La manida frase que dice que «una imagen vale más que mil palabras» cobra todo el sentido con Roberto Abadía Sánchez (Alcañiz, 1980). Las fotografías que es capaz capturar son tan impresionantes en el contenido como en lo que las envuelve. Cada una es una aventura porque, si la fotografía de animales no es fácil, menos todavía lo es si se añade el factor noche. «Si vieses lo que sale en las cámaras nocturnas, fliparías», avisa.

Su radio de acción más habitual es el entorno de Alcañiz, pero ha hecho viajes organizados a otros territorios. «Si te interesa una especie tienes que ir a su hábitat, no al revés», dice. Así fotografió al urogallo en el Pirineo catalán, o a los linces en Andalucía. Sin embargo, una de las más impactantes la consiguió en una masada en Alcañiz. Es su favorita. Y opinan lo mismo los niños, un público que no tiene filtro a la hora de opinar. Fue invitado un día a la clase de infantil de uno de sus hijos para compartir su experiencia. «No se podían creer que los animales que veían y trataban de adivinar, estuvieran tan cerca», dice. «Alucinaban y de todas las fotos comentaban algo, son geniales los pequeños», ríe.

Él mismo mantiene la misma curiosidad que le llevó a coger una cámara cuando se dio cuenta de que en las salidas con su familia a cazar, disfrutaba mucho más en la tarea previa. «Me gustaba ir a controlar a los animales, ver dónde estaban, si había muchos o pocos…», dice. Poco a poco se fue adentrando en la fotografía pero tardó. «Me interesaba pero los equipos son caros y con 18 años ni tenía dinero ni nadie en quien fijarme», sonríe. Fue aprendiendo y ahora es un referente en fotografiar animales, especialmente, nocturnos.

Foto sin fotógrafo o escondido
En la foto de noche aplica el mismo proceder que en la caza porque lo primero es controlar los animales. Para eso coloca cámaras de fototrampeo toda la noche y cuando las recoge ya contienen la información sobre qué animales hay, movimientos y comportamientos. Lo siguiente es añadir una cámara réflex que coloca de forma estratégica enfocada en un punto en el que piensa que va a pasar el animal y se dispara con la señal de un aparato que detecta movimiento.

Eso, si se da bien, porque el 80% de noches toca trabajar la frustración. La foto de la lechuza entrando en una masada no salió a la primera. «Lo intenté dos o tres veces, tuve suerte y me salió en la última y ya no he vuelto para no molestarla», admite. Localizarla sirvió para que otra persona colocase una caja-nido y criase. «Es una alegría porque va a menos. Va cayendo fauna a un ritmo rápido por varios motivos y, uno es la instalación de placas solares y molinos», lamenta.
Ha contribuido a documentar muchas especies. Solicita los permisos para fotografiar en algún paraje si es necesario, y con los APN hay ayuda mutua. Él grabó al lobo al principio con su fototrampeo y también aportó sus conocimientos de técnica.
Para otras fotos, sobre todo diurnas, se hace un escondite. «Si no sale lo que quieres también es una experiencia chula estar entre animales sin que te vean y sentirlos naturales a tu alrededor», apunta. «Para mis amigos soy un loco», sonríe. «Claro que hay fotos ya de todos los animales, pero no se trata de hacer la foto por hacerla. Yo quiero una foto que haya vivido yo», argumenta.










Bonitas fotos y preciosa aficion
Fotografías impresionantes. No conocía el trabajo de Roberto Abadía, pero se ve que este señor es un fotógrafo como la copa de un pino.
Roberto, un crack en fotografía y lo mismo como persona!!
Enhorabuena!!!
Brutal. Fantástico trabajo