El alcañizano Jorge Egea preside el Instituto Catalán para la Investigación en Escultura (ICRE) que acoge a artistas de toda procedencia, también de Aragón. Asociarse es simple desde su web, también para personas que sólo deseen prestar su apoyo
El ICRE cumple 10 años. ¿Cómo surge y qué motivó a ello?
En 2014 nos juntamos cinco personas para hacer algo vinculando el mundo de la escultura con el de la universidad y, con la escultura como centro, queríamos que hubiera también una participación del mundo de la Historia del Arte. Se llama Instituto Catalán para la Investigación en Escultura porque es investigación artística pero también somos una plataforma para traer a la memoria a muchos escultores que han caído en el olvido a pesar de haber sido importantes. Intentamos que una de las actividades mensuales cuente con algún historiador del Arte especializado en escultura que nos saque a la palestra a alguno de los grandes escultores que a pesar de ser importantes en vida, han pasado un poco al olvido. Desgraciadamente, en el arte si no estás en el «top ten», y más en el mundo de la escultura, quedas olvidado.
¿Cómo ha sido la evolución?
Empezamos cinco personas (tres compañeras de la universidad y dos escultores), y ahora somos 108 asociadas. Se consigue con trabajo y todo el que hacemos es voluntariado. Cobramos una cuota simbólica a los asociados de siete euros mensuales y esos pequeños ingresos los exprimimos al máximo. Somos una asociación registrada legalmente sin ánimo de lucro, y todo se reinvierte en las exposiciones y catálogos. Son autoeditados, nos los maquetamos nosotros, y las fotos son nuestras o de algún fotógrafo colaborador. Gracias a todo esto le estamos dando un nivel bastante bueno a nuestras publicaciones, y las exposiciones son cada vez de mayor envergadura.
El décimo aniversario se está celebrando con una muy especial.
Sí, se puede visitar hasta el 24 de mayo en Corbera d’Ebre. Está en una iglesia destruida durante la Guerra Civil y que gracias a una subvención del ministerio la cubrieron de policarbonato. Es como estar dentro de un templo barroco pero con una iluminación a cielo abierto con un techo transparente. Todo hace que sea un lugar con un especial magnetismo. Hemos reunido 75 obras de 75 de los 108 socios, con un trabajo de logística muy importante pero que hemos autogestionado de tal manera que conseguimos que el coste sea el menor posible. No recibimos ayuda ni subvención de ninguna entidad pública. Al menos, por ahora.
¿Esperan que esto cambie?
Ojalá. Creemos que es casi vergonzoso que las instituciones públicas no estén detrás de estos movimientos. En nuestro caso, llevamos diez años trabajando, hemos hecho 32 seminarios, otras tantas tertulias con escultores y escultoras vivos, tenemos una veintena de publicaciones en torno a la escultura, y desde hace cuatro años editamos un boletín anual donde no solamente recogemos noticias de la entidad sino también de lo que pasa en el panorama nacional e internacional de la escultura. Creo que conforme pasan los años vamos creando este concepto de dejar documento y huella. Eso lo tenemos claro desde el principio y pienso que cuando pase el tiempo se valorará mucho más todo este trabajo. Insisto en que si no eres una persona ultraconocida o estás en el «top ten» mundial, el trabajo de los escultores y escultoras está siempre muy en segundo plano. No forma parte de las noticias.
Resulta paradójico porque muchas exposiciones son en espacios públicos. No es suficiente, entiendo.
En estos casos tenemos la cesión del espacio y nosotros nos encargamos de lo demás. Necesitamos que haya más apoyo institucional y que incluso se hicieran cargo de más cosas. Pero bueno, poco a poco (sonríe).
Preside el ICRE desde el inicio. ¿Qué objetivos tienen?
Que la exposición de Corbera sea itinerante y ya tenemos un par de lugares cerrados, y en cuanto a la presidencia me encantaría dar el testigo. Ayudé a montar la asociación porque era una necesidad real pero no es un reflejo de mí ni es algo que necesite para desempeñar mi trabajo individual. Que haya cambio es bueno en general pero creo que la falta de relevo también le pasa a muchas asociaciones. Quizá porque estamos perdiendo un poco ese sentido altruista de la vida. Por fortuna, somos una junta muy activa, estamos siete personas y nos da trabajo, pero también mucha satisfacción. Pensamos que si podemos hacer algo por el mundo de la cultura lo haremos, y más en un ámbito como la escultura que requiere siempre de tanto apoyo logístico para organizar, para mover las piezas… Es incluso físicamente pesado. Al mismo tiempo, creo que esto hace que la gente se asocie, porque percibimos la necesidad de estar agrupados y poder hacer cosas que de manera individual no podríamos o no de la misma manera.







