El día del Santo Ángel Custodio se celebró la recepción a los Alcañizanos Ausentes. El alcalde dio cuenta de la actualidad de la ciudad y los homenajeados pudieron exponer sus preguntas. La novedad fue el nombramiento de un embajador, cargo que recogió Óscar Morera. Conquistó al público con su discurso en el que hubo anécdotas de Alcañiz en el mundo. También agradecimientos por las iniciativas que se están realizando hacia la comunidad LGTBIQ+. La sesión terminó con el Cachirulo cantándole.
¿Cómo se encuentra tras este acto?
Tremendamente emocionado. Este reconocimiento después de 28 años fuera es un regalo. Para la jota tengo una voz pésima pero cuando uno las escucha estando fuera se emociona muchísimo. Que te las canten dedicadas en el teatro de tu pueblo es un honor
¿Cómo ve Alcañiz desde fuera?
Viví 20 años en Barcelona y ahora llevo uno en Zaragoza. Me fui con 14 años de aquí, aunque nunca he dejado de venir. Veo una ciudad con muchos proyectos en marcha. La veo bien. Alcañiz es una ciudad muy bonita con un futuro muy bueno. Hay que ser optimista.
En su discurso ha agradecido las medidas y actos que se realizan por el colectivo LGTBIQ+. Se avanza pero siguen siendo tiempos duros...
Sí, son tiempos difíciles. Yo salí del armario siendo muy joven y Alcañiz no tiene nada que ver con la ciudad de cuando me fui. En mi caso no tuve problema nunca, quizás por mi forma de ser y porque tengo una familia abierta, que es una suerte. Pero es verdad que aquellos eran tiempos muy complicados y todavía hoy lo son, hay gente joven que utiliza el vocabulario de manera despectiva. Hemos avanzado pero queda mucho por caminar. Y para una persona que desee vivir en el medio rural, esto no debería ser un impedimento para desarrollar su vida personal. Debería poder hacerlo sin ser cuestionado y cualquier acto mínimo que apoyen las instituciones creo que es fantástico.
¿Ha sentido que tenía que destacarlo en su discurso ante el teatro lleno?
Sí, creo que lo tenía que decir. No tengo miedo y represento a mucha gente de Alcañiz que me para, que me lo cuenta y que por desgracia no puede mostrarse tal como es. Es muy triste que tu gente no te conozca como eres. Había que decirlo.
También ha contado una anécdota con la que ha robado el corazón de todos. Resulta que en Nueva York una señora oriental le dice que conoce Alcañiz porque ha estado muchas veces comprando cerámica. ¿Hay que tener cuidado con lo que se habla del Bajo Aragón porque siempre hay alguien que pueda darse por aludido?
(Ríe) Eso siempre. He contado esta anécdota pero mis amigos me dicen que me da para un libro. Tengo muchísimas de estas, de muy lejos y en circunstancias y entornos muy diferentes, muy complejos, y Alcañiz siempre ha aparecido. Situaciones algunas surrealistas. Para mí ha sido imposible desprenderme de mi identidad porque siempre está Alcañiz.
¿Cómo vive estos días de vuelta?
Casi no tengo voz y es porque los estoy viviendo con mucha intensidad. El viernes subí a Pueyos después de muchos años, y se presentaron de sorpresa dos coches con gente de Barcelona que ha venido a estar conmigo en este momento.
Entonces, doble responsabilidad: embajador y anfitrión de sus visitas.
De anfitrión total. Y de embajador he hecho desde pequeñito. He tenido la posibilidad de viajar muchísimo y de estar con gente muy importante. Siempre he intentado remar para casa y que Alcañiz esté presente.







