Horas y horas de trabajo, focos, pruebas, ensayos… Pocas personas saben lo que realmente ocurre detrás un gran desfile de moda como el de la Aguja Goyesca de Zaragoza. Y entre ellas, este año volvió a estar María Paris, vecina de Foz Calanda, que ve el mundo de la imagen personal como algo que va mucho más allá de la estética. En realidad, defiende, «es una forma de acompañar y conectar con las personas».
Siempre junto a su gran maletín, María acumula ya años de experiencia participando en todo tipo de Fashion Weeks, desfiles e incluso trabajando como peluquera para la serie americana Vampire Academy. Es decir, eventos en los que convergen sus tres grandes pasiones: la moda, el maquillaje y la peluquería. Porque aunque todavía hay quien crea que el arte solo se encuentra en las grandes galerías, cada trabajo minucioso que realiza busca demostrar justo lo contrario. «En citas como la Aguja Goyesca hay que ir contrarreloj, pero lograr fusionar arte y moda, y que las modelos se miren al espejo y se sientan seguras es el broche de oro. En ese momento todo cobra sentido», reconoce Paris.
Su vocación ha estado siempre ahí. Desde pequeña disfrutaba peinando a su familia y experimentando con el maquillaje, y poco a poco se fue dando cuenta de que aquello podía ser una salida profesional. Después de formarse, ya en el mundo laboral, todo cambió cuando su profesora, Elisa García, la recomendó a distintos salones y le brindó la oportunidad de formar parte de su agencia de maquilladoras, a la entró en 2022.

Desde entonces, el trabajo no ha parado. Recuerda los nervios de sus primeros eventos, donde se veía «rodeada de profesionales». Aunque el esfuerzo ya estaba presente incluso antes de que le llegaran las oportunidades. «Entrar en este mundo no es fácil. Se necesita formación continua, estar al día de las tendencias y mucha autoexigencia», señala Paris. «Pero a mí me motiva enormemente». Y así lo demuestra, sobre todo en eventos como los desfiles de moda, donde la exigencia es todavía más grande. «En el backstage la presión y la inmediatez marcan el ritmo. En apenas tres o cuatro horas puedes llegar a hacer seis maquillajes u ocho peinados. Ejercemos un papel crucial para que todo salga adelante, pero no muchos son conscientes de ello», reflexiona.
Lo mejor de todo el proceso, defiende, es la conexión con las clientas. Otorgarles seguridad es para ella lo más importante. «Disfruto mucho del proceso técnico y creativo que hay detrás de cada transformación, y verlas ilusionadas lo es todo para mí», afirma María.

Su pueblo, Foz Calanda, es donde empezó a descubrir su vena creativa. Y aunque ahora mismo su puesto de trabajo se centre en Zaragoza, son muchas las vecinas del Bajo Aragón que han confiado en ella a lo largo de estos años. Hace tiempo, recuerda, no veía viable instalar su proyecto de vida aquí, pero ahora eso ha cambiado. «La calidad de vida que ofrece un pueblo es algo que no encuentras en la ciudad. No descarto desarrollar mi negocio aquí», añade. Mientras tanto, seguirá viviendo su pasión cada día, siempre ligada a aquel lugar donde todo comenzó. «En este mundo no se trata de cambiar a nadie, sino de potenciar lo que uno ya tiene para hacer que se sienta seguro. Estoy orgullosa de poder lograrlo».








Me encanta que haya gente tanta preparada y con tanta proyección…