Que el primer libro de Julián Martín Salinas lleve por título ‘Senderos de esperanza’ nada tiene que ver con la casualidad. Tampoco lo es que aparezca en la cubierta la Alhambra de Granada vista desde la cuesta de los Chinos. «Hay un banco y un olivo a la izquierda, es una cuesta que sale del río Darro y ese sonido del agua fluyendo y los pajarillos es lo que me hizo salir de las ideas constantes del suicidio». Todo eso supone para el autor la imagen que sirve a los lectores de puerta de entrada a su historia que, como apostilla el subtítulo, es ‘Una historia de superación’. Julián nació en Madrid en 1987 y con los años se trasladó a Granada por el trabajo de su padre. En Motril fue al colegio, al instituto y allí comenzó la carrera de Odontología que un día quiere terminar porque tuvo que dejarlo. Desde hace unos años vive en Caspe, donde se instaló «tratando de empezar de cero». Ha formado una familia además de escribir su libro. «Conseguí lo que buscaba, estoy feliz de la vida con mi pareja y mis dos hijos que son dos luceros», apunta sonriendo. Ellos han sido fundamentales en su camino a publicar algo a lo que ya hacía tiempo que le daba vueltas. De hecho, su mujer escribió el último capítulo de esta historia de la que ella también forma parte. «Desde el principio quería escribir sobre lo que me había pasado, tanto por ayudar a más gente como por mí mismo porque contarlo me ha ayudado a superarlo», reflexiona.
Julián está diagnosticado de trastorno esquizoafectivo, «que es una enfermedad con síntomas de esquizofrenia y trastorno bipolar», especifica. «Que la haya desarrollado es debido a antecedentes familiares, pero también al bullying que sufrí en el colegio e incluso en la universidad, donde ya no sólo eran los compañeros sino también por parte de un profesor. No lo nombro en el libro, pero así fue», añade. En su caso, achaca al estrés que le generó la situación en clase lo que hizo que «la enfermedad explotara como una bomba». Eso le llevó a una depresión y a terminar por aparcar la facultad y comenzar a consumir cannabis para apaciguar la ansiedad y evadirse de la realidad. En el libro cuenta cómo las alertas saltaron de que algo más sucedía con los cambios de humor que experimentaba al consumir. «Pasaba de estar deprimido a una euforia desmedida. Algo me pasaba pero no sabía qué hasta que acudí a ayuda profesional y me diagnosticaron», explica y dice que el proceso fue corto. «En 2008 comencé con este cambio y fue cuestión de unos meses lo que tardaron», señala. En 2011 en un curso al que acudió sobre ayuda mutua y ahí pensó que sería buena idea escribir el libro por él y por los demás. «Una cosa así le puede pasar a cualquiera, y en esas sesiones me di cuenta de lo bueno que es hablar y empatizar con gente a la que le ha sucedido porque te va a entender», continúa. Pasado todo este tiempo dice que no le guarda rencor a nadie, que en cierta medida todo lo que pasó y cómo pasó le han hecho ser la persona que es y no es otra que una persona contenta. «Yo estoy muy orgulloso de lo que he conseguido, de cómo le he dado la vuelta a la moneda».
Una liberación
El aterrizaje en Caspe no fue casual. Llegó alentado por su hermano que estaba destinado en la zona como Guardia Civil, oficio que también desempeñó el padre de ambos por el que tantas veces cambiaron de residencia. Su diagnóstico y puesta en tratamiento coincidió con el estallido de la crisis y decidió probar suerte en la Ciudad del Compromiso. Él seguía con la idea de publicar y en Facebook se topó con la mentoría de Xavi Guimerà. «Se confabularon los astros y contacté con él porque ya nos conocíamos. Y no pude elegir mejor», sonríe. «De recomendaciones me dijo que fuera yo mismo», añade. De su mano publicó el libro autoeditado en Amazon y ya sabe que al menos a una familia ha ayudado. «Una mujer me contactó porque a su hijo le habían diagnosticado del mismo trastorno no estrizoafectivo que a mí. Me dijo que me iba a coger el libro porque estaba deseando que su hijo volviera a ser el de antes. Ya le advertí de que el de antes no sería pero sí sería mejor persona», señala. En cuanto al resto, le encantaría contribuir con esta publicación a eliminar los estigmas sobre las enfermedades mentales y a que se trabaje la empatía. «Comentarios como ‘este tío está loco’ hacen mucho daño, hay que conocer a las personas y sus historias», concluye. Este es su primer libro pero no va a ser el último. «No voy a revelar nada del contenido pero estoy escribiendo otro, ahí lo dejo», sonríe.







