Apenas una decena de páginas le bastan al creador de Isidora y Mariano para que quien ha leído la presentación de cada uno de ellos quiera saber más. Es una pareja aragonesa nacida en los años 40 que tiene hijos, nietos y un día a día reconocible para cualquiera. Todos conocemos a Mariano e Isidora aunque tienen otros nombres y otras hechuras. Este matrimonio protagoniza ‘Ocres de otoño’, la novela que acaba de publicar Juan Galve Gilabert (Andorra, 1958). No es la única que tiene pero sí la primera en ver la luz. En apenas 150 páginas, en el libro hay muchos momentos la sonrisa e incluso la risa. Las descripciones y metáforas del autor dan pie -basta observar su maestría para hablar de la calvicie, por ejemplo-, así como diálogos y descripciones de situaciones que, aunque cotidianas, tiene la virtud en convertirlas en extraordinarias. «La gente me tiene por una persona seria y no son pocos los lectores que se sorprenden porque hay expresiones que solo empleas en el ámbito más privado con tu familia y, a veces son incluso soeces», sonríe.
Él escucha todas las opiniones, quiere conocer tanto las buenas como las menos buenas porque va a continuar. Escribir siempre ha sido una necesidad. «Hay humor y también partes emocionales. Hay una concreta que algunos no pueden leerla o que han llorado al hacerlo, y eso me ha llegado», apunta.
Cuando escribe, además de expresarse saca todas las versiones de sí mismo. «Si llevo unos días en blanco estoy muy inquieto. Es mi forma de expresión y, a veces son cosas que no hablas con nadie, pero sí con un lápiz y un papel», dice. ‘Ocres de otoño’ es ficción con algunos tintes autobiográficos que ya avisa él mismo en los preliminares. También asoma algo de poesía porque es lo que empezó a explorar siendo muy joven. De hecho, en 2023 publicó su poemario ‘Mis cuatro estaciones’ con la Editorial Poesía eres tú.
Un niño que devoraba novelas
Siempre ha sido autodidacta en el mundo de la literatura con el que se llenó la cabeza de fantasía y miles de historias siendo un niño cuando, con 10 años, tuvo que guardar cama durante unos meses. «Un primo se adoleció de mí y empezó a traerme novelas de aventuras, superhéroes, de intriga… de todo. Le iba pidiendo más porque me las comía», recuerda sonriendo. «En clase yo era el que siempre estaba en la Luna», añade. Para entonces ya tenía muchas historias en la cabeza que quería sacar. Comenzó con pequeños relatos y cuentos hasta que «empezar a festejar» le llevó a la poesía. Entre el trabajo «y las obligaciones diarias» aparcó esta labor que retomó en 2015, cuando decidió escribir una novela. Le siguió otra y la recopilación de todos sus poemas para empezar a escribir nuevos. Durante cuatro años creó un poemario por año, hasta que en 2019 se puso con ‘Ocres de otoño’ que publicó con Universo de Letras en septiembre de este año. Ha llegado incluso a las estanterías de El Corte Inglés donde se vio entre María Dueñas, Antonio Gala y García Márquez. «¡Estos se han equivocado!, pensé yo», ríe. Galve es autodidacta en escritura, pero sí se apuntó a un curso online para moverse en el mundo editorial, algo «completamente» desconocido para él. «Tenía mucho material en casa y pensé en publicar, pero no sabía cómo presentarme y me apunté al curso que me vino muy bien, pronto me llamaron», dice, aunque deja una parte a la oportunidad. «Puede que la temática no interese en ese momento y primen más otras historias», apunta.
También consiguió editorial para el siguiente poemario y será entre febrero o marzo cuando prevé publicarlo en Olé Libros. «No suelen trabajar con autores noveles, pero les gustó el manuscrito y que estuviera a punto de publicar la novela. Es como un regalo, una excepción», añade. Está disfrutando del momento, aunque las promociones -que incluye las redes sociales- no sean lo suyo, porque donde mejor se encuentra es escribiendo. A veces, de noche acompañado de su café, chocolate negro y «una pastica» de las que le gustan. No es la dinámica habitual, pero si una idea ronda la cabeza, se despierta de madrugada y la deja salir antes de que lo haga el sol. «No me considero nada y mucho menos artista. Soy una persona normal y corriente y hago poesía porque me pongo a ello. Escribo, le doy a la cabeza y poco a poco va saliendo. Si a alguien le remuevo algo con mi escritura para mí es suficiente», concluye.







