La comunidad rumana en el Bajo Aragón celebra su día Nacional este 1 de diciembre, efeméride que alude a 1918 cuando las provincias históricas habitadas por rumanos se unieron en un Estado, la actual Rumanía. Daniel Cheres, presidente de la Asociación de rumanos del Bajo Aragón, hace balance de su trayectoria y de los objetivos conseguidos.
Por segundo año la comunidad rumana celebró su Día Nacional en Alcañiz, ¿qué balance hace?
Es el mayor evento que hemos hecho, ha salido todo bien con una mejor organización respecto al año pasado. Respondieron a la invitación unas 300 personas y muchas autoridades locales y comarcales. Vamos a hacer una valoración detallada estos días, pero estamos muy satisfechos.
Hablamos de una de las comunidades migrantes más numerosas, más de 1.000 residentes rumanos solo en Alcañiz.
Según los últimos datos que manejo, 1.020. Si nos referimos al Bajo Aragón Histórico pasamos de 2.500 y en la provincia de Teruel de los 6.000. Puedo decir que soy de los primeros veinte residentes rumanos que se han asentado en Alcañiz. Conozco a la gran mayoría. Proceden de muchas zonas de Rumanía, la mayoría de la región central del país, concretamente de Sibiu, y toda la zona de Transilvania. También hay de la parte de Moldavia, norte de Maramures y la capital, Bucarest.
Es uno de los nacionales llegados en la oleada migratoria de los años 2.000...
Yo llegué en enero de 2001. La mayor oleada migratoria se dio entre los años 2003 y 2005.En aquel momento llegamos a superar solo en Alcañiz los 1.700 residentes. Con la gran crisis económica de 2008 se ha notado un descenso por los problemas de trabajo. Cuando cayó el sector de la construcción muchos se tuvieron que ir hacia Italia, Alemania o Inglaterra. Otros volvieron a Rumanía. No obstante, conozco bastantes familias que han regresado de Rumanía a España, tras haberse integrado muy bien aquí.
¿En qué sectores económicos predomina la comunidad asentada?
De todo un poco, principalmente el sector hostelero, el gremio de la construcción y el sector del transporte. También hay muchos rumanos emprendedores, que tienen sus propias empresas especialmente en este último sector.
¿Cuándo surgió la Asociación de Rumanos en el Bajo Aragón y con qué objetivo?
Fue fundada en 2011 por su primer presidente, Lazar Brezoi, entre otros compatriotas, con el objetivo de ayudar a la integración y preservar nuestra cultura. Intentamos respetar nuestras tradiciones, sobre todo en Navidades o Semana Santa. Tenemos mucha cultura y somos una comunidad muy grande. Teníamos que unificar todo eso de alguna manera. Fue difícil comenzar con el proyecto porque las familias no están muy familiarizadas con el concepto asociación. Aun así, hemos logrado muchas cosas.
¿Con cuántos socios contáis actualmente?
Somos más o menos 70 familias, con una sola tasa por familia. Me gustaría conseguir una mayor implicación por parte de las familias jóvenes, que tienen hijos pequeños. Ellos son los primeros que tienen que saber quiénes son. A veces los padres, quizás involuntariamente, les quitan ese derecho, de realmente conocer sus orígenes. Están integrados desde que nacen en el sistema educativo español, pero tienen derecho de conocer las costumbres, saber escribir y leer en rumano. Hay adolescentes nacidos aquí que no se defienden con su propio idioma. Creo que es un error. Las tradiciones son sagradas, hay que difundirlas, respetarlas y enseñarlas.
Lleva cuatro años como presidente de la asociación ¿Cómo comenzó su andadura?
En el año 2018 mi hija fue reina y tuve oportunidad de involucrarme más en los actos culturales. En aquel momento me di cuenta del valor social y cultural de la asociación, de la importancia de trabajar por nuestra comunidad. Cuando el anterior presidente no pudo seguir, la asociación estuvo a punto de disolverse. Algunos me propusieron para tomar las riendas y acepté. Todo lo que hemos logrado es gracias a la junta directiva integrada por Gabriela Tapalaga, directora del Hotel Ciudad de Alcañiz; Mihaela Mirea, gerente del Bar Huesca y Gabriela Florea, educadora. Se han implicado muchísimo y sin ellas no estaríamos aquí. No me quiero olvidar de mi mujer y mi hija que me apoyan en todo, yo soy transportista y muchas veces me toca gestionar todo por teléfono. Por eso el equipo creado es muy importante.
¿Qué balance hace de las actividades realizadas?
En los últimos años, y a pesar de la pandemia, hemos intentado dinamizar más con todo tipo de actos. Hicimos un taller de pintura de huevos de Pascua con 280 niños inscritos, trayendo a un maestro artesano desde Rumanía. También organizamos una exposición de cuadros con una pintora rumana de Madrid, Roxana Irimia y la artista local, Nina Stoian e hicimos varios actos por el Día de la Mujer. Además, tenemos buena relación con el Consulado de Rumanía en Zaragoza y realizamos varias charlas por temas burocráticos que interesan a los residentes rumanos.
¿Cómo valora la integración que ha conseguido la comunidad rumana?
Creo que nosotros nos hemos integrado muy rápido y muy bien, siendo el único país de Europa del Este que habla un idioma latino. Somos diferentes, pero no tanto. La mayoría vienen de los pueblos de Rumanía y conocen muy bien el medio rural.
¿Qué retos futuros se marca la asociación?
En enero tocan elecciones para renovar la junta y no sé lo que vaya a pasar. Pero hemos planteado proyectos de futuro importantes. La asociación lleva tres años en conversaciones con el gobierno rumano para conseguir profesores de lengua para los niños. No hemos renunciado a esta idea, los hemos pedido para Alcañiz, Calanda, Andorra y Caspe, para que los niños puedan hacer extraescolares en su idioma. También nos gustaría montar un festival de primavera dedicado a Rumanía con artistas nacionales. Además, este 2024 tenemos varios comicios electorales. Alcañiz volverá a ser sede, después del éxito de participación de 2020. A los de aquí no nos falta interés para tener a Rumanía más cerca, creo que nuestro gobierno debería apoyarnos más a los que estamos fuera.








Muchas gracias Rumanía por aportar juventud al Bajo Aragón y a España, pero sobre todo por ser un modelo de integración. Ojalá toda la inmigración fuera así.
Opino lo mismo, todo un modelo de integración…
nadie les quita nada. por supuesto en casa sus costumbres el idioma y lo que quieran eso no es quitarles nada y una vez en la calle el idioma y las costumbres dónde vayan las que rijan en el país