A través de 'Los Montera', Mariano Esteban Vidal (La Puebla, 1960) realiza un recorrido por su familia y el contexto social del pueblo desde la Guerra Civil y antes hasta décadas después. Es el ensayo que Mariano quería escribir y en el que ha trabajado durante meses y meses. Habla de su padre Justo, el mayor de cinco hermanos que con 13 años llevaba un ganado, y que fue llamado a filas en 1936 cuando tenía 21 años y enviado a Quinto a la Brigada Lister. «Tuvo un recorrido bastante lastimoso porque fue herido en Belchite y, una vez recuperado, fue enviado a Teruel donde las noches no subían de los 15 grados bajo cero», recuerda su hijo, autor del libro. Justo, que llegó a suboficial del ejército republicano, pasó cinco años en un campo de concentración español. «No le reconocieron la paga de sargento hasta que no cumplió los 70», apunta Mariano.
La historia de su padre es la de muchos y por eso, recuperarla y ponerla negro sobre blanco era un deseo y una necesidad. «Creo que hay que perdonar pero no hay que olvidar», señala. Muchas familias perdieron el contacto en un tiempo de exilios y migraciones. «No había móviles y entre carta y carta se pasaba mucho tiempo y las relaciones se enfriaban», añade. A su ensayo le ha titulado ‘Los Montera’ en honor al mote familiar. «Cuando los pastores no tenían gorras de publicidad se ponían una boina o lo que podían y un día un bisabuelo mío encontró una montera de torero en el monte y se la puso», recuerda. Con el pretexto de la historia familiar, Esteban habla de La Puebla en esos años y también en los de la recuperación en los 50 y 60 con la Azucarera y la Renfe, que «aportaba mucho trabajo y movimiento de mercancías y pasajeros». Hace un recorrido por la evolución de la localidad hacia la industria. Él mismo marchó 8 años a Ciudad Real cuando a su padre lo trasladaron en la Azucarera.
También hace hincapié en la educación, «con la pérdida de un bastión importante con el fin de la República y sus maestros liberales y de mentalidades diferentes incluso a las actuales», valora. Eligió para la presentación en plenas fiestas del Barrio por Santiago un espacio como la ludoteca, el antiguo colegio y donde él estudió. Se rodeó de uno de aquellos maestros como es José Bello, Don José, y quien le ayudó con el libro. Se rodeó de Víctor Guiu, actual docente y quien invitó a todos a acercarse a su familia, a preguntar quiénes son y de dónde vienen, y no esperar a que desaparezca la generación que tiene 80 años.
«Ya he cumplido los objetivos de vida: tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro», bromea Esteban. Todo en la presentación fue especial: Antonio Moragriega hizo de maestro de ceremonias, su sobrina Cristina Vidal cantó una jota alusiva a la familia, y el público, que llenó el aula, aplaudió a rabiar y agotó las existencias. En el ayuntamiento se ha abierto una lista para quien quiera hacerse con un ejemplar.












Viva la guerra civil!!!
¡anda tira!