Si hay algo que alegre escribir y contar son las buenas noticias. Acostumbrados a informar sobre el cierre de bares o escuelas ante el fantasma muy visible de la despoblación, emociona que se giren las tuercas. Mirambel y todo el Maestrazgo está de enhorabuena. El dinamismo del pueblo, su rejuvenecimiento, o como dirían los mayores: «nuevos aires entre las empedradas calles», han desatado un nada común baby boom en Mirambel.
La localidad, de 105 habitantes empadronados, crece con la llegada o espera de seis bebés. Ello está impulsando la apertura de una escuela infantil de 0 a 3 años, un servicio que, aunque muy habitual en grandes urbes, en muchos pueblos no lo es tanto. De hecho, Mirambel nunca había contado con un centro de este tipo, y hace 22 desde que cerró la escuela.
Habituados a que en el pueblo naciese uno y ningún niño al año, terminó el 2023 con cuatro nuevos nacimientos. Se sumarán a dos más que nacerán los próximos meses. Seis niños, hijos de familias jóvenes que se han quedado o regresado al pueblo, que permiten y hacen necesario la apertura del servicio. La familia, el trabajo, una mejor calidad de vida y sobre todo un gran arraigo por Mirambel son las claves de esta repoblación, y lo que hace que estas familias no vean un mejor lugar para criar a sus hijos.
Servicio comarcal
Andrés y Neus, Rebeca y Juanjo, Elisa y Fernando, Inma, y también Mari Carmen son los padres que, con sus bebes en brazos o en la tripa, cuentan con ilusión los días para ver esas puertas abiertas. Y es que si hay una palabra en la que coinciden para definir la función de la escuela infantil es «conciliación». La conciliación es aún más necesaria en un área donde, a no ser que los abuelos puedan, se hace difícil encontrar alguien para desempeñar la función de cuidador.
El servicio mejora la calidad de vida de los vecinos, aunque también lo ven como una oportunidad para atraer a otras familias. «Si queremos que la gente se quede y arraigue, hay que dar un servicio básico como este para la conciliación, que ayuda a vertebrar el territorio», explica la alcaldesa y también una de las futuras madres, Mari Carmen Soler.
Sin embargo, también buscan que del espacio puedan beneficiarse otras localidades al acoger niños desde los cero años, mientras que, en Cantavieja, cabecera comarcal y municipio más cercano, no lo hace hasta que empiezan a andar. «Estamos acostumbrados a ir al pueblo grande, pero también pueden venir desde cualquier municipio, hay que hacer comarca», pone en valor la alcaldesa.


Caso excepcional
Aunque este repentino repunte de natalidad no es lo habitual, confían en que siga los próximos años. Con ello, el siguiente paso será reabrir la escuela, evitando el transporte a los escolares que conlleva la escolarización en Cantavieja, pero para ello es necesario la solicitud de los padres.
Tampoco localidades de la comarca siguen el mismo camino. En la Cañada de Benatanduz, la persona más joven que vive todo el año en el pueblo es el alcalde, con 26 años. En Tronchón, en marzo de 2022, nació Marco, el primer niño que lo hacía en los últimos 12 años. Desde entonces, no ha vuelto a llegar la cigüeña. Tampoco Cantavieja se salva, donde no nació ningún niño el pasado año.
Continúa el ciclo donde se cerró, y el aula, con cocina, baños y dos salas, se ha construido en las antiguas escuelas infantiles del pueblo. Con la rehabilitación ya terminada, están a la espera de que el Gobierno de Aragón dé el visto bueno al espacio. Tras ello, se terminará de equipar y sacar la plaza de docente correspondiente, confiando en que antes de verano vea niños entrar.
Las obras han sido posibles gracias a 40.000 euros de las arcas municipales. Sin embargo, desde el consistorio buscarán pedir subvenciones de la Diputación Provincial de Teruel. «Un pueblo pequeño no puede costear una obra así, equiparlo, mantenerlo y tener un puesto de trabajo», señala Soler.
Las 5 familias
Elisa Marín, Fernando Gil y Lluvia
«Un niño no puede estar todos los días en la carretera, evitarlo es seguridad»

Elisa Marín y Fernando Gil esperan su segundo hijo, un niño que nacerá en dos meses. La pareja ve el servicio como una oportunidad para no tener que llevar a los niños en coche todos los días, lo que también es un riesgo. «A un niño de un año no se le puede transportar todos los días en carretera, y menos en invierno, es el principal inconveniente». Por ello, el servicio les permitirá mejorar la calidad de vida donde tienen claro que quieren estar. «Aquí estamos bien y no pensamos en otro sitio para criar a nuestros hijos. Es seguridad y estar arropado por todos los vecinos», destacan.
Eli es diseñadora gráfica en Morella, mientras que Fernando trabaja en la cuadrilla de vialidad invernal en Cantavieja, pero cada día regresan a Mirambel.
Inma Soler y Hugo
«Tengo a mi familia aquí y una red de gente del pueblo, aunque un servicio así es libertad»

