La Cerollera seguirá teniendo escuela. La llegada de nuevos habitantes a la localidad ha permitido mantener el número mínimo de alumnos para que las calles del centro de esta bella localidad de la cuenca del Mezquín, en el Bajo Aragón, sigan siendo testigos de los juegos, las mochilas y el ir y venir de los maestros. A Adam y Derek, hijos de Mohamed, el alguacil del pueblo, se han añadido Nur y Marian, dos niñas de origen sirio que llegaron a España hace pocos años procedentes de este país mediterráneo que vive una interminable y cruenta guerra civil. Han permitido mantener abierto el centro educativo.
De este modo la llegada de varias familias ha permitido que la escuela de La Cerollera, integrada en el CRA Tastavins, no haya llegado a la casi irreversible situación que hubiese supuesto cerrar el centro educativo. Durante varios meses desde el consistorio, a través de varias asociaciones, han llevado a cabo una búsqueda para lograr traer familias al pueblo y permitir así que la escuela siga viva.

Con gran inquietud vivió el alguacil del pueblo, Mohamed, el futuro del colegio de su pueblo. De no haber abierto Adam y Derek hubiesen tenido que ir a la escuela de Monroyo con el consiguiente problema de transporte en una localidad integrada en un Centro Rural Agrupado matarrañense pero que pertenece al Bajo Aragón. «Estoy muy contento. He estado todas las vacaciones pensando en si podría abrirse o no el colegio. Aquí están muy bien y no tenemos que estar todo el día pensando en coches y transportes», explicó Mohamed.
Satisfacción también entre los maestros Víctor Salas, tutor de los 4 niños y Jesús Aroca, jefe de estudios del CRA. «Podemos dar una atención muy personalizada aquí a nuestros alumnos. Además pueden estar junto a sus familias, evitan tener que desplazarse y el pueblo se mantiene vivo», explicó Aroca.
Se trata de una de las pocas escuelas de toda la provincia de Teruel que ha podido mantenerse abierta con tan solo 4 alumnos.







