El profesor de Vilafranca Raúl Sirvent es el director del Centro de Adultos del Maestrazgo, que ha crecido hasta los 277 alumnos en el último curso y tiene presencia en 13 pueblos. Trabaja para integrar el territorio y difundir su patrimonio con encuentros, excursiones y proyectos innovadores como el coro de la Voz es Arte o Caminantes.
¿Cómo se conforma el Centro de Adultos CPEPA Hermanas Catalán de Ocón del Maestrazgo?
Tenemos sede en La Iglesuela y 12 aulas adscritas en Allepuz, Molinos, Castellote, Cuevas de Cañart, Villarluengo, Tronchón, Bordón, Cantavieja, Mirambel, La Cuba, Fortanete y Villarroya.
¿Qué ofrecéis?
La asignatura que se imparte en todos los aularios es Entrenamiento y Apoyo a la Memoria y después intentamos detectar y cubrir las necesidades de la zona. Una de ellas son las nuevas tecnologías y por eso en muchos pueblos se imparte móviles o informática. El próximo curso vamos a presentar un proyecto de clases presenciales a distancia que llevamos dos años tanteando gracias a las grandes pantallas que tenemos en todas las aulas. Los estudiantes acuden a su clase pero el profesor imparte la formación desde otra ubicación, lo que nos permitirá, por ejemplo, ofrecer idiomas en un pueblo en el que tenemos dos interesados. Con esa cifra no se puede crear una clase pero con este formato sí nos lo permite si tenemos dos en un pueblo, cinco en otro y siete en el de al lado.
¿Cuál es el perfil de alumnado?
Los centros de adultos rurales de Aragón tienen un perfil muy parecido. En las capitales cuentan con alumnos que se preparan la ESO o las pruebas de acceso a los grados y aquí esos servicios los ofrecemos a distancia. Este curso hemos tenido sobre unas 10-12 personas para la ESO y también alumnos para la preparación de las pruebas de acceso a grado superior y a grado medio, y las competencias clave N-2 con un perfil más joven. También somos centro de información del PEAC, los Procedimientos de Evaluación y Acreditación de Competencias profesionales adquiridas mediante la experiencia laboral o de vías no formales de formación.
¿Qué papel jugáis en la relación entre los pueblos en un territorio tan disperso, despoblado y envejecido?
Una de nuestras funciones es la de integrar el territorio y creo que lo hemos conseguido. Por ejemplo, una de nuestras asignaturas es la de la Voz es Arte, que generamos nosotros para ayudar al bienestar de los alumnos e implica también participar en un coro. La llevamos a La Cuba, Cantavieja y Mirambel; y ha generado una unión tremenda. Primero acudía el profesor a cada uno de los pueblos pero después los alumnos, al gustarles tanto, son los que se desplazan al pueblo en el que toca ese día. Incluso nos invitaron a presentar la asignatura en el Conservatorio de Teruel, lo que para una escuela rural como la nuestra fue muy importante. Todos los años también celebramos un encuentro anual en el que los alumnos anfitriones son los que lo preparan. Este año nos juntamos 150 personas en Cuevas de Cañart y en 2026 toca en Fortanete. En la excursión cultural anual que organizamos por España al principio se sentaban en los autobuses por pueblos pero ahora ya no. Fomentamos que se conozcan. En la convivencia anual les ponemos unas pegatinas con sus localidades para intentar que se mezclen.
¿Cuántos alumnos tenéis?
Este curso hemos crecido bastante y llegamos a los 277 al contar con dos asignaturas nuevas que se crearon en otros centros con la pandemia. Una de ellas es Caminantes, que consiste en caminar pero desde el punto de vista pedagógico. En clase trabajamos la emocionalidad que genera el hecho de salir al campo y después disfrutamos con las anécdotas que se generan en las distintas salidas. Por ejemplo, si vamos a ver un molino harinero pues salen recuerdos de la Guerra Civil, de cómo se trabaja antes… El próximo año van a venir investigadores de la UNED gracias a un convenio para enseñarnos a salvaguardar ese patrimonio oral que tienen todos nuestros alumnos.
¿Trabajáis con algún otro proyecto nuevo para el próximo curso?
Ratificar la clase de Caminantes, que también estará en La Iglesuela. Tenemos un convenio con Sanidad por el que nuestras materias, como por ejemplo la de entrenamiento de la memoria, las tienen los sanitarios a través del programa Activos de Salud y así nos derivan pacientes cuando detectan síntomas de principios de demencia o ven que se encuentran muy solos para que mejoren. A veces hay quien nos dice que ya no quiere venir porque se ve mayor pero cuando se lo comentan al médico les hace volver. Estamos muy vinculados, al mínimo problema nos ponemos en contacto. En La Iglesuela vamos a la residencia, donde hay varias personas con alzheimer, una de ellas con una gran voz, y estamos intentando ver cómo les influye la música. Vamos viendo las necesidades y hasta dónde pueden llegar nuestros recursos, que son limitados. Somos solo cuatro profesores, dos de la DGA y otros tantos contratados por la Comarca.
¿También impartís el español para extranjeros?
Es una asignatura prioritaria, por lo que se activa con dos interesados en un pueblo. También hacemos un poco de ONG porque contamos con alumnado joven que ha venido en patera y con unos dramas personales tremendos. Intentamos ayudarles a encontrar trabajo. Este año lo hemos conseguido con un joven después de tres años aquí porque hasta que no pasa ese tiempo no logran los papeles para poder ser contratos legalmente. En el pequeño pueblo de La Cuba tenemos a nueve matrículas y las alumnas de La Mata de Morella recorren tres kilómetros a pie para aprender, es emocionante verlas. El modelo de las Escuelas de Adultos de Aragón es ejemplar porque somos los profesores los que nos desplazamos a los pueblos, no como en otras comunidades como la valenciana, en que hay que tener los medios para acudir a la localidad grande.
La formación en patrimonio hizo que en una reciente excursión a Vilafranca se descubriera que la capa de comunión que tienen guardada en la Iglesia perteneció a Francisco Peña, natural de Villarroya de los Pinares y que llegó a ser decano del Tribunal de la Rota.
Otro elemento de la Escuela de Adultos es que estamos en contacto con la responsable de Patrimonio de la Comarca, Sonia Sánchez. Hace año y medio ya hicimos una grabación participativa de Misa de Ángelis, un canto gregoriano que se cantaba en todos los pueblos. Fue a partir de una visita a La Cuba, donde me enseñaron un armónico que me puse a tocar y de repente una señora de 86 años se emocionó. Casi llorando me dijo que lo que tocaba, la Misa de Ángelis, lo cantaba su padre con su tío. Me di cuenta de que todas las alumnas de más de 80 años la conocían y decidimos realizar una grabación participativa que financió Patrimonio.