Inma Soler es la madre de Hugo, de 9 meses. Para ella la escuela es «libertad» y «poder desconectar». Una conciliación más que necesaria en su caso, porque tomó la decisión de formar una familia monoparental y ser madre soltera, una decisión que recomienda: «animo a las mujeres que no tienen parejas que lo hagan, ni es tanto trabajo ni cuenta tanto dinero, que se sale para adelante».
Inma cría a su hijo en el pueblo, y lo hace bien arropada: «Tengo a mi familia aquí y toda una red de gente del pueblo». Lo compatibiliza además con su trabajo en la ganadería y agricultura.
Mari Carmen Soler
«La zona rural es el mejor sitio para criar un niño, pero debemos estar las administraciones»

Por su parte, Mari Carmen Soler espera para marzo su primer hijo. Ella tiene claro que la zona rural es «el mejor sito para criar un niño». Como docente, pone en valor la escuela rural y esta primera etapa formativa. «Le hace ser más autónomo y crecer, pero también convivir con más niños y tener unos hábitos».
Lleva por bandera la vida en el pueblo, pero matiza: «Ahí debemos estar las administraciones públicas, para acerar los servicios y tener las mismas oportunidades que quien vive en una ciudad». Y es que, aunque trabaja en la explotación porcina familiar, lo compatibiliza con sus funciones en política autonómica y municipal.
Rebeca Gil, Juanjo Ferrer, Álvaro, Julia y Enrique
«El pueblo es libertad y autonomía. Que haya niños de su edad es fundamental»

Familias más pequeñas y otras más grandes. Es el caso de la familia de Juanjo Ferrer y Rebeca Gil. Sus dos mellizos, Julia y Enrique, han cumplidos los cuatro meses. Su hermano Álvaro, con 6 años, va cada día al colegio de Cantavieja. También fue ahí a la guardería, sin embargo, sus hermanos ya tendrán este servicio en su pueblo. «Es un servicio más, es muy beneficioso para todos los que vivimos y para los que puedan venir», destaca la madre.
Celebran, además, que estos nacimientos hayan coincidido con la llegada de más niños al pueblo. «Que haya más niños es muy positivo para que puedan sociabilizar y en concreto poder estar con niños de su edad». Algo que actualmente no ocurre en exceso.
El padre siempre ha vivido en el pueblo, donde está su familia y negocio como herrero. La madre, como enfermera, también lo hace en la zona, y no ven un sitio mejor para criar esa gran familia. «Aquí están más tranquilos, pero también es más libertad y autonomía cuando van creciendo. Aunque claro que faltan servicios».
Neus Suller, Andrés Domingo, Gael y Dídac
«Aquí todos somos una familia. No cambio la infancia que tuve y es la que busco para ellos»

Didac, con tres meses, también espera unirse. Es el hijo de Neus Suller y Andrés Domingo, y hermano de Gael, de 2 años y medio. La pareja ha podido quedarse en el pueblo gracias a trabajos en la residencia de Cantavieja en el caso de ella y él, en los parque eólicos de la zona.
A pesar de la falta de servicios y una dependencia del volante que conlleva el medio rural, la balanza se inclina claramente y gana vivir en el pueblo. «Mirambel tiene familiares, tiene una abuela que es fundamental si los dos trabajamos», explica Neus. Andrés también tiene claro dónde quiere criar a su familia a pesar de lo que ha cambiado el pueblo, y es que cuando él era pequeño había 25 niños en la escuela. «Aquí somos todos familia, con los niños de su edad se van a criar como si fueran hermanos, y yo no cambio la infancia que tuve».
A todo lo que les aporta Mirambel, se suma por esta coincidencia, la llegada de más niños. «Es muy positivo que vayan a tener niños de su edad. Gael es el único del pueblo de su edad, y él siempre está buscando niños, los niños quieren estar con niños de su edad, es normal».
Caso anecdótico tuvo la pareja con su segundo hijo. Didac tuvo tanta prisa por nacer que, de hecho, lo hizo en el coche, entre Els Ibarsos y los Rosildos antes de llegar al hospital. Su madre, en el asiento del copiloto mientras el padre conducía e incluso con el cinturón puesto, no tuvo asistencia médica. Por suerte, todo fue «perfecto». «Fue muy rápido, una hora de parto y ni nos dio tiempo de llegar, cuando fui consciente ya le vi la cabeza, y fueron unos segundos», relata entre risas la madre.









