El trazo de dibujo no es tan duro como hace unos años o incluso hace unos meses; y sus personajes son más dinámicos. Hay cambios, avances y, sobre todo, un bagaje que crece en cantidad y calidad. «He soltado la mano», dice. Esther Pons Minguell (Valderrobres, 2004) ha encontrado su camino. Se nota con escuchar cómo cuenta su proceso hasta llegar a Barcelona. Allí estudió Cómic en la Escuela Llotja, y luego pasó a Ilustración y Animación en La Industrial, donde sigue. «He ido por ciclos formativos para ir a lo concreto», reflexiona.

Se lanzó, y eso que en sus planes no estaba el arte. Hasta 4º de la ESO quería estudiar veterinaria siguiendo los pasos de su tía, pero los estudios se le complicaron. Consultó sobre la opción de arte con un profesor que le recomendó cursar Bachiller de Artes y probar. «Dibujar siempre se me ha dado bien, pero ni sabía si algo así se podía estudiar, lo veía muy lejano y no lo había valorado», reconoce. Siguió el consejo y su pálpito y se matriculó en Artes en el IES Bajo Aragón. Ahí empezó a desbrozar el camino que sigue transitando. Además de conocer a un «grupo majísimo de chicas», tuvo su primer contacto con el cómic y la animación.

A la hora de seguir su formación se decantó por empezar por el cómic. «En Barcelona descubrí un mundo nuevo», ríe. Se puso en viaje con la mente abierta y con el único pensamiento de aprender cuanto más, mejor, y de adquirir todo el conocimiento posible. «El mundo del arte es complicado y el portfolio se mira mucho. Pensé que con más experiencia igual tengo más oportunidades. Cada año he ido aprendiendo más cosas y conociendo gente fantástica, así que, solo me ha aportado», añade.

Poco a poco va definiendo su estilo. Bebe mucho del anime y Dragon Ball aún está presente. «Es influencia de mi padre, mi hermana y yo hemos crecido viéndolo por él», apunta. En este ejercicio de soltar la mano también va soltando la vista en búsqueda de referentes más europeos y americanos. «Casi cada año me cambia algo del estilo y me gusta experimentar tanto en digital como en tradicional», señala. Se mueve bien en ambas modalidades y tiene la habilidad de adaptarse.

El trabajo final de los estudios de Cómic lo hizo en digital, mientras que para el final de Ilustración, se decantó por tradicional para mostrar hasta donde podía dar de sí. Realizó un álbum ilustrado por completo y lo considera de sus mejores creaciones. Hacer todos los ejercicios de clase en tradicional (a mano) le sirvió para adquirir seguridad y para empezar a soltar el trazo. Ahora ha vuelto a pasarse al digital en los estudios de Animación, donde está descubriendo un área «muy interesante».
Al mismo tiempo, va creando los protagonistas de sus propias historias porque en ilustración descubrió lo mucho que le gusta el diseño de personajes. Eso implica crearlos, darles una personalidad, un trasfondo y una historia. «Siempre pienso que no voy a llegar a tiempo y trabajo muy rápido en clase. Eso me deja más tiempo libre en casa», cuenta. Lo de adquirir experiencia y experimentar se lo toma en serio y su Instagram es un buen portfolio.

Tiene entre manos dos historias, una más avanzada que la otra, y que le gustaría desarrollar para enviarla a una editorial de cómics, o a una compañía de animación. Está en proceso de acabar el guion, diseñar los protagonistas, y confeccionar la biblia de animación, que es lo que explica el argumento y cómo son los personajes. «Sé que tendré que desarrollar las ideas de otros, pero cuando vaya teniendo recorrido en el mundillo, sí me gustaría hacer mis proyectos propios», avisa.

Tres fanzines propios
Hay mucho de personal en sus creaciones, y tiene tres fanzines que lo demuestran. El primero es ‘Voces’, y tiene un marcado contenido psicológico. Luego llegaron dos muy personales. Uno es ‘Mis experiencias con TDA’, una colección de sus vivencias contadas desde el humor. El otro es ‘No soy una víctima’, y es su trabajo más personal que parte de su experiencia como víctima de abuso sexual dentro de la pareja. Se centra en mostrar la negación por la que pasó y los efectos psicológicos que tuvo durante y tras la relación.

Están en Instagram en su perfil @mao.s.art, pero parte de sus trabajos también se pueden ver en el Centro Cultural de Cretas. Montó la exposición hace casi dos años y va renovando obras. También expuso en Arte Joven, una iniciativa de la Comarca del Matarraña. «No me lo podía creer, es increíble que nos den esa oportunidad de mostrar lo que hacemos a nuestros vecinos», valora. Y es que solo tiene sentimiento de agradecimiento, en especial para sus padres, con quienes ya está sopesando la opción de estudiar un máster. «Tengo la suerte de que me apoyan, me entienden y, de momento, nos podemos permitir estos estudios. Si no tienes una red así es imposible», dice.

«Yo voy a seguir dibujando y experimentando, porque eso es lo bonito. Solo tengo agradecimiento porque se me están dando oportunidades para acabar encontrando lo que me llena», concluye.







