La primera vez que Miguel Ángel Tobías (Barakaldo, 1968) apareció en este periódico fue en marzo de 2023, cuando impartió una conferencia en Teruel sobre su serie El camino interior. Más de 1.000 personas aquel día, como cientos de miles ya habían hecho desde sus hogares, reflexionaron sobre la salud mental gracias al viaje introspectivo realizado por el director y productor. Un año y medio después ha regresado a la provincia, esta vez como ponente del VI Curso de Periodismo de Alcañiz, con otros dos proyectos ya grabados que, una vez más, no dejarán indiferente a nadie. En enero atravesó el Atlántico en un velero con otras diez personas durante 32 días (Navegantes del Alma) y desde el pasado 22 de agosto hasta hace apenas diez días ha circunvalado el sur de Groenlandia en una bicicleta de agua (Life’s Ice).
El periodismo de viajes, la temática sobre la que se ha profundizado durante dos días en la capital bajoaragonesa, tiene la capacidad de ahondar en la cultura, economía, política y sociedad del destino. Es, además, una herramienta crítica que en manos como las de Tobías sirve para sentar al espectador ante las realidades más duras. Su cámara nos ha hecho ser testigos de la pobreza, la injusticia y la violación de los derechos humanos desde hace 18 años, cuando creó Españoles en el mundo. Le siguieron -con su productora Acca Media- trabajos sociales, solidarios y benéficos como Sueños de Haití (2011), Gurba, la condena (2014), Rishing Nepal (2016), Me llamo Gennet (2018) o El guion de tu vida (2020).
Después de 'El camino interior', un proyecto que sigue teniendo muy buena respuesta por parte de la audiencia, ¿fue difícil iniciar un nuevo trabajo?
No pude evitar tener un doble sentimiento. Por un lado, me sentí feliz de que funcionase así, pero por otro tuve vértigo. Cuando vienes de un proyecto tan trascendente, te preguntas «¿y ahora qué hago?» Además, había cientos de miles de espectadores pidiéndome una segunda parte. Tengo la vocación de que eso suceda, pero todavía no sé de qué manera, porque es complejo y costoso. Sin embargo, hace 18 años, adquirí el compromiso de rodar un proyecto audiovisual, social, solidario y benéfico de forma anual; así que pasaban los meses y no hacía más que darle vueltas a la cabeza hasta que rescaté una idea de hace 20 años: algún día quería atravesar el Atlántico.
Y decide hacerlo con otras diez personas en un velero...
Recordé una historia que leí hace diez años en un periódico sobre el antropólogo español Santiago Genovés, que en 1974 metió a 11 personas en una balsa de troncos de madera y atravesó el Atlántico con ellos para hacer un estudio sobre la conducta humana. Un sitio tan pequeño propicia situaciones de hacinamiento, peligro, hambre, sed… Decidí hacer lo mismo que él, pero en un velero, porque a la balsa no me hubiera subido ni yo. De alguna manera es una secuela de ‘El camino interior’, donde cada día me abría de corazón con otra persona que no conocía, pero ahora con otras diez a la vez durante 32 días. Navegamos desde Lanzarote a Martinica (isla del Caribe que pertenece a Francia).
¿Qué perfiles tenían los viajeros?
Decidí meter en el barco a gente de distintas edades y lo llevé al extremo: el más joven tenía 17 años (ahora ya tiene 18) y el más mayor, 80. Había tres nacionalidades y los de España éramos de todas partes: Galicia, Bilbao, Madrid, Cataluña, Canarias… Además, ninguno habíamos navegado antes.
¿Cómo fue la experiencia?
Dura. De compartir, pero también de mucha soledad. Mi intención era leer, pero no hubo forma porque sentí un semi mareo permanente. El barco tenía una capacidad para seis personas y estábamos 11. Comíamos en la cubierta pegando brazo con brazo, ese era todo el espacio en el que nos movíamos. Sin embargo, no hubo ni el más mínimo desencuentro en un mes. Es decir, salimos 11 desconocidos y llegamos 11 hermanos del alma para siempre.
¿Les ha marcado el viaje a todos por igual?
Nadie bajó del barco en América como subió. De hecho, todos llegamos con decisiones de cambio de vida porque hemos estado un mes en permanente peligro de muerte; de hecho hubo un accidente casi mortal. El chaval de 17 años decidió la carrera universitaria que está estudiando ahora. Cuándo se le preguntó ante la cámara que había aprendido dijo una frase impresionante: «Son tantas lecciones que necesitaría horas, horas y horas, pero si tengo que explicar una sería que la perfección y la belleza son las pequeñas cosas: una llamada de teléfono de mi madre o una charla con un amigo en el banco de un parque».
¿Qué decisión vital tomó usted?
