La Portellada hizo sonar su matraca tras cinco décadas de silencio tras ser restaurada gracias a la ayuda del carpintero del municipio, José Micolau. La pieza se recuperó, junto a las históricas campanas del siglo XVIII del templo parroquial gracias a una iniciativa popular. Fue el Viernes Santo cuando se puso en marcha por primera vez, este histórico artilugio que solo se toca durante Jueves y Viernes Santo, ya que en la tradición católica no se pueden tocar las campanas durante esos días.

Durante la jornada se llevó a cabo un taller para los más pequeños a través del cual Antonio Bel ‘Diego’ mostró cómo se tocaba este artilugio. «Fue una jornada muy entrañable en la que además echamos de menos a nuestro otro campanero, Salvador Mar ‘Belet’ quien falleció hace unos meses», explica Gloria Serrat, alcaldesa de La Portellada.







