Siempre atento detrás de su mostrador, Miguel Ibáñez forma parte del imaginario cultural y social alcañizano. Es un referente en Alcañiz y más allá, porque su librería es de obligada parada para muchas personas que visitan la capital bajoaragonesa por diferentes motivos. El respeto y cariño se lo ha ganado con el tiempo y con un saber hacer que ha ido aprendiendo prestando esa atención también de puertas para fuera. No es difícil imaginar que cuando abrió las puertas la tecnología que tenía a su disposición era una máquina de escribir. «Si el pedido era corto bastaba con llamar por teléfono fijo a la editorial», dice. Pero si no, comenzaba una operación que incluía papel de calco y otro más fino para obtener la copia. Ese papel se doblaba, se metía en un sobre y se enviaba a la editorial de turno. «Podían pasar tres semanas hasta que el cliente tenía las poesías de Góngora que había venido a pedir. Y el señor tan contento, nadie se ponía nervioso», ríe. Admite que «se cariña» de esa paciencia que «se ha perdido» si quiera para esperar dos o tres días.
Fue la necesidad de buscarse la vida para leer lo que le llevó a abrir su propia librería, porque los estudios no fueron lo suyo pero leía todo lo que caía en sus manos. O iba Zaragoza o a Caspe, a la ya extinta librería Globo que luego además le ayudaron en su emprendimiento. Tras varios empleos, su entonces cuñado le lanzó la idea de abrir su negocio y cubrir Alcañiz. En enero de 1984 empezó en un local en la Ronda de Belchite y diez años después se trasladó al actual en el Pasaje La Muralla.
Se ha ido adaptando a las demandas de la sociedad, por eso añadió la venta de libros de texto e incluso de coleccionables, algo que ya descartó. También va con los cambios tecnológicos, pero hasta cierto punto. «Tema redes sociales me da miedo, lo máximo que abrí es un Facebook», reconoce. «Y eso que fui de los primeros comercios en Alcañiz e instalarme un ordenador», advierte. Compró la terminal -«un armatoste bien grande»- por recomendación de un amigo librero de Zaragoza. Y es que Ibáñez se lanzó a esta aventura en la misma época que establecimientos tan señeros de la cultura zaragozana como Cálamo o París, entre otros. Entonces, cada año debían comprar por 15.000 pesetas (unos 90 euros) tres tomos -también bien grandes- al ministerio de Cultura que recogían una relación de autores, títulos y temas y sus editoriales con las referencias para pedidos. Las 15.000 pesetas ya era dinero pero el ordenador también. «Era un poco caro pero traía un buscador que con poner Federico García Lorca se desplegaban todos los datos de pedido, así que, inversión más que amortizada. Era una maravilla aquello», ríe.
El propio local del Pasaje en el que todavía le quedan unos cuantos años, también tiene su sello. Desde el tamaño perfectamente acogedor hasta la mesita de fuera. El librero es fumador y ahí tiene su espacio él y quien quiera disfrutarlo. La vida pasa por allí como buen pasaje que es y muchas personas deciden adentrarse en la librería reconocible por su reja y un logotipo perdura desde el inicio. Lo hizo Joaquín Escuder «casi a mano alzada para probar» y ya es inconfundible. Las novedades llegan por cantidades ingentes de cajas y cajas porque cada vez se publica más tanto en sello como autoedición. A él le ha tentado escribir pero nunca publicar y cuanto más lee más claro tiene esto último. «Leo un cuento de Borges y es que yo no puedo aportar nada más», dice. «Ya lo decía Virgilio, que estaba todo escrito… ¡En Grecia ya!», ríe. Una vez editó junto a la Fundación Quílez Llisterri un compendio de autores bajoaragoneses.
