Javier Fabón Zurita (1964) nació en Alcañiz, donde pasó su infancia y juventud. Aquí estudió en los Escolapios y en el Cardenal Ram. Muy joven se fue a Zaragoza e ingresó en la Academia General Militar y desde ese momento se ha dedicado al ámbito militar, una profesión «que tenía claro desde pequeño». Ha ejercido en diferentes puestos y en la actualidad es el Delegado de Defensa en la Comunidad de Madrid, donde reside junto a su mujer.
¿Por qué ha elegido el Castillo para hacer esta entrevista?
Para cualquier alcañizano es un lugar icónico, un espacio de reunión con los amigos y de paseo. Cuando uno regresa al pueblo para ver a la familia y se va aproximando es lo primero que ve. Es una imagen que queda guardada en la mente y muy emotivo para un alcañizano.
¿Cómo le llegó la propuesta de ser pregonero de las fiestas? ¿Se lo esperaba?
Totalmente inesperado. Nadie se imagina que van a pensar en ti. Resides fuera pensando que a lo mejor estás algo olvidado en tu pueblo y fue una sorpresa absoluta. Es toda una responsabilidad y honor. Espero estar a la altura.
Sus padres residen aquí. ¿Qué le dijeron cuando les comunicó que iba a ser el pregonero de las patronales?
Tuvieron las mismas sensaciones que yo. Fue una sorpresa y, por supuesto, una alegría y orgullo. Creo que para todo padre cualquier éxito de un hijo es también motivo de satisfacción y de compartir alegría.
¿Qué quiere transmitir en el pregón?
Primero compartir con los asistentes esas vivencias de lo que he vivido aquí y los sentimientos de alguien que ha estado fuera y las emociones que afloran cuando se vuelve. Es el pregón de las fiestas y quiere transmitirles mis mejores deseos a todos los alcañizanos.
Actualmente vive en Madrid, pero, ¿qué vinculación tiene con su pueblo? ¿Suele venir?
Soy alcañizano y mis padres todavía viven aquí y dos hermanos también. Mantenemos las visitas de forma frecuente a la familia y, por supuesto, a los viejos amigos de la infancia.
Los amigos siempre son una parte importante y los recuerdos que se guardan, vitales, especialmente los festivos. ¿Cuáles se le vienen a la mente?
Cuando era un niño mi recuerdo principal es de la feria con los autos de choque o el tren de la bruja. A esos instantes les tengo especial cariño porque se montaban en la zona del Cuartelillo. Me fui haciendo mayor y lo primero que me viene a la mente es la participación en los toros de fuego o la emoción de las carreras o de los conciertos. Cuando eres joven se disfrutan y viven intensamente.
¿Qué le aporta volver a Alcañiz?
Muchas emociones, revivir recuerdos de la infancia. Éramos una generación que nuestras redes sociales era nuestro círculo de amigos con los que pasábamos tiempo. Ahora paseo por las calles de Alcañiz, esos lugares donde nos reuníamos habitualmente, por ejemplo, en lo que llamábamos como el Tontódromo. Allí estábamos horas y horas comiendo pipas y hablando. Ahora vas recordando y viendo lugares que han cambiado o que ya no existen.
Se fue pronto para estudiar y poder dedicarse a una profesión.
Mi familia se quedó y yo me fui solo a estudiar. Cursé COU y empecé a prepararme en una academia a un internado para compatibilizar los estudios. Quería entrar en la Academia General Militar de Zaragoza.
¿Siempre lo había tenido claro?
Sí, desde muy pequeñito. Recuerdo la típica pregunta en el colegio: «¿y tú quieres ser mayor?» Y yo siempre decía que quería ser militar, algo que extrañaba un poco. En el instituto empecé a profundizar y buscar información y al final pude formar parte de las Fuerzas Armadas. No tengo muy claro el motivo , pero es una profesión vocacional y en la que normalmente suele haber antecedentes en la familia y en mi caso son lejanos.
¿Cómo lo llevaba la familia cuando empezaste? Para una madre no debe ser fácil tener a un hijo tan lejos.
No muy bien. Es una profesión que tiene sus riegos y que para una madre que su hijo conviva con ello permanentemente es motivo de preocupación. Me dijeron que me lo pensara bien, no obstante, siempre han apoyado en cualquier decisión que he tomado.
¿Esa vocación también la ha transmitido a tus hijos o ellos siguen otro camino?
Han seguido otros caminos. Mis hijos me han acompañado siempre, y han asistido a todos los eventos militares, pero se han ido por las ramas técnicas. El mayor y la pequeña son ingenieros de caminos y el segundo es arquitecto.
A lo largo también de su trayectoria le han dado distintos premios. ¿Qué le pasa por la cabeza cuando lo recibe?
Creo que a todos nos gusta que nos reconozcan nuestro trabajo y el ámbito militar, ese reconocimiento son las medallas militares. Que te tengan en consideración y te propongan es toda una satisfacción.
Imagino que la familia también se viene a la cabeza.
Todo es un conjunto porque en el ámbito miliar el apoyo de la familia es fundamental. En muchas etapas, estamos fuera, desplazados o en misiones en el extranjero. Que haya esa complicidad con la familia, y ese apoyo de estar alejado, pero sentirte cerca es imprescindible.
¿Cómo lo ha compaginado con su vida profesional?
Somos cuatro hermanos y yo tengo tres hijos. La profesión militar está sometida a cambios. Mucha movilidad y poca estabilidad porque cada vez que se asciende habitualmente se cambia de destino. Habremos vivido en 10-12 casas de diferentes ciudades y en mi caso he tenido la gran suerte de haber compatibilizado la vida profesional y familiar casi totalmente, porque por circunstancias mi mujer es maestra y siempre ha conseguido una plaza en el lugar donde yo estaba.
¿Cuál es la misión que le ha marcado más en su trayectoria profesional?
Quizás la primera, que fue la de observador militar en El Salvador para garantizar el cumplimiento de los acuerdos de paz después de una guerra civil muy larga. Eso te da muchas vivencias y crea ocasiones para reflexionar. Te desplazas solo y ves situaciones muy diferentes a las de tu ámbito de confort.
Sirven para valorar lo que realmente tenemos aquí.
Valorar lo que tenemos y lo importante que es conservarlo.
¿Qué mensaje le gustaría mandar a los alcañizanos para estas fiestas?
Mis mejores deseos para disfrutar en familia y con los amigos. Hay que vivirlas con mucha intensidad, pero también con respecto y responsabilidad. ¡Felices fiestas de Alcañiz!













