La Comarca del Maestrazgo ha ofrecido a residentes y visitantes una ventana al pasado con una serie de visitas guiadas centradas en las Guerras Carlistas. Esta iniciativa forma parte del proyecto turístico 'Maestrazgo, Territorio de las Guerras Carlistas', que comenzó hace un año gracias a la financiación del Fondo de Inversiones de Teruel (FITE). En total, ocho rutas han permitido recorrer los enclaves históricos más destacados del conflicto, combinando paisajes únicos y patrimonio cultural.
Viaje al corazón de la historia
La primera cita fue el 3 de noviembre, con recorridos en Cantavieja y Tronchón, mientras que el 10 de noviembre se exploraron Castellote y Cuevas de Cañart. En diciembre, las visitas se han trasladado a Fortanete y Villarluengo (1 de diciembre) y han concluido este 7 de diciembre en La Iglesuela del Cid y Mirambel. Cada una de estas localidades, claves en el desarrollo de las guerras carlistas, ha ofrecido un recorrido único por sus calles y paisajes, donde los guías transportaron a los asistentes a los días en los que el Maestrazgo era un epicentro del conflicto.
«Cantavieja impacta mucho por su papel como capital carlista, pero personalmente, subir al Convento de Montesanto en Castellote y ver esas inmensas ruinas me resulta conmovedor», comparte Serafina Buj, guía de las visitas y propietaria de T-Guío, un proyecto de turismo cultural reconocido por su innovación y sostenibilidad.
Un escenario de lucha y resistencia
El Maestrazgo fue un escenario crucial durante las tres guerras carlistas que asolaron España en el siglo XIX. Ramón Cabrera, conocido como El Tigre del Maestrazgo', convirtió Cantavieja en una fortaleza donde se acuñaban monedas y se fabricaban cañones. En Mirambel, la Junta Superior Gubernativa tomó decisiones administrativas vitales para el desarrollo del conflicto. Según Buj, «lo más asombroso no son solo las figuras históricas, sino la resistencia de las gentes del territorio, que soportaron un siglo de guerras y supieron salir adelante».
El proyecto también ha cuidado los detalles para enriquecer la experiencia: en cada localidad, se han instalado figuras de acero que representan a personajes clave, como Cabrera en Cantavieja o Don Carlos de Borbón en La Iglesuela del Cid. Además, los visitantes pudieron adquirir recuerdos temáticos como camisetas, tote bags, boinas y material infantil para pintar los folletos de actividades.
Un turismo con alma histórica
Las visitas, que han sido gratuitas previa inscripción, han atraído a un público diverso, desde parejas jóvenes hasta turistas de edad avanzada. «La respuesta ha sido muy positiva. Incluso gente de pueblos cercanos a Castellón se ha desplazado para descubrir nuestra historia», comenta Buj, quien destaca que estas actividades no solo enriquecen a los visitantes, sino también a los propios vecinos de los pueblos.
Aunque el proyecto estaba diseñado para 2024, el éxito de esta edición plantea la posibilidad de continuar en 2025. Para Buj, «es muy enriquecedor, no solo por lo que aprenden los visitantes, sino porque permite que los propios habitantes redescubran su historia».







