La avenida Galán Bergua es mucho más amable desde que el número 17 recobró vida. Tras varios negocios, el local terminó sin alma siguiendo la estela de tantos otros en los últimos años. Eso se terminó cuando María Senli Aguiló (Alcañiz, 1996) lo eligió como su estudio de pintura. Desde hace un año vuelve a latir y está más vivo que nunca. Allí da clases a más de 90 personas en diferentes grupos, y las cristaleras son el mejor escaparate en el que mostrar el trabajo, además de las redes sociales. Cada día hay novedades que alegran los paseos de los transeúntes. «Tengo a gente de todas las edades y que tienen diferentes motivos para venir, muchos vienen porque les resulta relajante y terapéutico pasar una hora y media centrados en sí mismos pintando», dice. «Las evoluciones son increíbles», añade mientras va terminando de recoger.
Con el final de curso los caballetes están vacíos y el material del alumnado descansa en cajones. Este va a ser el primer verano en el que no dé clases. «Me encanta darlas, porque cuando la gente viene a gusto todo es más fácil y aprendemos todos, yo también porque veo otros puntos de vista. Ni siquiera la percepción de color que tengan dos personas tiene que ser la misma», explica. Las retomará en septiembre, pero este verano va a comenzar a trabajar en su obra. «¿Mi parte artística? Es lo más complicado», ríe mientras coge aire.
María irradia luz y sensibilidad y está en un momento de cambio. Sin dejar de lado las clases, está comenzando a forjar su trayectoria. «Mi objetivo de aquí a unos años es dedicarme al arte, quiero vender mi obra, hacer exposiciones y me encantaría tener una galería donde exponer el trabajo de otros autores del medio rural sean de Alcañiz o de la zona», dice. Algunas cosas va dejando entrever en su Instagram muy de vez en cuando. Su plan es llevar el arte al medio rural y dar visibilidad a esta tierra «tan poco nombrada». En el territorio que la vio nacer encuentra su inspiración. «Estoy viendo que cada vez se queda más gente y entre los que estamos, creo que si nos movemos, podemos hacer cosas muy bonitas. Hay gente con muchísimo talento», añade. Quiere darle más visibilidad al lugar en el que vive, quiere trabajar con la tierra y su arquitectura. «Me gustan los lugares abandonados porque albergan otro tipo de vida con la naturaleza que los habita. Al pintarlos e idealizarlos ya no pasan desapercibidos», apunta. Es el camino que está iniciando porque, como dice, «lo más difícil es llegar a tener un tema». Detrás de un proceso creativo hay mucha lectura, documentación y ver a otros creadores. Senli sigue el trabajo de colegas de la zona y es habitual en las exposiciones que se montan en Alcañiz o los alrededores. Ella también promueve viajes y lleva dos años llenando un autobús rumbo a ARCO a Madrid. Dice que nunca dejará de dibujar; de hecho, domina el bolígrafo, pero ahora va hacia el óleo y mezclas de colores más chocantes. «Esos son los cuadros que te revuelven por dentro y hacia eso quiero ir», avanza.
En el estudio hay algunos con sus relieves que conviven con encargos listos para entregar. «Aunque ahora quiera desarrollar más mi obra, estoy muy agradecida porque siempre he tenido encargos y los hago muy a gusto», sonríe. Las primeras peticiones las desarrolló en la calle Mayor, en el primer estudio en el que estuvo tres años. En plena pandemia se le presentó la propuesta de alquilarlo y lo hizo. El respaldo de su familia le disipó dudas y comenzó con las clases y 20 alumnos. «Fue muy duro por la situación de pandemia y porque nadie te explica cómo ser autónoma ni cómo ser adulta. Salí adelante y tengo más ganas que nunca de seguir», sonríe.








Ánimo María, tú lo vales