Hace cuentas y calcula que tendría unos ocho años cuando cogió un violín por primera vez. Fue en el Conservatorio de Alcañiz y ella acudió con la idea de tocar el piano pero las cosas fueron de otra manera. Hoy, casi veinte años después es su herramienta de trabajo y con lo que más disfruta en un escenario.
Marina Férriz Arrebola (1995) vive y trabaja en Barcelona, ciudad a la que se trasladó para estudiar el Superior una vez terminó su formación en Alcañiz. Forma parte de varias agrupaciones y colabora en todo que puede y le requieren, así como en las grabaciones de discos y lo que se tercie si la propuesta es buena. «Se te va cruzando gente en el camino y colaborar entre los músicos es muy común», apunta. Durante el curso escolar, a estos conciertos y sus correspondientes ensayos se le añaden diferentes clases que imparte como extraescolares en una academia y un colegio tanto de violín como de piano o sensibilización para los más pequeños. «Es mi trabajo fijo. Si te quieres dedicar a la música en España tienes que sacar pronto plaza en orquesta o algo así que te dé para vivir y es prácticamente imposible», reflexiona.
Ella combina y complementa las clases con varios grupos y de estilos muy variados. En la actualidad, y como formaciones más estables, forma parte del Cuarteto Attenya, de música clásica; Moves, de música rock donde toca el violín eléctrico; el grupo Pigmy, que se dedica al pop-folk y Lycankluzh, agrupación también de folk en la que comparte escenario con Josep Maria Ribelles, arpista reputado. Buena cuenta de todo lo que hace la da en su página web.
A ella, de formación clásica, ni el violín clásico, acústico o eléctrico se le resisten. «Me gusta ir probando y cuando he tenido la oportunidad lo he hecho. Si el proyecto me gusta, adelante», dice. Las agendas culturales se van reactivando, especialmente en el folk por la abundancia de festivales que hay de este estilo. Sin ir más lejos, este septiembre salió de Barcelona para actuar en Valdealgorfa dentro de la programación Cultubre. «Vuelve la actividad, incluso con más intensidad que antes de la pandemia», admite. «Pero en el sector todavía no entendemos muy bien por qué seguimos teniendo tantas restricciones cuando en otros países de Europa no es así, lo respetamos pero se nos cerró a los primeros y estamos siendo los últimos, lo mismo que el deporte», reivindica haciéndose eco del clamor de la profesión.
Formación clásica
Fue al salir del conservatorio cuando tuvo su primera revelación. El primer grupo que tuvo fuera de lo clásico fue de rock y lo asumió como un reto que terminó dominando. «No había referencias ni partituras y los de clásico estamos acostumbrados a interpretar, a leer. Me rompieron los esquemas», dice. El hecho de cambiar de estilo y metodología de repente dice que le abrió otro mundo, además de la experiencia de escenario. «No tiene nada que ver a subirte para una audición, que es lo que haces en el conservatorio, a hacerlo así para disfrutar», añade. «Desde luego que el conservatorio es lo que te da las herramientas, es básico, pero son experiencias diferentes», reflexiona.
Destaca también el papel en este sentido que ejercen las bandas o, como fue su caso, la Orquesta de Cámara del Bajo Aragón (OCBA). «Te da tablas y te inculca esas rutinas que se llevan en una gira», dice sonriendo. Tiene buen recuerdo del grupo que formaron y que se fueron juntos a hacer una especie de «mini gira por Alemania». De hecho, fue propuesta para EncontrARTE por Andrea Rodríguez, quien también destacó el papel de las bandas de música en los pueblos. Ahora, mirando un poco a futuro a medio plazo, Férriz no descarta seguir probando otras parcelas de la música como es en este caso la gestión. «Es una parte muy importante para la que nadie te prepara. Te piden facturas y no sabes por dónde empezar. Está bien conocer cómo va este mundillo, aunque solo sea por saberlo», añade.
Al instalarse en Barcelona, realmente deshizo los pasos de su familia ya que ella nació en la Ciudad Condal. Con apenas ocho años se trasladó con sus padres Antonia y Paco a Valjunquera, pueblo en el que siguen. «Ojalá en las actuaciones salgan bolos en la zona, yo hago toda la fuerza que puedo y de momento fuimos a Valdealgorfa», comenta divertida. Al papel fundamental que jugaron sus padres en su formación se añaden sus profesores, empezando por Charo, profesora en el colegio de Valjunquera que animó a su madre a que la llevara al Conservatorio. Así lo hicieron en casa y, como en piano no había plaza, entró a la segunda opción y ahí apareció el violín. «Creo que fue el profesor que tuve, Jordán Tejedor que hoy da clase en el Liceo. Nos motivaba muchísimo», dice y señala que lo mismo le sucedió en el Superior donde dio clase con Corrado Bolsi. «De todo esto te das cuenta con la perspectiva que da el tiempo y yo veo que mis padres me lo han hecho muy fácil a pesar del esfuerzo que requiere esta carrera y que mis profesores han tenido mucho que ver para bien. Me siento muy afortunada», concluye.








Enhorabuena Marina!! Me alegro muchísimo de tus éxitos y que puedas disfrutar de la música a todos los niveles. Bravo!! Espero verte pronto tocando por nuestra tierra.