Ha procurado tener un fondo variado, al menos de un título de autores quizá no tan conocidos a pesar de haber tenido su época de esplendor. Estos fondos propios son los que marcan la diferencia y sus gustos y tiene algunos que incluso están descatalogados. «¿Quién lee a Josep Pla? Pues no mucha gente, pero hay que tener algo porque antes sí se vendía. O de Canetti, que lo estoy leyendo ahora… Pues nadie lo lee, pero se leyó mucho», reflexiona. Tiene libros para todos los gustos y los que no, los pide. Dice que su mayor satisfacción es atender a niños que van con sus padres que ya aprendieron a leer con él, y también que la persona que entra lo haga con la mente abierta y se deje aconsejar. Aún recuerda cuando guió a tres chavales «vestidos de cuero de arriba abajo» a que se abrieran del cómic y el terror, a Poe o Lovecraft. «Ahora son lectores empedernidos y alguno hasta escribe poesía», dice. Sin palabras se quedó con un pastor que no quería nada de Dickens, Balzac o Tolstoi. «Se había leído todas las obras completas en sus horas en el monte… Era una cosa asombrosa», dice aún sorprendido.
Activo cultural
Se «cariña» de la paciencia y de un Alcañiz con más actividad cultural. Abrió la librería en una época con la ciudad en estado de gracia con pintores y escritores en plena forma y exposiciones continuas. Esa inquietud hizo que viera la luz La COMARCA y él fue testigo y parte activa. Lo sigue siendo y se le puede leer en prensa y en digital, además de escuchar su profunda y agradable voz en radio en directo y el podcast. Todas las semanas tiene una recomendación. Fiel a su esencia, invita a descubrir a esos autores que quizá le cambien la vida a alguien. «A mí leer me la cambió y me la salvó porque encontré mi camino», apunta.








Enhorabuena Miguel, y gracias por el servicio que has prestado y sigues prestando a todos; siempre colaborando con infinita paciencia y amabilidad. Eres patrimonio cultural de esta ciudad; no lo dudes. Un abrazo
Muchos años más Miguel. Un abrazo.
Mis mayores respetos, y un cordial saludo, fuiste una auténtica referencia durante mis años de instituto, y la base para mi futuro, muchas gracias por tu atención y tu dedicación
Enhorabuena Miguel. A por otros cuarenta más. Alcañiz y la comarca te necesitamos.
Yo lo conoci a Miguel . en mis años de Escolapio . Era muy alegre y campechano . Es posible que me recuerde . Un saludo Miguel desde Andorra
Miguel, un abrazo de un lletraferit que te estima.
Alberto (que como Montaigne filosofa desde su Torre)
Siempre me ha llamado la atención la librería…en el siguiente viaje por el pasaje, parada segura
Una bendición que en Alcañiz exista un espacio como la librería de Miguel. Cuando hace ya muchos años llegué aquí por motivos laborales, fue un refugio en momentos de dificil adoptación. Ojalá continue muchos años más.
Cuando necesito algún libro no tengo la menor duda en pedírselo por teléfono a Miguel, la mayoría son para regalar a mi familia en Suecia, adquieren cultura aragonesa.
Aunque vivo en Torrevieja (Alicante), no pierdo el contacto con el buen amigo.
Siempre se desvive por ayudar, si no lo tiene te lo consigue. Toda una institución, en el bajo Aragón. Lo mejor es que siempre tiene un momento para hablar. Cuando se jubile, se le echará mucho de menos, así que a disfrutarlo mientras esté.
Muchas Gracias Miguel! desde luego un referente para muchos que transitamos por tu librería y nos traen gratos recuerdos cuando volvemos Alcañiz .
Aunque quedaría mucho por contar, lo habéis retratado muy bien; pilar de cultura, paciente, atento, profesional. Sólo me cabe dar las gracias.
Gracias Miguel por estar ahí y hacer esa labor.
Belén Bailo
Ojalá más como tu en Alcañiz. Hace falta más cultura y menos bares.
Siempre, siempre más ,nunca menos….en casi todas las cosas.