El día que se dio a conocer que Pedro Monzón Moreno, hijarano del 58, iba a ser el siguiente Tambor Noble de la Ruta, las felicitaciones se amontonaron. Las sigue recibiendo Perico, el cariñoso apelativo que le dedica la mayoría de gente allegada. A él le comunicó su premio el alcalde de un modo muy ceremonioso e impactante para los que presenciaron el momento, pero no se hizo público hasta unos días más tarde, concretamente el 27 de febrero, un viernes y un día antes de su cumpleaños. El aluvión de llamadas y mensajes le cogieron haciendo recados y compras para la celebración que tenía prevista para el sábado y que convirtieron el festejo en doble.
Ha dedicado su vida a los alabarderos y la sigue dedicando. La pierna le está castigando y no puede procesionar, pero eso no le impide estar en cada ensayo de cada día con sus chicos. Sigue pensando en cómo ayudar y mejorar la banda que tantas alegrías le da y el año pasado fue uno de los impulsores de la recopilación de las marchas en una publicación impresa que se ha quedado ya para la posteridad.
Asegura que está feliz, y no hay más que verle la cara y observar cómo se le enrojecen los ojos cuando habla del cariño que está recibiendo de la gente, y de lo que significa para él ser alabardero. Para él, que sintió el cosquilleo de la corneta desde que la escuchaba en las procesiones siendo un niño lo es todo, es un compromiso y un orgullo.
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El Ayuntamiento de Híjar te propuso por tu implicación en la Semana Santa y en los alabarderos en especial. ¿Cómo empezaste? ¿Desde el principio como alabardero?
Sí, sí, yo empecé desde crío, que entré en los alabarderos. He salido a tocar el tambor cuando eran mis chicos pequeños, y con la banda juvenil de los alabarderos formamos una cuadrilla para salir a los concursos. Salimos de juveniles y luego de mayores hasta que me fui a la mili. Y siempre en los alabarderos, siempre, siempre, siempre.
¿Siempre corneta? ¿Por qué?
Siempre corneta, desde pequeño me llamaba la atención, y también estuve de corneta toda la mili. Me interesaba aprender cosas y cuando vine aquí enseñé muchas marchas de las que tocábamos allí porque aquí había un repertorio un poco más reducido. Se trata de ir sumando y sumando y sumando.
Hasta el año pasado que presentasteis la publicación, no estaban las marchas escritas...
No, todo de oído, te diría que no hay nadie que se sepa todas las marchas salvo yo mismo. No es por nada en especial, sino porque aparte de las marchas, hay unos floreos y otras cosas. No quiere decir que yo sea más que nadie, solo quiere decir que soy más veterano, llevo muchísimos años. Desde los 13 años hasta los 68 que cumplí el otro día son unos cuantos.
¿De quién aprendiste?
A mí me enseñó el Tío Jorge. Soy discípulo aventajado del Tío Jorge (sonríe).
Un mítico el Tío Jorge y muy recordado hoy en día a pesar del paso de los años.
Sí. Yo tenía muy buena relación con él, hablábamos mucho. Hablábamos de cómo organizar los alabarderos, de cómo mejorar algunos aspectos… de bastantes cosas.
¿Y han tenido buena trayectoria los alabarderos en estos años?
Yo pienso que sí, incluso dentro de la crisis de motivación de la gente joven que hay. Ahora a uno le apetece tocar la corneta pero luego marcharse a no sé dónde. A mí en mi juventud me hubiera parecido impensable marcharme la Semanas Santa de Híjar a Salou o a Málaga, o yo qué sé a donde… De hecho, tuve la suerte de que las dos Semanas Santas que me tocó estar en la mili pude estar en Híjar. Y la hice en Córdoba, que no estaba cerca. Hicimos lo que pudimos en esos tiempos.
¿Cómo surgieron las bandas que hay en los alabarderos?
