El presidente de Asadicc, José Manuel Jariod, reflexiona sobre los retos que el territorio todavía enfrenta para conseguir la "inclusión real" de las personas con discapacidad. Con motivo del Día Internacional de las Personas con Discapacidad, que se conmemoró el pasado martes 3 de diciembre, reivindica un transporte público y una vivienda accesible para garantizar la autonomía de estas personas.
Haca una semana, el pasado martes 3 de diciembre, se conmemoró el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. ¿Cuáles son las reivindicaciones en el medio rural?
Son bastantes en general y en el medio rural, si cabe, más. En materia de accesibilidad estamos bastante lejos de lo deseable, sobre todo, en el transporte público. En Caspe y comarca es imposible acceder al ferrocarril. Los andenes y trenes no son accesibles, con lo que una persona con movilidad reducida, una persona mayor o unos padres que lleven un carro con un niño prácticamente no pueden acceder al tren. También hay que tener en cuenta la accesibilidad a la hora de realizar obras en vías públicas. Nosotros nos hemos ofrecido en muchas ocasiones al Ayuntamiento porque al pertenecer a Concemfe Aragón tenemos un servicio con un técnico que realiza estudios de accesibilidad. Se trata de cumplir la ley de accesibilidad universal que, en muchas ocasiones, no se cumple. Llama mucho la atención que en el siglo XXI todavía haya profesionales de la arquitectura que redacten proyectos donde queda en entredicho la accesibilidad. Desde la asociación, además, llevamos mucho tiempo reclamando que se construya un baño adaptado público en el centro de Caspe. Sabemos que hay personas con movilidad reducida que no pueden venir a las fiestas patronales o a la conmemoración del Compromiso. Otro tema importante es la vivienda accesible y la ley de propiedad horizontal. Eso es fundamental, que una persona que adquiere una discapacidad y vive en un quinto sin ascensor tenga derecho a que se instale el ascensor. Nos consta que hay personas confinadas en sus edificios a causa de las barreras físicas. En Caspe, en algunos casos, este problema se ha logrado atajar con el programa de asistencia personal de Asadicc. Es verdad que hay edificios que por su antigüedad o por su tipología de construcción no son accesibles pero se tendrían que activar políticas públicas para que esos edificios se pudieran beneficiar de ayudas. La accesibilidad no perjudica a nadie, al revés, y tarde o temprano todos necesitaremos que nuestro entorno sea accesible.
¿Por qué no se está haciendo?
Eso nos gustaría saber porque no es ni costoso ni gravoso y hay muchas formas de hacerlo. A efectos de administraciones públicas, volviendo al transporte e infraestructuras, a lo mejor es que no van a Madrid, a Atocha, donde existe el servicio Adif Acerca que atiende a las personas con movilidad reducida acompañándolas al andén y con una máquina elevadora les ayudan a subir al tren. Y luego, los trenes que pasan por aquí son muy viejos y la accesibilidad dentro deja mucho que desear, por ejemplo, no tienen baños adaptados.
¿La sociedad está concienciada?
Sí pero también es entendible que hay que ponerse en la situación de una persona con discapacidad para darte cuenta de las necesidades. En la actividad Ponte en mis zapatos, que organizamos en Expo Caspe, los tres miembros de la corporación municipal que participaron se dieron cuenta de que lo que parecía accesible no lo era. Constataron que si estabas en el pabellón central, para acceder al baño tenías que salir a la calle, volver a entrar por la puerta que da acceso al pabellón número 1, y que, además, ese baño no está correctamente adaptado. La conciencia está pero cuesta.
Ha sido concejal y conoce el funcionamiento del Ayuntamiento, ¿es difícil impulsar medidas?
Es fácil tener voluntad. Sin embargo, cuesta poder llevar a cabo los proyectos que tú tienes pensados porque la burocracia ralentiza el proceso. Me refiero a proyectos de gran envergadura no a acciones como hacer un rebaje en un paso de cebra. Las cosas pequeñas son cuestión de voluntad. Cuando se acercan las elecciones, Asadicc siempre nos reunimos con todos los grupos que concurren para presentarles una batería de propuestas que, aunque algunas son más ambiciosas, son fácilmente ejecutables.
¿Están reconocidas todas las discapacidades o queda camino?
Queda camino por hacer porque parece que la discapacidad física es evidente cuando una persona va en silla de ruedas o le ocurre como a mi, que sufre una amputación, y también hay muchas veces que la discapacidad intelectual es más visible; pero existe la discapacidad orgánica, que afecta a los órganos y cuesta que se reconozca. Hay que dar además visibilidad a las discapacidades como la fatiga crónica o la fibromialgia, esta última incluso es difícil de detectar por los médicos. Asimismo, el nuevo baremo de la discapacidad nos creíamos que iba a ser mucho mejor de lo que está siendo porque no se está aplicando correctamente. Era un baremo que lo que pretendía era unificar criterios a nivel nacional porque una misma discapacidad tenía diferentes porcentajes según la comunidad autónoma. Sí que se ha conseguido unificar pero lo que ocurre es que hay que insistir a las administraciones para que formen a los técnicos de valoración y contraten nuevos equipos porque la lista de espera es enorme, se tarda más de un año en que te valoren y resuelvan. Es una barbaridad.
Ha cumplido dos años como presidente de Asadicc, ¿cómo los valora?
Han sido dos años muy productivos. Hay que agradecer la labor del anterior presidente, Miguel Tena, y del equipo técnico que hay detrás. Mi balance es bueno porque porque además de mantener servicios, hemos creado otros nuevos y duplicado el número de técnicos pasando de 9 a 18. Además, se ha incrementado la masa social.







