229 restaurantes de toda España y solo uno del territorio bajoaragonés, La Alquería de Ráfales, han sido reconocidos este 2024 con la distinción 'Bib Gourmand' de la Guía Michelin. La lista que premia a los establecimientos con mejor relación calidad-precio varía cada año. Al igual que se han incorporado 23 novedades en esta ocasión, otros lugares han desaparecido. En el caso del restaurante matarrañense no solo se mantiene, sino que lo hace por séptimo año consecutivo. Los amantes del buen comer pueden encontrar en Aragón un total de 16 establecimientos en esta categoría hecha a su medida: diez en Huesca, cuatro en Teruel y dos en Zaragoza.
La Alquería, situado en la plaza mayor de Ráfales, es uno de los restaurantes más coquetos del Matarraña. Desde su apertura en 2006 -tras dos años de reformas-, siempre ha estado gestionado personalmente por sus propietarios, José Antonio Higueras y Clara Lapuente, siendo esta última además la chef. Ambos se dedicaban profesionalmente a otros sectores en Zaragoza, sin embargo, hace 20 años decidieron apostar por la hostelería y, tras una amplía búsqueda por toda la comunidad, se decantaron por este pequeño pueblo de poco más de 140 habitantes. Fueron la tercera generación de hosteleros que llegaron a la comarca e impulsaron su turismo. Su esfuerzo fue rápidamente reconocido, ya que tras solo dos años abiertos fueron incluidos en la Guía Michelin, es decir, hace 16 años.
Higueras y Lapuente fueron informados de que este 2024 volverían a recibir la distinción 'Bib Gourmand' a principios de año y la semana pasada recibieron, por fin, la placa para colocarla en su restaurante. «Estamos encantados de que en pueblos pequeñitos como este podamos lograr un reconocimiento de este nivel. Nos enorgullece, desde luego, y nos empuja a seguir innovando», valora Higueras, quien subraya el trabajo que desempeña Lapuente en los fogones. «Es una cocina tradicional actualizada de buen nivel. Nos gusta realizar elaboraciones diferentes», señala Higueras.
Casi todos sus productos son de kilómetro 0. No faltan ingredientes aragoneses como el ternasco o el cochinillo, aunque también se atreven con los pescados del mar Mediterráneo, a menos de 100 kilómetros de distancia. Uno de sus platos autóctonos, por ejemplo, se compone de una alcachofa confitada a baja temperatura que se presenta con unas migas pasadas por el horno, yema y trufa. El restaurante ofrece además de la carta un menú degustación sorpresa (cita a ciegas).








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