Ilustración, dibujo, pintura. Estos palos toca María Piazuelo (Caspe, 1982) y así lo expone en su perfil de Instagram (@mariapiazuelo.art), su ventana al mundo y su hilo directo con su audiencia y posibles nuevos seguidores de su trabajo. Lo cumple viendo su perfil, pero no se cierra a nada. De hecho, su cabeza siempre está maquinando y ya por una cuestión vital. «Lo tengo que hacer, el arte es algo que a mí me sigue llenando a nivel personal e incluso a nivel anímico. Necesito sacar lo que llevo dentro de alguna manera y eso es pintando, dibujando… creando», dice muy convencida.
Su primer camino fue la pintura, disciplina que conoció y en la que se especializó estudiando Bellas Artes en Valencia, donde llegó tras cursar bachillerato de artes en Zaragoza. La acuarela la atrapó, en realidad, toda la plasticidad que entraña la pintura sobre papel. Poco a poco fue contactando con la ilustración digital, primero por gente que la practicaba y luego probando ella y formándose en ello. Ahora lo combina todo e introduce pinceles que dan apariencias diferentes. «A veces puedes dudar en si está pintado sobre el papel directamente, no digo a mano porque a mano es todo».
Piazuelo desarrolla su obra en encargos, que son principalmente retratos; y en ilustración de creación personal. A lo primero trata de dar siempre su toque personal, y en lo segundo va metiendo cada vez más combinaciones con texturas y motivos que tienen que ver con lo orgánico ya sean plantas, flores o motivos animales. «Tiene su valor lo digital. Digamos que está al alcance de todo el mundo y parece que con una aplicación ya está pero no. Detrás son muchas horas y está todo el aprendizaje y experiencia de cada uno», reflexiona. Ella sigue ampliando esas horas de aprendizaje, investigación e innovación. Reconoce que siempre ha sido muy figurativa, incluso en paisajes, pero ahora está experimentando y está en un momento que le pide introducir abstracto. «Y estoy probando composiciones para textil», adelanta sonriendo. «No sé si saldrá algo, en cualquier caso, si no tiene salida con el público a mí me motiva y me servirá como base, todo sirve de base igual que la pintura en la que me especialicé en su día me da la base para seguir en la ilustración», asegura. Además de ese contacto y ventana al mundo que abre desde las redes sociales, de vez en cuando, busca el contacto más directo con el personal y acude a alguna feria o mercado que se presta a ello. A veces estas paradas las encuentra en Caspe, en su pueblo del que no se ha ido del todo aunque ahora la vida la haya llevado a Girona. «El vínculo con Caspe es total y constante», apunta rápida.
En Caspe impartió clases de dibujo y pintura durante diez años y ayudó a muchas personas a canalizar esa creatividad que a veces cuesta sacar. En Caspe ella misma dio sus primeras pinceladas ya desde muy pequeña. Cree que lo hizo motivada al ver a uno de sus abuelos al que le encantaba dibujar y creaba sus propias historietas. La cuestión es que desde niña tenía claro qué camino quería tomar y eso se vio reforzado cuando encontró todo el apoyo en casa. «Yo decía que quería hacer cuentos y pintarlos», ríe. «Me gustaba escribir también pero eso lo aparqué, aunque siempre he tenido eso ahí como pendiente», añade abriendo la puerta a que sea un proyecto a futuro. Cuando sale a un mercado ve cómo la gente puede tocar, mirar, preguntar y llevarse sus diseños. No siempre van en láminas, a veces son tazas o libretitas o lo que se le ocurra. De hecho, las opciones de soportes son tan amplias que hace tiempo que le tienta probar el mundo del tatuaje. «Exponer mis diseños y que alguien decida tatuarse uno de ellos es una posibilidad que me motiva y cada vez más», sonríe.







