David Ferrer (Barcelona, 1974) dejó su trabajo y la gran ciudad para iniciar una vida en Molinos, donde siempre quiso vivir. Ahora, ya en la esfera política, asegura que «trabajará por los vecinos» y «no venderá el pueblo» en temas como, por ejemplo, la llegada de las arcillas.
¿Qué relación guarda con Molinos?
Soy el único de mi familia que no es de Molinos. El resto, padres, abuelos, mujer e hijos, todos han nacido aquí. Me crié en Barcelona, y cuando era pequeño venía siempre en verano. Pero mi objetivo siempre ha sido quedarme aquí a vivir.
¿Cuál es el primer momento feliz que viene a su mente de aquellos años?
Lo bien que lo pasábamos en las balsas. Siempre recuerdo la libertad cada vez que venía.
Y ahora es el alcalde.
Es algo que nunca me había imaginado. Soy protésico dental y en su momento ya lo dejé todo junto a mi mujer-que es higienista dental-para vivir en Molinos. Nos encargamos durante 10 años del hostal, sin tener ni idea de hostelería. Después estuvimos trabajando otros cinco años en el bar de Berge, y desde hace ya un tiempo nos encargamos de una granja de pavos. Y ahora se une la alcaldía.
¿Cómo dieron ese cambio de un sector a otro?
Dejamos la hostelería porque es muy sacrificada, pero no queríamos marcharnos del pueblo, y es verdad que aquí no encontramos ningún laboratorio cercano para trabajar en nuestro sector. La granja fue una oportunidad que surgió y que aceptamos. Todo por y para tener una vida aquí.
¿Y por qué entró en política?
Después de vivir en el pueblo tantos años llega un punto en el que te quieres involucrar. Nos juntamos cuatro amigos sin experiencia política porque queríamos trabajar para los vecinos. Ninguno teníamos tanta afinidad con un partido como para afiliarnos, por lo que decidimos presentarnos por una lista independiente (Por Molinos). Sacamos cuatro concejales.
¿Son más necesarios este tipo de partidos en los pueblos más pequeños?
Puede ser. Aquí tenemos que tener una unidad más allá de los partidos. Uno puede ser del PSOE pero votar a alguien del PP si ve que es trabajador.
¿Cómo ha sido el aterrizaje del nuevo equipo de gobierno?
Por lo general, muy bien. Ahora tenemos mucho trabajo con el tema de las eólicas y especialmente la llegada de las arcillas, una cuestión que nos preocupa especialmente. Al final cuando te instalan un molino, dentro de lo malo, solo es eso. Pero las arcillas te pueden destrozar terrenos enteros.
¿Hay preocupación en el pueblo en torno a este tema?
Muchos vecinos todavía no son conscientes. En la zona donde quieren instalarlas está el monumento natural de las Grutas de Cristal, que se nutren del agua para que la cueva tenga vida. Si revientan un acuífero no solo podrían destrozarlas, sino que también afectaría al agua de nuestro pueblo, o incluso a la de otros municipios como Cuevas de Cañart.
¿Como Ayuntamiento se puede hacer algo o tendrán que recurrir a otras instituciones?
Ya estamos con alegaciones y en contacto con arqueólogos para poner en relieve el valor de esta zona. Son empresas que nos han ofrecido mucho, pero no vamos a vender el pueblo. Molinos tiene más de 1.000 años de historia, nunca le ha hecho falta dinero. Pero los grandes políticos deben darse cuenta y poner medios para combatir esta historia. No nos parece lícito que ataquen nuestro patrimonio y el futuro de nuestros hijos.
¿Cómo es la vida en Molinos?
A lo largo de todo el año vivimos unos 160 vecinos, pero en verano podemos llegar a estar más de 1.000. Eso sí, durante el año apenas hay gente joven. En la escuela habrá 6-7 niños.
No obstante, la comisión de este año estaba compuesta por muchos jóvenes. ¿No se quedan por falta de trabajo?
El trabajo ya no es excusa, porque lo hay. Si quisieran venir a trabajar aquí como carpintero, electricista, fontanero…no les faltaría un puesto. Pero la gente joven no quiere trabajar de eso ni aquí ni en la ciudad.
¿Entonces por qué no apuestan por venir?
Es algo social. En la pandemia hubo un ‘boom’ y la gente de ciudad tenía envidia del medio rural, pero ahora ya se han olvidado. Tenemos de todo: tienda, bar, atención médica diaria… Hay gente que se agobia porque quizás necesita ver a más personas diariamente. Yo hui de eso y soy muy feliz aquí.
¿Qué situación turística atraviesa el pueblo?
Este año ha sido un poco más flojo. Ahora hemos recuperado la visita guiada que se realizaba para todos los que venían a ver las grutas. También tenemos el museo de Eleuterio Blasco Ferrer y otro que hizo la anterior alcaldesa sobre las grutas con un vídeo explicativo. Tenemos que incentivarlo más.
¿Cuáles son los proyectos pendientes?
Vamos a realizar varias pequeñas obras: arreglar el suelo de la pista de fútbol, también la piscina…Más adelante tenemos planificadas obras más relacionadas con este tema turístico. Queremos remodelar un parque que justo cae al barranco con un mirador. En un futuro también nos gustaría construir unas pasarelas para llegar desde el barranco y así crear otro atractivo turístico.







