Con el fuerte calor que todavía se palpaba a finales de agosto y una pequeña brisa de viento correspondiente a primera hora de la mañana empezaban a subir los quintos del 78 la larga cuesta que llega hasta el Santuario de la Virgen de los Pueyos. Con la mirada alta, la sonrisa de oreja a oreja y una motivación que no les cabía en el pecho tienen un fin común: ayudar en la rehabilitación de este espacio -propiedad del Ayuntamiento de Alcañiz- y que cada año se encargan los quintos de cuidarlo y aportar su granito de arena gracias a la construcción o mejora de algunos rincones del santuario. El objetivo siempre es el mismo: dejarlo en perfectas condiciones para el día de la romería a Pueyos del 9 de septiembre y que se conserve durante el resto del año.
La jornada matutina suele empezar sobre las ocho de la mañana y los martes son el día elegido para juntarse y compartir esas dos horas de trabajo que les saben a «gloria». La quinta está formada por más de 100 personas y, entre ellas, unas 30 son mujeres. «Normalmente, solemos venir a Pueyos 20 ó 30 y pasamos un rato agradable y en buena compañía, al mismo tiempo que vamos arreglando todo lo que podemos y está en nuestras manos», explica Fernando López, prior de la quinta, mientras ayudaba a preparar la extensa mesa antes de empezar con el almuerzo, que en esta ocasión tocaban huevos fritos, beicon, salchicha y ensalada para picar en el medio.

La organización es clave y en la quinta del 78, correspondiente al año 58 son muy meticulosos. Para ello, tienen un grupo en el móvil, donde se va pasando toda la información relevante y otro formado solo por la junta. «Cada uno se encarga de unas cosas, por ejemplo, contamos con tesoreros, cocineros o ayudantes. Todo se hace todo con muchas ganas y no nos cuesta nada», detalla López.
Cada quinta decide aquello que se quedará para siempre fijado con su nombre en el entorno de Pueyos y, en esta ocasión, están construyendo un espacio donde poder almacenar los contenedores justo al lado del Santuario. Asimismo, han pintado la parte de dentro donde se suelen hacer las comidas, arreglando ventanas de arriba y mejorado la parte de la barbacoa ubicada en el patio. Mientras ellos continúan con sus labores ellas tampoco se quedan atrás y entre chascarrillos y recuerdos van doblado el manto de la virgen con mucho esmero y limpiando el suelo del comedor.

Las dos horas de trabajo van transcurriendo y a las 10.00 en punto se escucha el sonido de la campana que anuncia que es el momento de parar y dar paso al almuerzo. «Es uno de los mejores momentos y nadie quiere perdérselo». El resto de la mañana ya queda para el recuerdo de todos ellos, pero desde fuera del santuario se escuchan risas, brindis y pequeñas aventuras y algún que otro grito de alegría que quedará inmortalizado para siempre en la memoria de los Quintos y Quintas de Alcañiz del año 78.
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