Los vecinos de Estercuel -junto a un buen número de visitantes procedentes de todo el Bajo Aragón histórico y de otros lugares limítrofes- abarrotaron cada rincón de la localidad con motivo de la recuperación de la Santa Encamisada este 21 de enero dos años después tras el parón obligado por la pandemia. Esta fiesta, la más destacada y especial para el municipio de la Comarca Andorra-Sierra de Arcos, y además declarada de Interés Turístico en Aragón, prendió un total de 15 hogueras a lo largo de las estrechas calles del municipio.
Así, los vecinos continúan una tradición datada a finales del siglo XIX y la cual se entiende como un símbolo de purificación. Para el alcalde, Joaquín Lahoz, esta esta una fiesta «atípica» que viven desde que son «muy pequeñitos. «Estamos todos en la calle desde que se empieza hasta que se termina. También es increíble porque el número de personas que se reúne aquí multiplica de forma exponencial la población habitual», afirmaba el primer edil.
Conforme avanzaba la tarde, Estercuel se fue quedando pequeño y los más curiosos empezaron a llegar. El termómetro rondaba los 0º pero el calor del fuego no tardó en caldear el ambiente. En un contexto de emotividad y alegría generalizada, ya a partir de las 19.00, la primera aliaga fue encendida y el fuego se levantó en la plaza de la Iglesia. Minutos después dio comienzo la procesión de la Santa Encamisada. Una a una, se fueron prendiendo y recorriendo las quince hogueras ubicadas en los barrios del municipio. Entre los visitantes, desde luego, nadie quedó indiferente. «Es impresionante, da un poco de miedo. No nos esperábamos tal magnitud», aseguraba Manuel Alcántara, de Vila-seca. En la misma línea, el zaragozano Jorge Álvarez destacó que le encantó el ambiente y que nunca habían visto «nada parecido».
Los fiesteros, a caballo, iniciaron el recorrido en la Plaza de la Iglesia siguiendo así a los portadores de los tederos, los gaiteros y el procurador, el Rey, el Conde y los Mayorales. Eso sí, fue en una procesión algo más lenta de lo habitual ya que las fuertes rachas de viento complicaron el paso junto al fuego de las caballerías, en esta ocasión, poco convencidas de ello. «La leña estaba muy seca y el viento ha acentuado el fuego. Siempre hay que tener precaución, pero finalmente no ha pasado nada. Hemos disfrutado mucho y ha sido emocionante el recuperarlo», aclaró Adrián Sancho, vecino de Estercuel.
Conforme los tederos y los fiesteros avanzaban, el resto del pueblo fue alcanzando y sobrepasando cada una de las hogueras para purificarse como bien manda la tradición. «Es una tradición que va transmitiendo de padres a hijos. Yo así lo entiendo y creo que es para todos igual. La intención es no dejar que desaparezca», aseguró José Vicente Rubio, uno de los fiesteros. Una vez terminada, y ya con el estómago vacío, llegó el turno para cenar de forma popular en las brasas del fuego.

El baile del Reinau
Ya el domingo, Estercuel ha culminado San Antón con la procesión del pan bendito, la misa baturra y otro de sus momentos estrella del fin de semana: el baile del Reinau. Este simboliza el cambio de poder entre los fiesteros salientes y los entrantes.
Una celebración única
Como curiosidad, cabe destacar que la procesión de la Santa Encamisada se realiza en sentido contrario al resto de las procesiones debido al significado pagano de la fiesta. Además, la festividad (que comenzó a finales del siglo XIX) arrancó con un par de hogueras, pero en la actualidad ya son una quincena.




















