En Alcañiz ya hay gente haciendo apuestas sobre que grupos vendrán en 2026 ¿Cuál ha sido la clave para que el festival tenga tanta acogida?
La clave está en los propios alcañizanos. Son ellos quienes han hecho de un festival que llegó hace no mucho como algo propio. A partir de ahí, se ha generado un impacto muy grande en Aragón porque viene gente de toda España. Ahora mismo, el Aragón Sonoro es uno de los festivales que los grandes miran de reojo. Vamos por el camino correcto, incluso mucho más rápido de lo que yo pensaba.
¿Podemos decir que todavía hay margen de mejora entonces?
En lo técnico seguimos trabajando igual que el primer año. Seguimos trayendo grupos potentísimos que puedes ver en cualquier otro festival con una pantalla LED enorme y un escenario gigante. El crecimiento se ve en el show, pero tampoco cabe más gente, esto es un lleno jueves, viernes y sábado. Tenemos la suerte de cerrar a grupos emergentes que crecen durante el año y que llegan aquí siendo grandes, como Siloé, Sexy Zebras o Veintiuno. Aun así, no tenemos capacidad económica para cerrar a grandes nombres.
El caso de Veintiuno es curioso, ellos mismo decían que era su tercera vez, ¿los grupos quieren volver?
Veintiuno vino un mediodía, fue el mejor concierto que ha habido en ese horario y la gente acabó super contenta. Nada más terminar el concierto lo cerré para el año siguiente por la noche. Dos años después han vuelto cuando ya están en lo más alto. Hay lazos de amistad, de afinidad con los grupos que vienen más allá de lo económico. Hay que pagarles obviamente, pero si quieren venir y están a gusto es más fácil para las siguientes ediciones.
En Alcañiz casi no se escuchaba música indie. ¿Cómo es el ambiente en el backstage con este tipo de bandas?
Es muy sano. Lo que está pasando en Alcañiz está pasando en toda España. Los grupos underground son ahora más conocidos. Tú pones La Revuelta (RTVE), que es un programa de máxima audiencia, y te encuentras a Sanguijuelas del Guadiana. Ahora suenan en Los40, pero no se ha perdido esa esencia de comunidad que había antes del pico. Aguantaremos así todo lo que podamos, pero llegará un momento en el que las bandas se harán famosas.
Pasa en festivales y también en salas como El 21. ¿Hay alguna forma de saber quién va a triunfar cuando se programa o simplemente es mucha suerte acumulada?
En El 21, no es por nada, pero somos los mejores en saber elegir. Evidentemente nos equivocamos como todo el mundo, pero tenemos más aciertos que errores y no es casualidad. No es suerte, es el trabajo de nuestro equipo. De momento, ha salido bien, pero cada vez es más complicado, aunque lo volveremos a intentar.
También está el factor de estar programando fuera de las grandes capitales, ¿se complica traer gente a Alcañiz?
Es complicado, pero que sea Teruel mejora un poco las cosas. Cuando les digo a los grupos que Alcañiz está en Teruel, lo ponen más fácil para venir. Es más fácil convencerles por la provincia que hablando de capacidad del pueblo o del festival. Además, Alcañiz tiene MotoGP, es muy fácil ubicarlo.
¿Los grupos van tachando provincias entonces?
Sí. Quieren que su gira o que su disco pase por toda España o por los máximos puntos posibles. Pero no es lo único, ahora estoy hablando con un grupo y les he pasado vídeos de Sexy Zebras y Siloé para que vean el ambiente. Viendo esas imágenes cualquiera quiere venir. Si solo tenemos en cuenta lo económico, estamos lejos de los grandes ‘festis’. A nivel técnico, la gente pide a Viva Suecia o a Arde Bogotá, pero no tenemos los medios para hacerlo.
La gente de Alcañiz todavía habla del cantante de Siloé subido a la Lonja. He llegado a oírlo definido como una experiencia sensorial.
Fue una pasada.
Los alcañizanos siempre tienen anécdotas que contar del Aragón Sonoro. En tu caso, ¿hay algo que compartir?
Llevo desde el 2019, que me llamo Nacho Carbó hasta ahora. Hay muchas cosas que me quedo para mí y que no se pueden contar, pero recuerdo, por ejemplo, cuando la ruta de Florida y Hermos no eran tan gigante como ahora, ver allí a los grupos que tocaban por la noche. Tenía que ir a buscarlos para que probaran sonido. Muchos artistas me han dicho: «no hace falta que pruebe, yo me quiero quedar aquí». Este año Karavana intentó meterse y fue imposible porque la gente les reconocía.
Además del Aragón Sonoro, te dedicas a la gestión cultural, a organizar eventos…¿Qué retos supone hacerlo desde el territorio?
Lo primero es una gran emoción. Llevamos tres años organizando los conciertos de las fiestas de Logroño y, aunque es espectacular, emocionalmente no es lo mismo. Cuanto estás en Aragón, hay tanta emoción que muchas veces te olvidas de lo económico. Siendo sincero, yo sigo haciendo y voy a seguir haciendo el Aragón Sonoro por la emoción que me genera, no por lo que recibo a nivel económico. Estamos muy lejos de que se pague el trabajo que hacemos. Veo imposible que algún día cobremos lo que ya hemos puesto de más. Eso nunca lo haríamos en otra comunidad.
¿Hacen falta más fondos públicos?
No me gusta tener que pedir a las instituciones públicas, pero es que Aragón Sonoro no es mío, es de Alcañiz y solo seguirá creciendo si Alcañiz se implica y se les da el valor que realmente tienen. MotoGP es increíble, pero no es Alcañiz. El festival sí y va a seguir siéndolo hasta que los alcañizanos quieran. Hay que tratarlo con el cariño que desprende la gente… Hay que planteárselo.








Los alcañizanos de estas generaciones se implican más bien poco en casi todo. Así va Alcañiz, sin un tejido social fuerte, motivado y con iniciativa la sociedad que no crece decrece.
Al Aragón Sonoro le falta, dar voz a la escena musical local y de los alrededores.Hace 25 años Alcañiz era un hervidero de grupos, lo que llevaba a una cultura de ir a conciertos que se retroalimentaba.A día de hoy los grupos locales se pueden contar con los dedos de una mano y sobran, sin ninguna sala en condiciones donde tocar, este festival sería un revulsivo para que la música en Alcañiz vuelva a ser lo que era y para crear ese tejido necesario para su continuidad y para la cultura en general. No solo se trata de dinero.