José Miguel Carod Pérez es historia viva de La Fresneda. Ha trabajado como alguacil desde el 1 de julio de 1985 hasta el 21 de julio de 2025 y durante estos 40 años ha estado las 24 horas de los 7 días de la semana al servicio del pueblo, cuidando el mantenimiento del agua potable y de los parques, pesando camiones, repartiendo cartas y folletos... Además de cumplir con todas las labores del alguacil, ha podido ayudar a muchos vecinos del pueblo y ha visto pasar a muchos alcaldes durante su periplo en el ayuntamiento.
Una fiesta sorpresa inolvidable
El Ayuntamiento le organizó una fiesta sorpresa el pasado 1 de agosto en colaboración de todos los vecinos, que le recibieron en la plaza Mayor con una gran pancarta en la que se podía leer la palabra "Gracias". Carod y el pueblo de La Fresneda formaban parte del fondo de ese cartel, que lucía en la fachada del ayuntamiento. Aquella tarde del 1 de agosto, el exalguacil estaba paseando con un amigo y subió a la plaza creyendo que había música como una fiesta cualquiera, pero no podía imaginar lo que le esperaba. "Cuando llegué allí la plaza estaba a rebosar, los vecinos me hicieron un pasillo y me aplaudieron", recuerda Carod. "Me quedé alucinado, totalmente bloqueado, me lo habían escondido durante un mes y no sabía nada".
En la fiesta sorpresa fue recibido por todos los alcaldes con los que ha trabajado durante estos más de 40 años. Ha habido ediles que han estado 4 años en el cargo, otros que han estado 16 ó 18, pero Carod se ha llevado siempre bien con todos ellos. "Cuando los vi sobre el escenario me emocioné, además de que todos dijeron unas bonitas palabras hacia mí", rememora. Tras los agradecimientos, la corporación actual le dio un gran obsequio de parte de todo el pueblo. "Pensaba que me iban a regalar una placa por mis 40 años y por mi jubilación, pero me dieron una caja. Cuando la abrí había un sobre con dos billetes para un crucero por el Mediterráneo, algo que ya tenía en mente hacer", explica.

Los trabajadores y las mujeres de Santa Águeda se sumaron al acto con discursos y actuaciones. El Ayuntamiento preparó una merienda cena para todos los asistentes en la lonja del ayuntamiento y la fiesta acabó con música a cargo de la charanga, karaoke y reparto de sangría. "Estuve toda la noche en shock y cuando bajé del escenario toda la gente se me echó encima a felicitarme. Lo que más me gustó fue la acogida de los vecinos, he realizado mi trabajo lo mejor que he podido y he estado muy feliz trabajando para el pueblo", cuenta emocionado Carod.
Cuatro décadas resolviendo solo los problemas del pueblo
Después de estar trabajando diez años como albañil en La Fresneda, se presentó a una solicitud que envió el Ayuntamiento para ser alguacil, y finalmente fue seleccionado. Cuando entró en el Ayuntamiento nadie le dio indicaciones de cómo hacer su trabajo, y hasta hace tres años ha estado completamente solo solventando los problemas que le iban surgiendo al pueblo. "La faena de entonces no tenía nada que ver con la de ahora, anteriormente había mucha más y era más dura", afirma contundente Carod.
Actualmente, en el Ayuntamiento de La Fresneda hay siete personas en plantilla además del alguacil, contando a varios ayudantes y limpiadores. Desde hace tres años, Carod ha estado trabajando codo con codo con el que ahora es su sustituto como alguacil. "He estado casi toda la vida cuidando yo solo del mantenimiento de parques, jardines o bancos, y reparando tuberías y luces, pero nunca tuve ningún problema en hacerlo porque siempre he tenido ganas de hacer mi trabajo", expresa.
Un trabajo que ha cambiado con el tiempo
Carod sigue recalcando la tremenda diferencia que existe entre las labores que se desempeñan actualmente y las que se realizaban cuando empezó a trabajar como alguacil: "Al principio tenía que preparar leña para los colegios y para el ayuntamiento cortando madera con el hacha. Me pasaba todo el invierno preparando leña para que los niños pudieran ir al colegio todos los días, y ahora tienen calefacción con gasoil".
La principal labor que tenía como alguacil era el mantenimiento de las bombas de agua potable, asegurándose de tener los depósitos siempre llenos. "Cuando yo empecé teníamos un depósito muy pequeño y en verano lo tenía que llenar por la mañana y por la noche, y ahora desde el móvil los del Ayuntamiento pueden enchufar y parar los motores del depósito", comenta Carod. Para activar los motores del depósito tenía que pasar una odisea en su camino al río: "Bajaba con una vespino hasta el río y había días que hacía tres y cuatro viajes para que no se quedara el pueblo sin agua".
Una vida marcada por la entrega absoluta
Carod recuerda la falta de descanso y la sobrecarga de trabajo que sufrió en sus primeras andaduras como alguacil: "Antes estaba obligado a pesar por la noche camiones cargados de pollos y cerdos y había veces que me tenía que quedar hasta las cinco o las seis de la mañana". Siempre estaba con el teléfono en la mano, si le llamaban de madrugada contestaba y si no era algo urgente lo aplazaba para el día siguiente. Tenía un horario muy flexible, había días que trabajaba catorce horas y otros días cinco, pero siempre estaba disponible. "Ahora no se hace así, los alguaciles dejan de trabajar a las tres o a las cuatro de la tarde, se apagan el móvil y mañana más", critica.
La pandemia fue la época más dura para La Fresneda porque apenas disponían de agua potable. El trabajo de Carod se duplicó, ya que tenía que repartir agua a las casas del pueblo, además de realizar otras labores como recoger basura.
El día del patrón de su pueblo tuvo que arreglar una avería cuando estaba en Zaragoza en un viaje de fin de estudios: "Llegué al pueblo a las diez de la noche y tuve que convencer a un albañil y a un fontanero de confianza para que cogieran las herramientas y picaran en una obra en la que estuvimos hasta las cuatro de la mañana". Cuando la gente del pueblo se levantó, todos tenían agua y ni se enteraron que había habido una avería. "Los vecinos se creen que tienen derecho a mandarte y a opinar, por lo que se requiere de mucha mano derecha para tratar con ellos. Hay días mejores y días peores, pero siempre hay que afrontarlos con buena cara", concluye.
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