Con la escultura «ha hecho algunos pinitos, no mucho más», dice. Y eso que de su taller sale la escultura más deseada por cientos de personas cada mes de abril. Es el trofeo de la Sartanè, una pieza que tiene el tamaño justo para contener la esencia de lo que se premia: a los mejores cocineros. «Ya lo hacía mi padre y le cogí el testigo tanto con el oficio como con estas cosas», sonríe José Luis Liarte (Maella, 1968) mientras sostiene uno de los trofeos que hizo su progenitor y que le sirve de base.
Lo fabrica en el taller en el que desarrolla su oficio como carpintero metálico siguiendo la estela de una familia que se dedica a la herrería, al menos, desde 1808. El espacio a veces le viene bien para dar rienda suelta a sus aficiones artísticas que requieren de cierta holgura. «Lo que me gusta es el óleo», ríe. Desde niño se le ha dado bien dibujar y con el tiempo fue adentrándose en la pintura. Estuvo un tiempo tomando clases en Maella con un grupo de más artistas locales, con los que también ha montado alguna exposición colectiva en ferias. El grupo se disolvió, pero no del todo. «Estamos en un chat conjunto y nos preguntamos dudas, problemas que se nos plantean con algún trazo… Nos pedimos consejos», dice.
Otros ratos se desquita con la música, otra pasión que heredó de su padre, que también se defendía muy bien con el dibujo. «Lo mío es la música tradicional, últimamente me he metido con la gaita de boto», explica. «A veces el vestuario de la nave se convierte en un lugar de ensayo con la gaita… No puedes molestar mucho y hay que buscarse los lugares. Es eso o irte al monte y no es plan», sonríe. «Pero ahora lo tengo bastante aparcado porque me dedico a ello cuando me deja el trabajo, aunque siempre busco mis pequeños momentos», añade y celebra que siempre consiga desconectar. «Cuando salgo del taller, apago la cabeza. Serán las doce de la noche, pero aquí se queda todo», dice.
La música es una de las artes que más le hacen disfrutar y también desde hace años. Comenzó con la escuela que se montó en Maella y que sigue activa. Unos cuantos se lanzaron con las dulzainas y de ahí salió el grupo Gaiteros del Matarraña. Dejó de estar activo al cien por cien pero de vez en cuando buscan sus cauces para reunirse, y más tarde llegó Dorondaina en Caspe, que también va por momentos. Ha sido uno de los organizadores de las Jornadas sobre la gaita de boto en la Tierra Baja, y ha ido haciendo participaciones con otros grupos como la Asociación de Gaiteros de Aragón con los que tocó en Zaragoza varias veces, o con los maellanos Oriol Saña o Isaac Balaguer. «Nos juntamos y hacemos cosillas», añade. «Me gustan las artes en toda su plenitud aunque todo muy amateur en mi caso», avanza. Él también tiene sus trofeos, como el de Mejor Actor Secundario del Festival Nacional de Teatro de Alfajarín, un certamen que reúne a agrupaciones de teatro amateur de todo el país. Él acudió con el Grupo de Teatro Matarraña que tantas sesiones de buen hacer ha dejado a sus vecinos.
Una estrecha relación con el óleo
Con la pintura tiene una relación duradera y siempre lleva algo en el pensamiento. «No se me dan mal las rocas», advierte divertido sosteniendo dos cuadros con motivos del mar en ambos. Y es cierto. Tampoco se le dan mal los bosques bien frondosos que proporcionan a quien los contempla cierta calma. «Me inspiro normalmente en fotografías, no soy de pintar al natural ni de inventarme nada», dice.
De hecho, uno de los cuadros más grandes que muestra es una mujer en la playa. Él la pintó de una foto tomada por alguien que se inspiró en el cuadro de la Venus de Botticelli. «Se ha dado la vuelta el proceso, vuelve a ser un cuadro pero no tiene nada que ver con la obra original», sonríe. «Ideas en la cabeza siempre llevo muchas, otra cosa es cuando las puedo materializar pero siempre llega el momento», sonríe.








An excellent article … José Luis is a multi-talented guy and fine ambassador for Maella.