Ester Rubio Martín (Monreal del Campo, 1992) es agricultora y ganadera desde hace siete años. Fue coordinadora de Juventudes de UAGA y actualmente forma parte del consejo de la cooperativa de Cereales Teruel y es una de las caras visibles de esta nueva generación. Estudió un grado superior de producción de audiovisuales en Zaragoza y después marketing en San Sebastián.
¿Qué vinculación tienes con el sector primario?
Lo he visto en casa. Mis abuelos tuvieron ovejas, mi padre era agricultor y ganadero, al igual que mis tíos Siempre me ha gustado estar en el campo y acompañarlos. No obstante, cuando me hice mayor, fui a estudiar a Zaragoza y trabajaba allí. Fue un tiempo después cuando me planteé que quería volver al pueblo. Finalmente, con mis dos hermanas y las parejas, apostamos por el sector primario y empezamos de cero con una granja.
¿Por qué tomaste la decisión de volver?
En mi caso, igual que el de mis hermanas, fue una apuesta por volver al aquí. No fue fácil. No solamente por el tema laboral, sino también por el acceso a vivienda. Creamos nuestra propia forma de vida y teníamos muy claro que, en el sector de la ganadería, si entrábamos, lo hacíamos en equipo, porque sabemos lo sacrificado que es y queríamos conseguir tener una calidad de vida como con cualquier otro trabajo.
¿Cuáles fueron los principales retos al inicio?
Empezamos hace siete años y fueron intensos. Nos dimos cuenta de lo difícil que era empezar una explotación de cero. Acceder a la financiación fue bastante complicado, ya que, al ser jóvenes, para obtener una ayuda tienes que demostrar que estás viviendo de ello desde el momento en el que certificas. Empezamos con una granja más pequeña para ir ampliando, por lo que inicialmente no podíamos demostrar que vivíamos de ello y tuvimos que estar trabajando también de otras cosas. La parte de la agricultura fue herencia de mi padre; si no, hubiera sido imposible incorporarse con todas las inversiones que supone a nivel de maquinaria.
¿Cómo ha cambiado el sector desde entonces?
Estamos notando la necesidad de sobredimensión en las explotaciones. Cuando empezamos a plantear la granja con 2000 cerdos de cebo era lo normal. Al poco tiempo, ya era 2500 lo que necesitabas y, conforme ha ido pasando, hemos visto que cada vez hace falta más cantidad y dimensión para sacar casi la misma rentabilidad. En cuanto a la construcción de las naves, ahora el precio es el doble, lo que provoca que los márgenes de rentabilidad sean más estrechos. En la agricultura, los insumos aumentan y, sin embargo, el precio del cereal solo hace que bajar. También los costes de maquinaria cada vez son más caros, al igual que los de la tierra.
¿Qué necesitan de las administraciones para poder dar un vuelco a la situación?
Un buen análisis de esta situación para que desde la administración e instituciones protejan estos modelos. Somos los que vertebramos el territorio y más allá de la parte económica, aportamos el tejido social. El año pasado perdimos unos 400 agricultores y el sector está cayendo en menos manos y externas.
¿A qué te refieres en manos externas?
En manos de grandes empresas y que no son de aquí. Todo ello acarrea muchas consecuencias y frente a las que no podemos competir. Necesitamos apoyo de la administración para los modelos más pequeños.
¿Ve la administración una realidad distinta al pequeño agricultor?
Nos da la sensación de que la administración se basa en números. Por ello, quizás no le preocupa lo suficiente el descenso de números de agricultores o de ganaderos, porque la actividad sigue existiendo.
Fuiste una de esas jóvenes que acudió en masa hace ya más de un año para exigir un cambio en el sector ¿Se ha producido?
Me gustaría decir algo más positivo, pero realmente siento que ha servido para poco. Es cierto que quizás algo caló, pero hay veces que me da la sensación de que no recogieron bien nuestras demandas. Notamos poca diferencia.
¿Por dónde pasa el futuro de la agricultura y la ganadería?
Tenemos que levantar la vista y dar un salto hacia el futuro y ver qué tipo de agricultura y ganadería nos gustaría. Hay que empezar a dar los pasos en esa dirección. Desde la cooperativa de la que formo parte estamos poniendo el foco en ello. La unión puede servir como una herramienta de lucha a favor del relevo generacional y contra la despoblación.







