Como todo buen alcañizano, los primeros recuerdos de Esteban Sabater en Semana Santa son con un tambor colgando del pecho. «Recibí con ilusión mi primer tambor, un tamborcillo de plástico con el que torturaba a los de mi casa con un toque tan apasionado como arrítmico. Pesaba más que yo». Esta fue una de las primeras anécdotas con las que el párroco Esteban Sabater comenzaba su pregón este lunes en el Teatro Municipal de Alcañiz. El discurso del sacerdote estuvo lleno de historias de infancia y juventud en las que el alcañizano reivindicó la Semana Santa de su ciudad y recordó que en la capital bajoaragonesa, todo lo que tiene que ver con las procesiones «se hace muy bien».
Sabater aseguró recordar el primer año en el que salió en la procesión, acompañado dentro por su padre «pendiente de que no desfalleciera» y su madre «con una botella de agua y un bocadillo por si acaso». «No conseguí terminar el recorrido, pero mis padres me felicitaron de todos modos», explicó. Este primer contacto fue el que marcaría una vida eclesiástica, muy ligada a la Semana Santa. Las procesiones no se limitaban a los días festivos, Sabater recuerda como el mismo era el líder de procesiones improvisadas en el masico de los vecinos. «Yo llevaba la cruz mientras mis amigos imitaban con su voz el sonido de los timbales y trompetas del Nazareno». Así, entre juegos infantiles, el pregonero descubrió su vocación.
Además de la religión, la vida de Sabater también estuvo muy marcada por su faceta como tamborilero. Así, durante los primeros años de su vida, el pregonero recordó los ensayos de balcón al comenzar la Cuaresma y las primeras lecciones en el colegio. «Nos enseñaban a calentar las manos, a tocar la escala, a perfeccionar el toque. Al volver íbamos todo el camino a casa tocando de nuevo». Aunque nunca llegó a formar parte de una banda, fue uno de sus sueños. «Me imaginaba siendo el cabo de tambores, pero yo no toco tan bien como el Pescadilla», añadió.

Llegada la época en el Seminario, el párroco reconoce que su manera de ver los pasos cambió. «Cuando nos hablaban sobre la Pasión de Cristo, a mi mente venían las peanas de Alcañiz. Así, recordó como le impresionaba el momento del Santo Entierro, que entonces «se cubría solo con una sábana», como el Cristo del Nazareno le daba «un poco de miedo», pero el del Silencio le invitaba «a la oración». «Me impresionaban las lágrimas y la cara de pena de la Virgen y me divertía a Jesús montado en la Burreta», añadió.
De la misma forma, Sabater también explicó el impacto que la tradición alcañizana ha tenido en su trayectoria eclesiástica. Así, en un breve repaso por su carrera como sacerdote, recordó que siempre, en todos los pueblos por los que ha ido pasando, ha buscado «que las procesiones se hicieran bien, porque en Alcañiz se hacen muy bien». Así recordó como estando en Escatrón, el mismo salió llevando la peana de La Cama porque los vecinos no sabían llevar el paso. «Con eso me quité una espinita porque aunque no pude sacar una peana en Alcañiz, lo hice en Escatrón», comentó. Igualmente, pensó en su ciudad natal cuando en La Zaida le consultaron sobre la posibilidad de crear de cero una cofradía «Había que diseñar las procesiones, ¿dónde encontré la inspiración? ¡En la Semana Santa de Alcañiz!», añadió. La historia se sucedió también con los vecinos de Azura, Moyuel y Zuera, especialmente en esta última, donde el trabajo permitió revitalizar una festividad que en el momento no contaba con mucho seguimiento. La colaboración durante tantos años con los miembros de las distintas cofradías es para el pregonero una revelación sobre como «su inmenso trabajo y dedicación y trabajo son los que permiten sacar adelante cada una de las procesiones». Por ello, dirigiéndose directamente a los cofrades presentes, el párroco sentenció que «si la Semana Santa de Alcañiz es tan importante y tan bella, es gracias a vosotros (los cofrades)».

El pregón fue también momento para confesiones en las que Sabater, levantando las risas de los asistentes, se descubrió asimismo como un verdadero alcañizano. Así, confesó que durante sus años de juventud, reconoció que en más de una ocasión acompañado de sus amigos durante la procesión del Pregón del Viernes Santo se acababa "uniendo al grupo de tramposos que en la calle Caldereros se salía de la procesión para tomar un atajo, echar una cerveza y unirse de nuevo en la calle del Carmen". Igualmente, Bayón también reconoció que, vestido de baturro en Viernes Santo en la procesión del Santo Entierro, fue testigo del misterio que es que una gran cantidad de tortas de Pascua lleguen huecas por debajo a la Iglesia Mayor. «Sí, me acuso: ¡Yo también lo hice!», exclamó el párroco haciendo reír al público asistente.
El alcañizano quiso agradecer al Ayuntamiento y la Junta Suprema de la Semana Santa por pensar en él como pregonero de un momento que le resulta tan especial. De la misma manera, el párroco también quiso recordar a todos los familiares y amigos que estos días previos «se han tomado un momento en animarme», muchos de ellos presentes en las butacas del Teatro de Alcañiz.
El pregón dio paso a los tambores cuando una muestra de expertos tamborileros tomó el testigo para subirse al escenario para hacer vibrar el suelo con gran maestría a golpe de palillo, que despertó el cariño y la emoción ante muchos de los presentes. El acto concluyó, como es tradición, con la degustación de tortas de Pascua y mistela en el Mercado de Abastos de Alcañiz, que contó con una gran asistencia de público y de representantes de todas las Cofradías de la capital bajoaragonesa.








