La ermita de Santa Bárbara se ha convertido este miércoles en uno de los balcones privilegiados del Matarraña para contemplar un fenómeno que llevaba meses señalado en el calendario. Alrededor de 200 personas han subido hasta la ermita de La Fresneda para vivir el eclipse solar entre las vistas abiertas de la comarca, las cámaras de los fotógrafos y la expectación de quienes habían preparado la tarde como una pequeña expedición.
Desde las 18.30, la propuesta ‘El Eclipse de tu vida’, organizada por el Ayuntamiento de La Fresneda, ha transformado el entorno de la ermita en un improvisado observatorio. Familias, vecinos, turistas llegados de distintos puntos de Aragón y España y numerosos visitantes franceses o alemanes han compartido espacio con aficionados a la astronomía y fotógrafos que llevaban días estudiando el lugar. Incluso había niños que llegaron con sus propias gafas caseras elaboradas con platos de plástico.

La elección de Santa Bárbara no ha sido casual. Situada en uno de los puntos más elevados del municipio y con una panorámica privilegiada sobre el Matarraña, la ermita ha ofrecido una de las mejores perspectivas para seguir el eclipse. «Hemos elegido este lugar porque es el sitio más alto y donde mejor se ve», ha explicado Berta Ortíz, una de las jóvenes que ha acudido con su grupo de amigos. Han llegado preparados para pasar horas al aire libre, con comida, sillas, una manta y hasta un paraguas.
Tres minutos que tenían a todos mirando al cielo
La cronología estaba marcada con precisión. El eclipse parcial ha comenzado a las 19.36, mientras que la totalidad estaba prevista a partir de las 20.29.50. El máximo se ha alcanzado apenas 47 segundos después, a las 20.30.37, y la totalidad ha terminado a las 20.31.25. Un instante fugaz que ha levantado el aplauso, la emoción, el jaleo y los gritos de los asistentes en la ermita, generando una especie de celebración única tras disfrutar de un momento tan especial.
Entre estas personas congregadas en la ermita se encontraban Manel Iglesias y un grupo de fotógrafos procedentes de Barcelona, Berga, Casserres y otras localidades catalanas. Habían recorrido más de 300 kilómetros y llevaban desde el lunes preparando la operación. Jordi, encargado de localizar y planificar el emplazamiento, había comprobado previamente desde dónde podrían conseguir las mejores imágenes del pre eclipse, la totalidad y el post eclipse.
La fotografía era el gran objetivo, aunque sin perder de vista que el eclipse se producía cerca del ocaso. «Muchas ganas, claro que sí, pero moderados», ha explicado Jordi. A diferencia de otros eclipses vistos en pleno día, la menor altura del Sol y la luz del atardecer han condicionado el resultado. Aun así, tenían reservado un segundo premio: quedarse en el Matarraña para contemplar las Perseidas.

Y entre los deseos de los fotógrafos había uno especialmente ambicioso: conseguir que una estrella fugaz atravesase el encuadre durante la totalidad. «Sería el premio grande», ha apuntado, consciente de que la coincidencia sería extraordinariamente difícil, pero también de que esta noche el cielo ha ofrecido una oportunidad especial.

Desde Francia también llegaron visitantes. Jérôme y Nicole han aprovechado su estancia en casa de un amigo, Richard Albessa, para elegir el Matarraña como escenario del eclipse. Desde Santa Bárbara han destacado precisamente la altura del emplazamiento y la amplitud de las vistas. «Me parece muy bonito», han explicado, convencidos de que desde allí podrían contemplar mejor todo el territorio de La Fresneda.
Un eclipse, mil maneras de vivirlo
Mientras Santa Bárbara ha concentrado a quienes buscaban una experiencia más vinculada al paisaje y al cielo, otros puntos de la comarca han optado por convertir el fenómeno en una fiesta colectiva.
En Valderrobres, la Plaza de Toros ha acogido un tardeo desde las 18.00 hasta las 23.00. Música de Dj Balay, foodtrucks, barras y observación astronómica se han mezclado en una propuesta que, según Sara Romeo, teniente de alcalde, ya había reunido a unas 800 personas y aspiraba a alcanzar el millar. «El ambiente está muy animado, mucha gente bailando, bebiendo y comiendo bocadillos», ha explicado desde la plaza.
La elección del coso ha respondido también a una cuestión práctica: disponer de un espacio amplio para concentrar a visitantes y facilitar el aparcamiento, además de ofrecer una buena visión del eclipse. Las entradas, a tres euros, incluían las gafas homologadas para observar el fenómeno.
En otros puntos del Matarraña, como Calaceite, Arenys de Lledó o Torre de Arcas, el eclipse se ha convertido igualmente en una excusa para salir a la calle, reunirse y mirar hacia arriba. La comarca ha vivido así el mismo fenómeno desde diferentes perspectivas: como espectáculo astronómico, como acontecimiento turístico y como una oportunidad para compartir una tarde excepcional con los tuyos.
El otro viaje en el tiempo: La Fresneda medieval
Y mientras el cielo ha ofrecido una experiencia extraordinaria, las calles de La Fresneda han puesto el escenario para otro viaje en el tiempo. El Mercado Medieval arrancó este miércoles y se prolongará hasta el 16 de agosto, con artesanía, espectáculos, música, animación y gastronomía.
La coincidencia ha convertido a la localidad en un peculiar cruce entre pasado y cosmos. Las calles y edificios históricos de una villa vinculada a la Edad Media y a la Orden de Calatrava ha acogido los puestos y personajes del mercado mientras, a pocos minutos de distancia y muchos metros más arriba, los visitantes se preparaban para observar cómo la Luna ocultaba al Sol.

Entre los comerciantes estaba Miguel, acompañado por su mujer, Mónica. Ambos son los responsables de ‘Cosas de Brujas’, una tienda esotérica de Badajoz que lleva una década participando en mercados y que fabrica artesanalmente todos sus productos. Llegaban por primera vez a La Fresneda caracterizados como maestres de la Orden del Temple de Jerez de los Caballeros.

El eclipse, sin embargo, no formaba parte de su repertorio. «El eclipse es mundano», ha bromeado Miguel, reivindicando una particular filosofía: «El sol es vida». Su puesto ha aportado así una de las notas más singulares de una jornada en la que astronomía, historia, turismo y fantasía han acabado compartiendo protagonismo. Una situación que tampoco ha agradado del todo a comerciantes, quienes han visto cómo los visitantes pasaban de largo por el mercado y apenas se paraban a causa del eclipse.

