No volver a trabajar nunca. Con esto no me refiero a que esté forrado, haya decidido vivir de las rentas y me vaya a dedicar a pasear. Si fuera así lo diría, pero esta no es mi realidad hasta ahora. A lo que me refiero es que no voy a gastar ni un minuto de mi vida en hacer nada que mi corazón no quiera. Ósea, si estoy aquí en Alcañiz es porque es donde quiero estar. Nunca más voy a volver a hacer nada que no esté alineado con mi propósito.
Regresa del Atlántico y en pocas semanas se embarca en una nueva aventura en Groenlandia...
Yo estaba muy tranquilo en casa montando el documental cuando un día, durante una comida, el aventurero Albert Bosch (primer hombre que fue caminando en solitario a la Antártida) me cuenta que va a hacer un reto deportivo inédito, que es circunvalar la parte sur de la isla de Groenlandia en bicicleta de agua, y que fallaba uno de los cuatro que iba a ir a la expedición. El principal objetivo era hacer una llamada más de atención al mundo de cómo el cambio climático está dañando el hielo de los polos. Si se derriten, el 45% de las zonas habitadas del planeta desaparecerán. Le pedí esa bici libre y le prometí que íbamos a grabar un documental, aunque no sabía de dónde iba a sacar el dinero.
Lo prometió y lo hizo. ¿Cómo fue?
El equipo de filmación en mi fantasía mental iba a estar con nosotros todos los días 14 horas y luego irse a su base, que en lancha a toda la velocidad estaba a dos horas. No fue así, podían estar con nosotros muy pocas horas. Incluso hubo días que no pudieron ni salir a filmar porque la climatología les impedía navegar. En el caso de la expedición, llegamos a estar hasta dos días aislados en un glaciar. Pero fue una aventura increíble. Viajamos en bicicletas de 200 kilos de peso con tres bombonitas pequeñas de gas para calentar el agua de las comidas, con dos tiendas de campaña y con fusiles por si nos encontrábamos con algún oso. En cualquier momento, una masa de hielo gigante como una montaña podía darse la vuelta y matarnos.
¿Le afecta a su salud mental pasar tanto tiempo fuera de casa?
Te voy a explicar la paradoja. Cuando empezamos a grabar ‘Españoles por el mundo’ había dos equipos que se turnaban cada 10 días para venir conmigo. Entonces hubo un momento en el que se debatió entre todos que era muy agotador y decidí parar de rodar para descansar. A la semana, todo el equipo, cada uno por su cuenta, comenzó a preguntarme por WhatsApp que cuándo nos íbamos. Quiero decir que cuando tienes el veneno en la sangre de viajar no puedes parar. Tengo claro que cuando tú vuelves a casa todo está igual, mientras que viajar es vivir dos veces.
¿Cuándo comienza a grabar ya sabe la historia que va a contar?
Voy a decir algo por lo que las facultades de Comunicación Audiovisual me matarían: el 80% de todo lo que yo he hecho ha sido sin un guion previo. No ha sido por ser guay, sino por hacer de la necesidad una virtud. Cuando sucedió el terremoto de Haití, fui al día siguiente y 15 días después me traje un documental que dio la vuelta al mundo. No había forma de hacer ni preproducción ni guion. En Groenlandia el equipo se volvía loco preguntándome cuál iba a ser la narrativa. Yo les decía que si yo, el productor, director y guionista, no estaba nervioso, ellos tampoco debían. Al final, la climatología nos condicionó para grabar. ¿De qué hubiera servido una planificación?
Dijo Paco Nadal el jueves durante la ponencia inaugural que había que adaptarse a los nuevos formatos para no morir; es decir, al vídeo de un minuto y medio en vertical. ¿Qué cree usted?
Esta tendencia ni me afecta ni me preocupa. ‘ Sueños de Haití’ es la película más vista en España y ‘El camino interior’, estrenado en 2022, lleva ya más de un millón y medio de espectadores solo en nuestro país. Aún con todo, si me dan a elegir entre el documental y los vídeos cortos, elijó los dos, no hay debate. Hace tres meses tenía 10.000 seguidores en Instagram, pero decidí empezar a jugar a las redes y ya voy por 90.000. Tengo un vídeo que lleva 5 millones de reproducciones. Lo que no voy a aceptar jamás es ni la frivolidad, ni la inmediatez permanente, ni el cortoplacismo, ni la idea de que no reflexionemos. Hay padres que cuando me felicitan por mis trabajos me dicen orgullosos que sus hijos se dedican a lo mismo que yo porque han hecho un documental de 12 minutos grabándose con el móvil. Les sonrío y les doy una palmadita en el hombro, para no decirles lo que en verdad estoy pensando por dentro. Seamos serios, si te das un golpe en la rodilla y alguien te pone una venda no dices que te ha operado.