Cuando entramos nosotros en el 71 había gente ya veterana. Eran todos agricultores, panaderos, fontaneros como Ernesto Laloya, es decir, que todos tenían un trabajo más o menos autónomo y podían organizarse el tiempo para salir. Pero uno se hacía mayor, el otro ya se cansaba, otro estaba enfermo, y ahí tomaron la determinación de que había que meter gente, porque si no esto se iba a acabar. Pensaron en enseñar a chavales como nosotros para hacer una banda juvenil. Hay fotografías de la primera vez que salimos con un uniforme que nos hicieron gratis en un taller de confección que había aquí e íbamos con pantalón todo cosido, camisa y chaquetilla.
¿Esa es la evolución de la banda juvenil de ahora?
Claro, y luego ha habido años mejores y peores según ha habido más generaciones o menos. Cuando vine de la mili salía en los alabarderos y de cabo con la banda juvenil; y además salía una banda infantil. Así que, salían tres bandas en la Semana Santa y había una cantera tremenda. Pero la gente empezó a marchar a Zaragoza, otra gente se cansaba, y bueno, hemos mantenido la banda juvenil durante todos estos años, que no es poco, porque críos hay pocos.
La despoblación se nota en todo, imagino que en esto también.
Sí se nota, y eso que va viniendo críos que viven en Zaragoza y vienen a ensayar fines de semana. Nos vamos manteniendo ahí, a duras penas pero se mantiene.
¿Cómo te comunicaron que eras Tambor Noble?
Pues Jesús Puyol, el alcalde, me pegó un susto… Porque me dijo que quedábamos en el ayuntamiento antes de que me fuera a casa porque teníamos que hablar unas cosas, pero se me olvidó y estando en casa comiendo en casa me llamó. Me dijo que ya quedábamos por la noche en el ensayo y ahí se presentó: paró el ensayo, se puso en medio y lo contó.
¿Qué ceremonioso no?
La verdad es que más aparente no pudo ser. Me quedé así un poco flasheado, que dicen los modernos… (ríe). ¿Cómo te vas a quedar? ¡Pues encantado de la vida!
Y muchas felicitaciones, ¿no? Y, además, en vísperas de tu cumpleaños.
Mucha gente me ha felicitado, muchísima gente, sí, sí… Eso se agradece mucho.
¿Cómo te esperas ese día?
Pues estoy peleando con el discurso, que me están ayudando un par de personas consejeras… (sonríe) En cuanto lo tenga más o menos enjaretado ya estaré más tranquilo y a ver cómo se desarrolla el día. Estará la familia, mis hermanos… Somos seis, y otro que falleció, siete.
¿Hay algún alabardero más?
Mi hermano Paco hasta que se fue a la mili. En esa época tuvimos una crisis y se marchó bastante gente y es que no había más que diez trajes de corneta y siete de tambor. A los que estaban no los ibas a echar, pero la gente joven venía empujando debajo porque ya eran mayores y no querían salir con la banda juvenil, querían salir ya de alabardero porque la camisica azul está muy bien pero para cuando eres crío. Hubo un problema que solucionó el ayuntamiento creo que bastante bien, y fue haciendo más trajes. Se hicieron otros diez de corneta y otros siete de tambor. Ahí ya se fueron combinando, pero claro, los que se habían marchado ya se habían marchado. La cuestión es que hay que ir mejorando las cosas, tirar para adelante y si te quedas parado, mal.
¿Ser alabardero qué significa para ti?
Para mí era mi mayor ilusión, mi mayor orgullo. Desde crío cuando pasaban por la calle y en las procesiones ya me gustaba, me llamaba la atención. Y bueno,… y lo conseguí.
Porque, ¿en casa no había más antecedentes?
Nadie. Mi padre había tocado el tambor pero tampoco le iba mucho. Mis dos hermanos más mayores que yo, salían, y yo también salía alguna vez, pero a mí me gustaba ir a tocar la corneta y cuando pregonaron que fuera la gente a apuntarse, fuimos como un rayo.











Enhorabuena Pedro, un reconocimiento bien merecido. 54 años consecutivos enriqueciendo nuestra Semana Santa.
muy merecido el reconocimiento.
Enhorabuena Pedro-
Enhorabuena perico un premio merecido por tantos años dedicados
Un reconocimiento bien merecido 👏 Enhorabuena Perico !
Enhorabuena por tu perseverancia y complicidad con la música