurado de concursos de indumentaria, para vestir a los finalistas de Jotalent o para sacar adelante los calendarios solidarios de cada año, lo que sea…», sonríe.
Los mayores y los libros
Al museo acuden muchas personas interesadas en investigación en la indumentaria tradicional, pero también mucho público general. «Se generan debates, esto que exponemos no es la verdad absoluta y según indagas, hablas y estudias ves que hay cosas que igual no son lo que pensabas», reflexiona. Eso son los museos, espacios de encuentro en los que también se muestra documentación. «Los libros son nuestras biblias y nos encanta. Hay un libro de cuentas de un comerciante francés que vende sombreros, pañuelos, sedas… Claro que en Valdealgorfa y la zona había esos tejidos si los vendía él», dice. De otros han extraído las fórmulas para hacer tintes para la ropa y obtener los colores deseados.
Confiesa que es una entusiasta de todo lo que tiene que ver con la historia del pueblo. No sabe de dónde le viene este apego pero es consciente de que si en su día guardó algunas prendas que había en casa es que algo valioso contenía su interior. «No tiro nada y menos del pueblo, todo es interesante», apunta. «Quiero investigar, tener tiempo, y creo que ese ansia me viene de mi tío José Guarc, que escribió los libros sobre la Historia de Valdealgorfa», dice. Su paso por la escuela de adultos, donde editaron un periódico, le resultó muy enriquecedor. «En los pueblos nos tenemos que creer lo que tenemos, valorar cada oficio porque todos son importantes, y defender lo nuestro. La pena es que se nos están yendo todos los mayores, los sabios», advierte.








