Acompañar a Pilar Grao a la iglesia de Calanda es como entrar en su segunda casa. «Ya se han dejado mal apagadas las luces», dice poco después de cruzar la puerta. Custodia la llave, sabe donde se encuentra hasta la última vela a usar en misa y es la primera y la última en salir de allí, todo ello desde hace nada más y nada menos que 40 años atrás. Guardiana es la palabra que podría emplearse para definirla, tanto de la iglesia, como de las tradiciones en torno a ella.
La más importante es, quizás, la que más le emociona. Y es que Pilar, además de ejercer otras tantas labores, se encarga cada año de preparar el Monumento de la Semana Santa en la iglesia, uno de los motivos por el que se la ha elegido para ser la pregonera de este año. «Es un honor que hayan pensado en una persona tan humilde como yo», reconoce. La cofradía del Santísimo, cuya junta, curiosamente, está compuesta íntegramente por hombres fue la que decidió que ella tenía que ocupar este papel. «Recurren a mí para muchas cosas de la iglesia, y yo intento ayudar en todo lo que puedo. Cuando me dijeron que la decisión había sido aprobada por unanimidad me emocioné mucho», añade.
La implicación de Pilar con la parroquia se formalizó después de que el sacerdote le ofreciera ser la encargada de la iglesia tras haber sido mayorala en el Templo del Pilar calandino. Comenzó con dos misioneros, pero poco después se convirtió en la única en ocupar este cargo. «El primer año me temblaban las piernas», recuerda. Con el tiempo llegó Víctor, quien le acompaña hasta el día de hoy. «Solamente con mirarnos ya sabemos lo que hay que hacer. Cuando pasan los Reyes ya pensamos cómo preparáremos este año el Monumento», cuenta.
Para ella, este es un momento muy especial. «Es algo que no sé explicar con palabras. Piensas por y para quién lo haces. Es una labor que no se ve pero que me gratifica», añade.
La Semana Santa es una tradición que siempre ha vivido de forma muy vinculada a la religión. En lugar de los actos 'más profanos', Pilar siempre ha atesorado los momentos de mayor recogimiento. La noche del Jueves Santo, por ejemplo, la pasa en la iglesia rezando junto al Santísimo. «A las tres de la mañana rezamos un Vía Crucis dentro. Es una tradición que empezó Pedro Celma, de mucho recogimiento, y que seguimos haciendo en su nombre», relata emocionada. De hecho, es esta 'cara b' de la tradición calandina la que intentará destacar en su pregón para animar a la población a que participe en ella. Lo hará desde el cariño, como guardiana de la iglesia, y sobre todo, como enamorada de su pueblo. «No hay para mí pueblo mejor que este. Aquí, y lo digo de verdad, el sol brilla de otra manera», cuenta ilusionada.







