Su historia solo se puede contar echando la vista atrás para remontarse al pueblo de su infancia, Albalate del Arzobispo, y a su centenaria plaza de toros. Jesús Gómez «El Alba», torero nacido el 9 de noviembre de 1941, consiguió los «primeros aplausos de su vida» ahí. Sus comienzos se remontan a 1964, tras una época de novillero en la que alcanzó éxito. «Viendo los mozos que salían en la plaza de toros me decía a mi mismo: creo que me atrevería a manejar un capote», explica con nostalgia. Y así fue, el primero lo tuvo que esconder de su madre. «Lo tiré por la ventana que daba a un callejón y se quedó tranquila en casa», recuerda en sus memorias «El Alba. Mi verdad en el mundo del toreo», libro publicado en el año 2016
En su destacada trayectoria en el mundo de la tauromaquia estuvo también Barcelona, y posteriormente siguieron las grandes plazas turolenses y aragonesas al materializarse su talento. «Desde siempre quise ser torero. Con 14-15 años encontré la oportunidad en Montjuic. Me dio por coger un capote y vieron que era bueno, era una cosa innata que la llevaba dentro de mi. Me apunté a la escuela taurina. Yo quería aprender para hacerlo cada vez mejor», recuerda. Tanto así que, un día el presidente de la Peña Taurina de Barcelona consideró que podía salir toreando de luces. Su primera vez fue ahí. «Se llenó la plaza», recuerda. Su trayectoria en Barcelona duró unos 3 años y compaginaba su pasión con el trabajo. «A la Escuela solamente iba cuando tenía fiesta los domingos», explica. Después de aquella primera etapa siguió una carrera brillante.
«El Alba» tomó la Alternativa el 9 de noviembre de 1973 en «La Misericordia» de Zaragoza apadrinado por Ángel Teruel y con Miguel Márquez como testigo. La Confirmación de la Alternativa sucedió dos meses después, el 29 de septiembre, en «Las Ventas» de Madrid compartiendo cartel con los matadores Pedrín Benjumea y Aprecio García Higares. Un año antes, en el 72, «El Alba» triunfaba como novillero en la Feria del Pilar consiguiendo el trofeo «Corona de Aragón» más destacado de la citada feria.
Momentos en Albalate
En la centenaria plaza de Albalate tiene innumerables experiencias. El color de su primer traje de luces fue negro y oro. Lo vistió para matar a su primer novillo precisamente ahí, el día del Corpus de 1963. En la novillada de fiestas de Albalate de septiembre del 67 « El Alba» en su primero con el capote, en banderillas, con la muleta y matando, logró un gran triunfo cortando dos orejas y rabo. En su segundo cortó una oreja, tal como quedó registrado en El Amanecer.
Otra de las fechas «imprescindibles» con la plaza albalatina como escenario fue sin duda el Festival taurino con motivo de la inauguración del Monumento a la Jota de 1970. «Buen tiempo y buena entrada» para el encuentro con la afición, cita en la que se proclamó «profeta en su tierra», según los titulares de aquella época. Alternando con «Antoñete», Bernadó y Murillo, lograba un triunfo resonante cortando las orejas y el rabo con ovación incluida.
«Lo primero que tiene que debe tener un torero es suficiente valor para estarse quieto, no solo estar delante. Eso es otra cosa», recalca. Sobre todo después de las cogidas que también sufrió a lo largo de su carrera. «Es cuando se prueba uno. Tienes que dar todo lo que puedas para que la gente cuente contigo».
A su Albalate «muy querido» acude cada vez que tiene ocasión, ya que actualmente reside en Zaragoza. El sentimiento de cariño es recíproco a juzgar por las ovaciones que recibió en todas sus apariciones. «Fui quien me presenté como «El Alba» en honor a mi pueblo. Tuve el orgullo de llevarlo por todos los sitios en los que he estado», concluye.







